En entrevista con COSAS, el artista Ignacio Noguerol revela los orígenes poéticos y personales de su más reciente muestra, un viaje visual que captura el delicado equilibrio entre la luz y la oscuridad en el litoral peruano.
Por: Alessia Carboni
La exposición «Not Dark Yet» de Ignacio Noguerol, presentada en la galería Ginsberg + Tzu, surge de un momento inesperado y cotidiano, pero cargado de inspiración. Como cuenta el artista, todo comenzó el verano pasado durante una caminata desde Yuyos hasta Waikiki, de Barranco a Miraflores.
“Fue en ese momento en el que el sol acababa de esconderse y todavía quedaban largos minutos de iluminación tenue”, explica Noguerol, recordando cómo esa atmósfera veraniega desencadenó las ideas para esta serie de pinturas.

En Not Dark Yet, las obras no buscan imponerse entre sí, sino coexistir como fragmentos de un mismo estado.
La influencia de Bob Dylan
El título de la muestra, tomado de la canción homónima de Bob Dylan, no es casualidad. Noguerol relata que, durante esa misma caminata, escuchó la pieza y experimentó una “revelación estética”. Frases como “feel like my soul has turned into steel, I’ve still got the scars that the sun didn’t heal” resonaron profundamente en él, conectando con su propia experiencia.
“Me identifiqué con el clima de la canción”, afirma, y añade que en ese verano trabajó junto a su padre en estructuras de metal zincado, una labor extenuante que lo dejó “nunca tan cansado, pero al mismo tiempo nunca tan fuerte”. Esta conciencia del paso del tiempo y el cansancio corporal, tan presente en la letra de Dylan, se refleja en el espíritu melancólico y persistente de la exposición.

“Muchas de estas pinturas aparecieron antes de que yo supiera por qué estaban ahí”, relata el artista.
Melancolía costera
A lo largo de la muestra, Noguerol explora ideas de persistencia, pertenencia, contemplación y melancolía. “Queda claro que soy un artista de la costa y que el litoral es mi escenario”, dice el pintor, pero confiesa que busca una espiritualidad esquiva, lo que añade “una capa de melancolía extra”.
Esta tensión emocional se materializa en el juego entre luz y oscuridad, un “espacio intermedio” que fascina al artista. “Prestarles atención a las puestas de sol tenues, a los fuegos artificiales cuando se van a desintegrar”, detalla Noguerol, enfatizando su deseo de “suspender o ralentizar” esos momentos efímeros.

Nada es decorativo: cada material, cada color, cada soporte responde a una decisión conceptual.
Para él, este limbo representa esperanza: “Es esperanzador ver esos destellos en la oscuridad”, y también un rechazo a lo binario, una “oda a lo inestable” que invita a pensar en nuevas pinturas, textos y melodías. “Siento que estoy dentro de una pintura o de un film”, comparte.
Técnica, materiales y el relato visual
Las piezas de «Not Dark Yet» dialogan entre sí como partes de un mismo relato no lineal, sin jerarquías. Aunque las imágenes surgieron “una por una” en la mente del artista, Noguerol las concibió para convivir en la galería, tal como lo hicieron en su imaginación el año pasado.
“Todas las piezas forman parte de un mismo relato, en el sentido de que el fin de estas obras es ser exhibidas juntas”, precisa, y explica que las diferencias de formato responden solo a “necesidades conceptuales”.

La serie nació sin un plan previo, guiada más por la intuición que por una idea cerrada.
Desde el punto de vista técnico, la serie se basa en pinturas al óleo, partiendo de fondos rojos o naranjas que se oscurecen con gris de Payne y sombras. “El gris de Payne lo uso de manera simbólica, porque en la escuela de arte era el color favorito de una de mis mejores amigas; casi nada es casualidad”, revela Noguerol.
Además, incorpora obras pequeñas sobre acero galvanizado, inspiradas en su trabajo con su padre, y piezas más grandes y abstractas sobre drill y denim, donde “tanto la técnica como el color son decisiones conceptuales”.
Un proceso compartido
El trabajo curatorial de Daniel Bernedo ha sido fundamental en esta etapa. Noguerol describe su relación con Bernedo no solo como una colaboración profesional, sino como un acompañamiento que se extiende a la vida cotidiana, a través de caminatas y conversaciones constantes.
Según el artista, la labor de Bernedo como historiador ha permitido traducir sus sensaciones e ideas abstractas en un texto que conecta con la memoria y el presente.

Los materiales funcionan como huellas de experiencias personales, más que como elecciones formales.
Mirando su trayectoria, Noguerol se siente en un momento de audacia creativa. “Siento que estoy listo para pintar cosas que antes no me hubiera atrevido”, afirma, refiriéndose a su muestra anterior en diciembre pasado, curada por Bernedo y Cecilia Carrión en San Marcos.
Allí, al ver cómo la gente reaccionaba a sus obras de los últimos años, se dio cuenta de “cuántas cosas me faltan por pintar”. “No quiero quedarme con las ganas de nada. Pintar las obsesiones, pero también todo lo que aparezca en el camino”, concluye el artista, marcando esta etapa como una de mayor libertad y exploración frente a periodos previos.
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