En los países escandinavos, donde el invierno trae largas horas de oscuridad, la iluminación se ha convertido en una herramienta clave para el bienestar cotidiano. Inspirarse en sus principios permite transformar la casa en un refugio cálido y luminoso, incluso durante los días más grises del invierno limeño.

Por: Redacción COSAS 

Mientras en Lima aún disfrutamos del verano, es buen momento para preparar los espacios para los días grises. Expertos escandinavos explican cómo usar la luz para crear ambientes cálidos, funcionales y llenos de bienestar.

En marzo, el sol todavía acompaña, pero sabemos que en Lima el invierno llega sin pedir permiso: cielos grises y ambientes que pueden sentirse más fríos de lo que realmente son. Anticiparse es clave. Y si hay alguien que sabe cómo convivir con la oscuridad, son los suecos. En invierno, pueden tener apenas una hora de luz natural al día. Por eso, han convertido la iluminación en una herramienta esencial de bienestar.

En Suecia, la luz no se deja al azar. Existe incluso una guía pública que orienta a las personas para lograr un “entorno lumínico óptimo” en casa, pensado para reducir fatiga, irritación y estrés. La premisa es simple: la iluminación no es solo decoración, es calidad de vida.

La experta en interiores Frida Ramstedt lo resume así: una lámpara nunca trabaja sola. La clave está en combinar distintas fuentes de luz –de techo, de pie, de mesa y apliques– para generar capas. La luz directa cumple una función práctica; la indirecta crea atmósfera. Juntas construyen equilibrio.

Una lámpara colgante junto a la cama aporta iluminación focal para la lectura y suma calidez al dormitorio.

Una lámpara colgante junto a la cama aporta iluminación focal para la lectura y suma calidez al dormitorio.

Capas de luz y regulación inteligente

En la mayoría de hogares suecos, las luminarias de techo ofrecen una luz amplia y regulable. Por la mañana pueden estar al máximo; por la noche, bajar la intensidad para una cena más íntima. Los dimmers son casi obligatorios.

A eso se suman lámparas de pie junto a sillones para lectura, lámparas de mesa sobre consolas para aportar calidez y apliques en pasillos o dormitorios que suavizan las transiciones entre espacios. Pensar en capas permite adaptar un mismo ambiente a distintos momentos del día.

En zonas de trabajo –cocina, escritorios o mesas de estudio–, la recomendación es optar por lámparas colgantes o dirigidas que iluminen con precisión sin encandilar. Para leer en un sillón, funcionan mejor las pantallas metálicas u oscuras que concentren la luz en el libro. En el dormitorio, los apliques flexibles a cada lado de la cama son prácticos y evitan depender de una luz general.

En los espacios sociales, combinar lámparas direccionales y velas permite crear distintas capas de luz y una atmósfera más íntima.

En los espacios sociales, combinar lámparas direccionales y velas permite crear distintas capas de luz y una atmósfera más íntima.

El resplandor que cambia el ánimo

No todo es función. También importa el brillo envolvente. Lámparas con pantallas de tela, esferas luminosas o faroles de papel ayudan a crear una luz ambiental suave, ideal para el living o el comedor. Incluso un gesto sencillo –colocar una lámpara en el alféizar de la ventana– puede hacer que la casa se vea más acogedora desde dentro y desde fuera.

Y, por supuesto, están las velas. En Suecia, son parte del ritual cotidiano. Encender una al amanecer o al volver a casa marca un cambio de ritmo y aporta una sensación inmediata de refugio.

Aún estamos en verano, pero preparar la casa con una iluminación bien pensada es adelantarse al invierno limeño. Porque cuando el cielo se vuelva gris, la diferencia entre un espacio frío y uno acogedor estará, literalmente, en cómo decidimos encender la luz. •

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