Fallecida en 2009, la primera biografía de la poeta peruana Blanca Varela, “Ponte un alma si la encuentras”, recoge testimonios sobre su adolescencia, su vida en París, su mundanidad y hasta sus últimos días antes de la muerte. Conversamos en exclusiva con la autora, Daniella Paredes Johnson
Por Fiorella Ramírez Menacho Fotos: Archivo personal
Le gustaban las novelas brasileñas, comía pizza los domingos, tenía una tienda de bikinis, iba a fiestas con sus amigas y bailaba mambo. A cien años de su nacimiento, ¿quién era Blanca Varela? La poeta peruana cuyo reconocimiento histórico como integrante de la Generación del 50 se vio postergado por el desdén de la academia hacia la literatura “de mujeres”, recibe por primera vez una biografía oficial, escrita por Daniella Paredes Johnson.
Con 24 años, la joven publica este retrato con declaraciones de su hijo, Vicente de Szyszlo; su media hermana, María Enriqueta Bromley; y amigas cercanas como Carmen Ollé, Rocío Silva-Santisteban, Ana María Gazzolo y Giovanna Pollarolo.

Fernando de Szyszlo, Michele Delandrier, Octavio Paz y Blanca Varela en París, 1950.
ESCRIBIR CONTRA LA INTEMPERIE
Blanca Varela creció en un entorno culturalmente privilegiado, pero fue su madre quien marcó de manera decisiva su formación. Serafina Quinteras, compositora de valses criollos y escritora costumbrista, fue también una activa militante por el sufragio femenino. En casa, la dinámica era la de un matriarcado doméstico: junto a la abuela, ambas se hablaban en versos en la mesa familiar. “Pásame la sal, toma que te la dan”, enunciados simples cuya cadencia terminaría filtrándose, años después, en la musicalidad de su poesía.
Su padre, Alberto Varela Orbegoso, periodista, la acercó desde muy temprano a la literatura española, tanto moderna como decimonónica: Pío Baroja, Valle-Inclán, Miguel de Unamuno. Fue también quien le abrió las puertas de la bohemia limeña y la presentó a los artistas de su tiempo, antes de abandonar el hogar. “Gracias a una madre y un padre lectores y librepensadores, leí sin censuras desde muy pequeña, sobre todo novelas. Alguien dijo algo que para mí es cierto: ‘la poesía es un vicio que se adquiere en la infancia’”, recordaría Blanca en una entrevista de 1981 rescatada en el libro.

Junto a Sebastián Salazar Bondy en una fiesta de disfraces en la década de 1960.
Vivió en Santa Beatriz, una zona poblada por escritores y migrantes. Desde muy joven conoció a Sebastián Salazar Bondy, quien la alentó a publicar sus primeros textos cuando tenía 16 años y estudiaba en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Según Ximena Salazar Lostanau, hija del escritor, entre ambos habría existido una relación romántica esporádica, nunca confirmada. Fernando “Gody” de Szyszlo, a quien Blanca también trataba desde la juventud, sostenía lo contrario: afirmaba que sí fueron pareja y llegó incluso a decir que la había “robado” a su amigo.
En 1960, Salazar Bondy escribió sobre ella: “Varela es quizá la única escritora, la única poeta joven del Perú que tiene estilo. Su expresión literaria es clara y eficaz, y se muestra dueña de su oficio”. La cercanía con estas figuras facilitó su ingreso natural a la Generación del 50. Frecuentaba además la peña Pancho Fierro, espacio de encuentro de José María Arguedas, Emilio Adolfo Westphalen y las hermanas Celia y Alicia Bustamante, entre otros.

Trabajó en el Fondo de Cultura Económica durante más de veinte años, entre 1980 y 2000.
“En aquellos años, las personas vinculadas a la literatura eran los hombres. Blanca se hace amiga de la gente de su generación y, cuando empieza a escribir su primer libro de poesía, lo hace desde un yo poético masculino. Aparecen muy pocos adjetivos terminados en ‘-a’”, explica Rocío Silva-Santisteban, abogada y amiga de la poeta. No resultaba extraño. No haber sido hombre fue, durante mucho tiempo, un limitante para Blanca Varela. “Toda esa diferencia [entre géneros] me parecía absurda. Yo quería medirme de igual a igual”, menciona en una cita del libro.
PUERTAS ADENTRO
En 1949, a los 23 años, se casa con Fernando de Szyszlo en la iglesia Cristo Rey de Santa Beatriz. Fue el gran amor de su vida. “Éramos vecinos, tuvimos una maravillosa relación. Coincidíamos, teníamos los mismos intereses”, sostenía Blanca.
Finalizada la boda, partieron rumbo a Francia en un barco de tercera clase y con 60 dólares en los bolsillos. Una aventura que cumpliría su fantasía bohemia de vivir en la sociedad parisina de posguerra, al lado de otros tantos artistas emergentes. Al llegar, la poeta lloró todo un mes al darse cuenta de que en Europa “la vie n’était pas belle”. Pasaron hambre y soportaron el frío durante meses. Pero las reuniones con Julio Cortázar, Octavio Paz, Rufino Tamayo, Ernesto Cardenal, entre otros tantos, hicieron la pobreza más llevadera. “Blanca tenía mucho carácter, era muy inteligente, incisiva. Y yo no me porté bien. A los cuatro meses de casado, tuve una amante francesa. Ese fue el comienzo del fin”, escribió “Gody” en “La vida sin dueño”.

Retrato de Blanca Varela dibujado por Fernando de Szyszlo en los años 50.

Vivió una temporada sola en París, donde conoció a Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre.
En 1951, la pareja regresó al Perú y acordó separarse, aunque evitó formalizar el divorcio. “Blanca jamás fue Blanca de Szyszlo; siempre fue Blanca Varela. Ambos eran figuras enormes en sus propios mundos y siguieron caminos independientes. Ella nunca dependió de su esposo”, aclara la biógrafa Daniella Paredes. En las décadas siguientes publicó sus poemarios “Ese puerto existe”, “Luz de día”, “Canto villano” y “Valses y otras confesiones”. Mantuvo siempre un perfil reservado y evitó con frecuencia las entrevistas, aunque era generosa con su tiempo y procuraba reunirse con sus amistades en su departamento de Barranco. Quienes la conocieron la describen como bondadosa y cálida, de una sensibilidad singular; solía beber whisky y veía a menudo programas de política.

Blanca Varela junto a sus dos hijos: Vicente y Lorenzo de Szyszlo.
Esa vida, cuidadosamente contenida, se quebró en 1996 con la muerte de su hijo menor, Lorenzo de Szyszlo. Fue un golpe del que no logró recuperarse. A raíz de esa pérdida publicó su último poemario, “El falso teclado”, y luego se retiró del mundo: dejó de caminar, de escribir, de leer, de hablar. Fue un proceso largo y lento en el que su salud se deterioró. “Era una constante de ir a Emergencias. Existía degradándose, esa fue la mayor tragedia”, menciona Vicente. Blanca Varela murió el 12 de marzo de 2009. Sus cenizas fueron esparcidas en la playa Mendieta, en Paracas, lugar al que acudía con frecuencia en busca de inspiración. “Era donde era más feliz”, concluye su único hijo en vida.

Blanca Varela se casó con Fernando de Szyszlo en 1949. El mismo día, emprendieron viaje a París.

Blanca Varela murió en marzo de 2009. Sus restos fueron cremados, y sus cenizas, esparcidas en el mar de Paracas.
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