Nació en Somoto, Nicaragua. Cuando era adolescente llegó de ilegal a Estados Unidos junto a su hermano menor. Ganador de un Grammy, lleva más de tres décadas en la escena musical internacional. Es padre de Luca, de quince años. En 2015 participó como coach en el reality “La voz Perú”.

 Por Mariano Olivera La Rosa

Luis Enrique

 El intérprete de “Yo no sé mañana” ha publicado su “Autobiografía”, a través de HarperCollins. En ella relata cómo superó los escenarios más adversos gracias a la música.    

En cada primera vez, el temor ha sido tu fiel compañero. ¿También lo fue cuando publicaste esta autobiógrafa?

Sí, claro. Nunca he utilizado mi historia personal para un motivo que tenga que ver con mi carrera. Entonces, para mucha gente ha sido sorpresivo que me abra de esta manera, pero, indudablemente, en el libro no iba a hablarles de mi éxito. Quise contar mi historia personal porque, de algún modo, sirvió en muchos momentos de mi búsqueda por tener una carrera. La razón principal por la que escribí este libro fue para poder empoderar a alguien más.

¿Será exagerado decir que la música te salvó la vida, Luis?

Definitivamente. La música ha sido mi psicóloga, mi compañera, mi mujer, mi amiga… mi todo. Ha sido mi herramienta para sobrevivir y, a la vez, desahogar un poco el dolor que, en algún momento, fue terrible para mí. En ese sentido, sí, la música ha sido lo que me salvó, mi droga.

A propósito de momentos dolorosos, de una manera muy cruel, cuando tu tío abuelo sacerdote te obligaba a sentarte en el banquillo del piano y tocar en calzoncillo en plena parroquia, estabas comenzando tu andar en la música.

Indudablemente, y lo más increíble de eso es que ese castigo me empoderó. No quiero decir que hay que ser duros con los chicos para lograr que se encaminen; creo que lo mío era totalmente innecesario, pero en el caso de ese tío abuelo eso era lo único que él conocía. Para mí, lo importante de ese momento de mi vida, que se prolongó cinco años, es que conocí lo mejor y lo peor, ¿sabes? Yo era un chico de nueve años que venía de vivir otras cosas, y me encontré con este personaje tan terrible… Fue mi escuela para enfrentar todo lo que viví al llegar a Estados Unidos. Desde luego, una vez que logras perdonar lo que cualquier persona te haya hecho, te sueltas de una atadura que parecía interminable, porque los recuerdos, sobre todo los malos, te traicionan y te atan a ese pasado que te dolió tanto. Gracias a Dios, al perdonar, eso se fue de mi vida para siempre.  

A los quince años tuviste que partir de ilegal a Estados Unidos, donde llegaste a vivir prácticamente en la calle. ¿Cómo hiciste para lidiar con tanta tragedia en una etapa tan frágil?

Viéndolo en retrospectiva, creo que la inocencia, la falta de experiencia y el deseo de sobrevivir fueron los que me llevaron a mantenerme positivo y con fe en que las cosas iban a mejorar. Era lo que más me preocupaba: qué podía pasarme mañana. Entonces, vivía el día a día al cien por ciento, aprovechando cualquier oportunidad que me proveyera una vida un poquito mejor.

De tu madre has escrito que la quieres con un amor opaco. La frase es poética, pero desgarradora. ¿Esa ausencia de madre dolió más que los maltratos de tu tío sacerdote?

Son diferentes maltratos y son diferentes ausencias de amor. Evidentemente, uno quisiera tener a su mamá a su lado toda la vida. En muchos casos, las madres son las que se ocupan de los hijos, pero en el caso de mi mami, no fue eso lo que ocurrió. Y esa ausencia nunca se te quita. Nunca la podré borrar. Si algo sucede con estas cosas es que esos años no puedes volver a vivirlos. Y lo más difícil de una ausencia como esa es el perdón, hermano.    

¿Cómo está tu madre ahora? (pasó por una etapa en rehabilitación)

A mi mamá le ha tomado una vida entera. No conozco su historia completa, así es que verla y saber que está bien, que está rehabilitada (mi hermana Vanessa se ocupa de ella), es algo que me llena de muchísima emoción, porque, ojo, ya han pasado los años, ¿sabes? La vida se va muy rápido, y qué mejor que ella pueda tener una buena vida por el resto de años que le queden.

En tu “Autobiógrafa” mencionas que en tus relaciones siempre buscaste a la madre que nunca tuviste. ¿También ocurrió eso en tu actual relación con Lilia (Piccinini, presentadora de televisión nicaragüense)?

No. Creo que eso terminó una vez que fui papá y dejé de sentir así esa búsqueda de cariño, de amor. Cuando uno es papá cambia toda tu perspectiva de la vida. Por eso siempre digo que mi hijo ha sido una lección enorme para mí; que, digamos, me ha permitido saldar un poco esas ausencias y carencias que tuve en mi niñez. Mi relación con Lilia se basa en otra cosa: es un amor maduro, honesto, libre, un amor que no intenta cambiar nada del otro…

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