Con veintisiete años, Verónica está abocada al desarrollo de proyectos culturales en el país. Su formación como bailarina y su reciente experiencia en una compañía de baile de Nueva York la convierten en la candidata ideal para realizar con éxito esa crucial labor.

Fotos de Augusto Escribens

Ha bailado profesionalmente con el Ballet Municipal de Lima, el Ballet Nacional y la compañía Dactilares Perú.

Verónica acaba de regresar de Nueva York, lugar al que se fue a vivir a principios del año pasado impulsada por motivos tan diferentes como el deseo de enfocarse en sus proyectos personales y una lesión que le impedía mantener la intensidad con la que había estado dedicándose a la danza. Para su buena suerte, la ciudad ya le tenía preparada una sorpresa desde antes de pisar su suelo. “A los pocos días de tomar la decisión, me ofrecieron trabajo en Nueva York: fui contratada por la Joffrey Ballet School, una institución con la que trabajaba a distancia desde hacía tres años en la coordinación de proyectos para el Perú. Me cayó como anillo al dedo”, cuenta. Ahí se desempeñó como Program Coordinator del Ballet Trainee, el programa de formación preprofesional de la escuela.

Verónica estudió Administración de Empresas y se especializó en Gestión Cultural.

Aunque cuenta que al inicio le costó mucho encontrar un balance y que el trabajo la absorbió por completo, gracias a la danza, “todo lo demás se callaba y me permitía escucharme”. Así, Verónica fue encontrando poco a poco su lugar en la ciudad y haciéndola cada vez más suya. “Nueva York es dura, muy competitiva y exigente, pero al mismo tiempo es mágica. Todos los días vives una historia diferente, donde no te dejan de sorprender sus ocurrencias. Es como irte de viaje a un lugar distinto cada día. Para un artista, es el paraíso. La ciudad te alimenta y exige que te entregues a cambio, y es en ese proceso que se da el aprendizaje”, opina.

Ahora que está en el Perú, planea repartir su tiempo entre la gestación de proyectos artísticos y su faceta de bailarina de danza contemporánea, para lo cual acaba de matricularse en un taller de teatro, pues lo considera una gran herramienta para su desarrollo artístico. “Me interesa trabajar con ambos lenguajes en mis próximos procesos como intérprete y creadora. Me apasiona explorar el contenido y la verdad más allá de la estética, y creo que el teatro me acercará a ello”, dice Verónica.

Decidida a quedarse en nuestro país para trabajar como artista y gestora cultural, reconoce que su amor por el Perú y su sentimiento de responsabilidad son sus motores principales. “Siento responsabilidad por ser parte del cambio cultural que se está dando en nuestro país, pero más allá de eso, nada me ata más al Perú que el amor a mi familia y al país mismo”, afirma con convicción.