Egresada de San Silvestre y formada en Estados Unidos, conversamos con la nutricionista e instructora de cycling, Mikela de la Flor. En entrevista, aborda su enfoque integral en nutrición: basado en programas personalizados donde el estrés, la energía y el estilo de vida son tan importantes como la alimentación.
Por Alessia Carboni
Mikela de la Flor ha evitado trabajar desde un consultorio desde que egresó del Pepperdine University de California. «No quería trabajar como la típica nutricionista que te manda una dieta y luego vuelves a verla cuando consigues una cita», sostiene.
En su lugar, ha implementado programas personalizados con seguimiento constante y comunicación directa. La lógica es priorizar la calidad de la atención y el vínculo humano por encima del volumen de pacientes, permitiendo que procesos como el manejo del estrés o la energía diaria sean tan relevantes como la alimentación en sí.
Su trabajo apunta a fomentar el pensamiento crítico en una era de desinformación digital. A través de metáforas cotidianas y fáciles de entender —como comparar el balance calórico con el flujo del dinero—, propone que las personas aprendan a distinguir qué información es útil y cuál puede resultar perjudicial.

«Quiero construir una forma distinta y más humana de entender el wellness.»
«Quiero que la gente aprenda a identificar cuándo un profesional no se ha actualizado o cuándo alguien está dando información que puede hacer daño», señala. Su principal batalla es contra las reglas de oro aplicables a todos por igual: «Cuando analizas a una persona —su contexto, su metabolismo, su historia— esas recomendaciones generales dejan de tener sentido».
Con este enfoque centrado en humanizar la ciencia», Mikela de la Flor ha construido su propuesta profesional, que además se refuerza con el entendimiento de la matemática pura en la ciencia, carrera que cursó en paralelo durante sus años universitarios en Estados Unidos. Lo que le permite traducir conceptos complejos en estrategias prácticas que funcionan en el día a día del paciente.

Su objetivo es impactar a más personas a través de sus programas y sus publicaciones en redes sociales.
Del concepto a la práctica
Para Mikela, el bienestar es un equilibrio entre la teoría nutricional y el movimiento real. Como instructora de indoor cycling, traslada esta filosofía a sus clases, entendiendo el ejercicio no como una obligación estética, sino como una herramienta para regular la energía y el estado de ánimo. Sin embargo, en su experiencia, el obstáculo más común para sostener este estilo de vida no es la falta de voluntad, sino la falta de tiempo.
Esa brecha entre el deseo de comer sano y la velocidad de la rutina diaria fue lo que dio origen a su marca de superfoods Hanai. Antes de convertirse en un emprendimiento, nació como una respuesta personal y técnica a un problema cada vez más común: la dificultad de encontrar alimentos listos para consumir que no sacrifiquen la calidad nutricional.
Desarrollada junto a su socio y pareja, Alonso Salvador, la marca propone justamente eso: que la buena nutrición deje de ser algo complejo o exclusivo y se convierta en una opción práctica para el día a día.

«Muchos mitos siguen circulando porque todavía son difundidos por profesionales que no se han actualizado, e incluso por quienes se aprovechan de la falta de información y del deseo de las personas de verse bien.»
Desarrollada junto a su socio y pareja, Alonso Salvador, la marca propone justamente eso: que la buena nutrición deje de ser algo complejo o exclusivo y se convierta en una opción práctica para el día a día.
Romper el esquema
Al analizar el estado del bienestar en Lima, Mikela identifica una herencia compleja marcada por la obsesión con la estética. Sin embargo, percibe un cambio: la conversación hoy se centra en la longevidad y en cómo queremos sentirnos en las próximas décadas.
Para quienes desean empezar, sus pilares son claros: enfocarse en agregar alimentos densos en nutrientes antes que en prohibir, tener claro el propósito personal y volver a lo básico —comida real— antes que a los suplementos ultraprocesados.

HANAI surge como una respuesta a las dificultades que muchas personas encuentran al intentar adoptar un estilo de vida saludable.
Durante años mantuvo muchas de sus ideas en silencio. «Estuve bastante escondida. Me daba miedo o vergüenza salir a hablar y mostrar mi forma de hacer las cosas», admite. Hoy busca hacer exactamente lo contrario: enseñar, compartir y demostrar que existe otra manera de entender la nutrición.
«Quiero que la gente vea que la vida saludable no tiene que significar sacrificar tu felicidad ni las cosas que disfrutas». En el fondo, su filosofía se resume en una frase que repite constantemente a sus pacientes: «Tu plan debe adaptarse a ti, no tú al plan».
Suscríbase aquí a la edición impresa y sea parte de Club COSAS.