En conmemoración del aniversario de la fundación de Lima, la Galería Pancho Fierro inauguró la exposición «Crónicas Florales de la Ciudad de los Reyes» de la artista Rocío Ponce. Esta muestra explora la historia de la capital peruana a través de las flores, destacando la unión entre conquistadores españoles e incas. Hablamos con ella.

Por: Alessia Carboni 

Compuesta por aproximadamente 60 obras, la exhibición fusiona elementos botánicos con narrativas históricas, revelando cómo las plantas no solo alimentaron a la población en la época fundacional, sino que simbolizan el mestizaje cultural que define a la ciudad hasta hoy.

En entrevista, Rocío Ponce enfatiza que las flores cuentan una historia de fusión, no de confrontación, donde especies nativas como el maíz y la papa conviven con importadas como el trigo, reflejando el cruce de culturas.

Criada en Chaclacayo, entre jardines y libros antiguos, Rocío Ponce cultivó desde niña una curiosidad donde historia y botánica dialogan.

En el corazón de esta propuesta artística, Ponce ilustra cómo las flores de Lima narran la evolución de la Ciudad de los Reyes desde su fundación en 1535. «Encontré una relación muy fuerte entre las flores, los alimentos, la vida, la fuerza y las mujeres», explica la artista, quien centra su obra en figuras femeninas históricamente subrepresentadas de la época colonial.

La flor y la feminidad

Mujeres como Quispe Sisa, Contarhuacho, Francisca Pizarro, Inés Muñoz, María Escobar y Francisca de Borja emergen como presencias poderosas, asociadas a la botánica y al sustento vital. Estas no son retratadas como frágiles, sino como emblemas de coraje y temperamento, en una dualidad similar a la de las flores: aparentemente delicadas, pero portadoras de una belleza fuerte que genera vida.

La exposición resalta el rol de las plantas en la alimentación y la supervivencia durante la conquista. Ponce menciona especies clave que fascinaron a los europeos y sustentaron a la población indígena, como el trigo traído de España, que se entrelaza con el maíz nativo, la papa, el zapallo, la palta y la quinua. «Muchas de estas especies fascinaron a los europeos, fueron la base de ese momento histórico y continúan siéndolo hasta hoy», detalla.

Durante la pandemia, la artista unió su formación en Artes con la investigación histórica, descubriendo en las flores un archivo vivo de Lima.

Esta convivencia botánica simboliza el mestizaje: un cruce no solo de pueblos, sino de elementos vitales que fusionaron tradiciones indígenas y españolas. Una pieza central ilustra la genealogía de Francisco Pizarro mediante una cruz formada por una rama de maíz y una espiga de trigo, evocando connotaciones religiosas —con la llegada del catolicismo— y culturales, en las que la cruz actúa como símbolo de suma y unión.

«Hay una obra que habla del maíz como base de la alimentación nativa antes de la llegada de los españoles y de la posterior introducción del trigo», precisa Ponce, subrayando capas de lectura que van más allá de lo histórico hacia lo simbólico.

Mestizaje botánico

La investigación histórica de Ponce, inspirada en cronistas como Bernabé Cobo, Guamán Poma de Ayala, José de Acosta y Cieza de León, revela descripciones apasionadas de la flora peruana que asombraron a los recién llegados. Estos textos, cargados de detalles casi fotográficos, forman la base de obras que conectan la botánica con la construcción urbana de Lima.

Maíz, trigo, papa y quinua aparecen como huellas del mestizaje: plantas que alimentaron la ciudad y narran su historia compartida.

Por ejemplo, Ponce explora la nomenclatura de las calles coloniales, influenciada por elementos florales y vegetales. «Había calles con nombres botánicos, como ‘El Lechugal’, porque en esa zona existía una huerta de lechugas», relata, basándose en el trabajo del historiador Guillermo Lohmann Villena. Estas denominaciones no eran arbitrarias, sino indicadores de la vida cotidiana y de la relevancia de la flora en su desarrollo arquitectónico y social.

Entre las obras destacadas, Ponce integra objetos intervenidos que enriquecen la narrativa. Un espejo antiguo de su familia, perteneciente a un antepasado ligado a la historia limeña, lleva la portada de un libro del siglo XVIII de Atanasio Fuentes, ilustrado por un artista francés. Esta pieza refleja percepciones europeas de Lima, mezclando elementos locales con influencias selváticas, lo que sorprendió a la artista por la visión juglaresca que tenía Europa de la ciudad.

La muestra también aborda costumbres religiosas y tradicionales, vinculando flores específicas con iconos limeños. Las rosas se asocian a la pureza de Santa Rosa de Lima, los lirios al Señor de los Milagros, y la flor de amancay rinde homenaje a Pancho Fierro. Alrededor de 14 flores-alimento incorporan «presencias» femeninas: no retratos figurativos, sino miradas nostálgicas que fusionan mujer y flor, enfatizando su vínculo con la botánica.

La exposición propone entender el mestizaje no como conflicto, sino como fusión viva que aún define lo limeño en gestos y tradiciones.

Ponce ve en el mestizaje una fusión viva, no una dicotomía de vencedores y vencidos. «Habla de este mestizaje no como una historia de vencedores y vencidos, sino como una fusión. Finalmente, mucho de lo que hoy consideramos limeño —las tapadas, la marinera— no es puramente nativo, sino el resultado de ese cruce profundo que sigue vivo hasta hoy», concluye.

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