Tras ser galardonado por el MOCA de Miami, el artista conocido como «Entes» reflexiona en una entrevista con COSAS sobre la identidad afroperuana, la resistencia y su consolidación en la escena internacional.

Por: Alessia Carboni 

Sus esculturas son de metal —hierro oxidado, rígido, industrial— y, sin embargo, parecen moverse. Eso no es un truco: es el resultado de más de dos décadas de trabajo. Joan Jiménez Suero, conocido como Entes, lleva ese tiempo interviniendo calles, museos y plazas en cerca de 60 ciudades del mundo, y su obra tiene hoy un nuevo capítulo.

Bailando Nuestros Problemas es la instalación de figuras metálicas que Entes presenta en el MOCA de North Miami hasta el 14 de junio.

El reconocimiento más reciente llegó desde Miami: Joan Jiménez Suero fue elegido uno de los tres ganadores del Art on the Plaza 2026, la iniciativa anual del Museum of Contemporary Art de North Miami (MOCA) en su edición número 30. Su obra, Bailando Nuestros Problemas —una instalación de figuras metálicas que evocan músicos, bailarines y parejas en escena— se inaugura este 15 de abril en el espacio público del museo y podrá visitarse de forma gratuita hasta el 14 de junio.

Una obra que llega en el momento justo

«Entrar al circuito de arte contemporáneo en Miami es súper importante para un artista que lleva apenas tres años viviendo aquí», dice Entes, quien se instaló definitivamente en esa ciudad tras varios años de ir y venir por exposiciones y festivales. El reconocimiento no es casual ni repentino: detrás hay décadas de trabajo que le permitieron llegar con una obra madura y un mensaje claro.

«El metal está vivo, porque se oxida, cambia, respira con el tiempo»

La instalación llega en pleno debate sobre inmigración en Estados Unidos, cuando las comunidades latinoamericanas atraviesan un momento de presión e incertidumbre. Entes lo lee así: «Creo que es un momento donde la resiliencia es clave, y mi obra ha sido leída y aceptada desde ese lugar. Algo muy común entre los latinos es este encuentro en la fiesta, en la reunión, como una forma de apaciguar las penas y resistir.»

La salsa como acto político

El baile —y en particular la salsa— no es decoración conceptual en su obra: es autobiografía. «Crecí en un núcleo familiar donde los fines de semana siempre había reuniones, y en medio de ellas surgían conversaciones políticas muy importantes. Mis padres y gran parte de mi familia son docentes, así que siempre hubo una mirada crítica hacia el futuro. Pero todo eso se resolvía entre risas, cerveza, salsa y música afroperuana

Ese recuerdo es el eje de la instalación. Las figuras metálicas están inspiradas en la tradición afroperuana y en la cultura de la salsa, un ritmo que nació en barrios portuarios y comunidades históricamente segregadas. «La salsa es un denominador común en Latinoamérica, como la cumbia, pero tiene raíces muy profundas que nos conectan», dice. El baile, en su propuesta, deja de ser celebración para convertirse en permanencia: una forma de decir acá estamos cuando el entorno empuja a desaparecer.

«Ser afroperuano para mí es un orgullo y una declaración», afirma Entes. 

También hay algo deliberado en que la obra ocupe el espacio público del museo. «Me interesa llevar esa sensación —esa ‘marginalidad’ con la que hemos sido vistos— a espacios donde históricamente hemos sido minimizados», explica, trazando un paralelo con las fiestas de barrio en Lima, cuando se cierran las calles y la comunidad las toma como propias.

El proceso creativo parte del dibujo, mucho antes de que intervenga el láser. Entes habla de la influencia de la xilografía —esa técnica de grabar desde el vacío, desde el hueco— como el origen de la cadencia que hace que sus esculturas parezcan tener ritmo. «Lo más importante es el trazo inicial; el corte láser viene después». Y hay algo más que valora del material: «El metal está vivo, porque se oxida, cambia, respira con el tiempo». Las piezas no son objetos estáticos. Evolucionan, se oxidan.

Ser afroperuano como declaración

Joan Jiménez Suero empezó en las calles de Lima en 1998, cuando el grafiti era su lenguaje. Estudió Bellas Artes en Corriente Alterna y desde entonces ha expuesto en Lima, Miami, Nueva York y Bogotá, con presencia en ferias como Art Miami, Scope Miami y Art Lima.

Empezó en las calles de Lima en 1998. Hoy expone en Miami, Nueva York y Bogotá.

De aquel grafitero de las calles de Lima, asegura, no ha perdido la esencia: «El espíritu del grafitero sigue ahí, sobre todo en la observación de la calle. Esa mirada es algo que no se pierde». Pero en su obra, la identidad afroperuana no es inspiración ni recurso: es el centro. «Experimenté episodios de racismo muy fuertes desde niño, y eso construyó mi identidad. Decidí tomar esa bandera con orgullo, también para demostrar que podemos ser mucho más que los estereotipos.»

Y en eso es enfático: no se trata solo de orgullo personal, sino de ampliar lo que el mundo entiende por cultura afroperuana. «Ser afroperuano para mí es un orgullo y una declaración. Es una cultura que ha sido minimizada y blanqueada. Somos una minoría y muchas veces estamos en el último escalón para ser visibilizados.»

Entes lleva más de dos décadas interviniendo espacios en 60 ciudades con una obra que mezcla identidad, memoria y resistencia latina.

Entes quiere mostrar que un afroperuano puede ser artista contemporáneo con presencia internacional, que puede ganar premios en Miami y exponer en Nueva York —no a pesar de su identidad, sino desde ella. «Me interesa llevar a la galería aquello que ha sido llamado ‘marginal’, pero en realidad es cotidiano. Es la élite la que ha mirado al resto del Perú como marginal.»

Cuando la muestra cierre en junio, Entes ya tiene la mirada puesta en Perú. Está en conversaciones para volver con una instalación más grande que la que presentó en la Alianza Francesa. «Siempre regreso a Perú, no puedo cortar ese vínculo. Y lo que viene allá será algo más grande, más visible, donde se sienta esta comunidad.»

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