La artista amazónica peruana presentará en Madrid la performance «Primi-tiva: como planta a la tierra» una propuesta que cruza memoria, cultura drag, extractivismo y migración desde una mirada crítica sobre las representaciones coloniales en el arte europeo
Por: María Jesús Sarca Antonio | Fotos: cortesía de Kay Zevallos Villegas.
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza incorporará hoy por primera vez en su programación a una performer amazónica peruana. La artista Kay Zevallos Villegas, conocida como KAY y residente en París, presentará Primi-tiva: como planta a la tierra dentro del ciclo «Visión y presencia», curado por Semíramis González. La pieza dialoga con Mata Mua, de Paul Gauguin, para confrontar las imágenes construidas sobre la Amazonía y los cuerpos racializados desde la época virreynal hasta la actualidad.

Kay Zevallos Villegas representó a Perú y Francia en la Cuadrienal de Praga 2023 y la Bienal de La Habana 2024. | Créditos: Manuel Labella.
Las escamas de paiche recolectadas en Iquitos junto a mujeres pishtadoras, la presencia de performers drag migrantes de Perú y Bolivia y la irrupción de la cumbia dentro de uno de los museos más importantes de Europa forman parte de una propuesta que transforma el espacio expositivo en un territorio atravesado por memoria, desplazamiento y resistencia. “El río entra al museo a través de sus pieles”, dice KAY, cuya práctica artística conecta ritualidad, genealogías femeninas y experiencias migrantes.
—Tu trabajo llega al Museo Thyssen-Bornemisza desde una experiencia profundamente amazónica y migrante. ¿En qué momento sentiste que tu historia personal también podía convertirse en un lenguaje artístico y político?
No hubo un momento exacto, creo que más bien siempre estuvo ahí desde que empecé con la danza desde muy pequeña. Crecí en Iquitos, en un entorno donde el cuerpo, el gesto, las memorias y lo invisible forman parte de la vida cotidiana. Mis primeras acciones no nacen desde el arte contemporáneo, sino desde prácticas que hoy podría nombrar como rituales, formas de relación con el entorno, con mi madre, con las memorias que me rodeaban.
Con el tiempo, al desplazarme entendí que muchas de esas experiencias que pensaba individuales eran en realidad colectivas: atravesadas por historias de migración, de violencia, de extractivismo, pero también de resistencia y de saberes que continúan. Mi cuerpo deja de ser solo mío. Entonces, más que convertir mi historia en lenguaje, fue reconocer que ya lo era. Y que ese lenguaje no habla solo de mí, sino de un territorio, de unas genealogías y de formas de vida que han sido constantemente desplazadas, pero que siguen presentes.

Primi-tiva: como planta a la tierra incorpora escamas de paiche recolectadas junto a mujeres pishtadoras de Iquitos. | Foto-performance – Captura fotográfica: Jairo Ramírez – Copyright Kay Zevallos Villegas.
—¿Cómo nació la idea de Primi-tiva: como planta a la tierra y qué buscabas expresar con esta performance?
Primi-tiva: como planta en la tierra nace de la necesidad de reapropiarme de la palabra “primitivo”, no desde la carga que le ha dado la mirada colonial, sino desde su sentido de origen: lo que es base, lo que sostiene, lo que permanece en transformación.
La idea surge también a partir del encuentro con la obra Mata Mua de Gauguin, pero no desde una lectura centrada en el autor, sino desde lo que no se ve: las genealogías invisibles, las mujeres que habitan esas imágenes y las historias que quedaron fuera de ese relato. Lo que me interesaba era desplazar esa mirada, esas representaciones y construir otra presencia. Por eso la performance se construye como un proceso que atraviesa territorios y cuerpos: comienza en la Amazonía, con la recolección de escamas junto a mujeres de mi ciudad; continúa con la creación de máscaras con la comunidad drag queen amazónica; y se expande en Madrid con la participación de drag queens migrantes quienes me acompañan en este encuentro en el Thyssen.

La performance reúne artistas drag migrantes de Perú y Bolivia residentes actualmente en Madrid. | Foto: Jairo Ramírez. Foto-performance – Captura fotográfica: Jairo Ramírez – Copyright Kay Zevallos Villegas.
—¿Qué desafíos encuentras al presentar una propuesta vinculada a la Amazonía peruana en instituciones europeas como el Museo Thyssen-Bornemisza?
Uno de los principales desafíos es que la Amazonía no sea leída como una tendencia o una imagen fija. Para mí es importante complejizar esa mirada. Es un territorio múltiple: indígena, sí, pero también ribereño, urbano, migrante. Yo crecí en una Amazonía urbana, atravesada por el cemento, por violencias y por formas de vida que no siempre encajan en ese imaginario que se espera ver: en nuestros ríos, en nuestras infancias, en nuestros cuerpos. Trabajar desde ahí implica desplazar ciertas expectativas. Mostrar que la Amazonía no es una imagen detenida, sino un sistema vivo, en constante transformación. Mi trabajo busca abrir otras formas de entender ese territorio y las historias que lo atraviesan. Porque es ahí donde crecí: en Iquitos, y en todo lo que esa ciudad contiene.
—Vives en París y trabajas desde una experiencia migrante. ¿Cómo cambió tu relación con la Amazonía desde la distancia?
Vivir fuera no ha generado una distancia con la Amazonía, sino otro tipo de relación. Vivo en París administrativamente pero cada año vuelvo a Iquitos, a veces 2 o 3 veces al año. Mi familia está ahí. No es algo que dejo atrás. La distancia me ha permitido ver con más claridad ciertas cosas. Entender que muchas de las violencias que atraviesan las amazonías no son aisladas, sino que están conectadas con dinámicas más amplias, con economías y decisiones que muchas veces se toman fuera de ese territorio. Al mismo tiempo, estar fuera también hace más urgente nombrar lo que se simplifica. La necesidad de complejizar esas narrativas, de hablar de una Amazonía que no es solo naturaleza, sino también ciudad, cuerpos, historia, memoria. Y también de insistir en que esos saberes no pertenecen al pasado. Siguen vivos, incluso cuando no son reconocidos.

La cumbia amazónica irrumpe en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza como parte central de la acción performática. | Foto-performance – Captura fotográfica: Jairo Ramírez – Copyright Kay Zevallos Villegas.
—Muchas veces el arte amazónico es leído solo desde el folclor o la artesanía antes que desde el arte contemporáneo. ¿Qué conversaciones te gustaría abrir con tu obra?
Creo que ese tipo de lectura no ocurre solo con el arte amazónico. Pasa también con el arte popular, el arte afro, el arte migrante, especialmente cuando no está inscrito dentro de un circuito institucional, académico y, valga decir, históricamente blanco. Existe una tendencia a separar, a clasificar, a jerarquizar. Esa es una mirada externa que organiza el mundo en categorías, pero que no necesariamente responde a cómo se producen y se transmiten los saberes en nuestros territorios. Yo no vengo de las artes visuales, sino de las artes escénicas, y desde ahí entiendo el arte como transmisión: como algo que circula, que se comparte, que no es necesariamente individual.
Por eso me interesa desplazar esa idea de que lo contemporáneo es algo desligado de lo ancestral. El arte contemporáneo es el arte de nuestro tiempo, pero ese tiempo también contiene memorias y saberes que vienen de mucho antes. Mucho de lo que yo he aprendido de lo que hoy forma parte de las “artes visuales, artes plásticas” —tejer, coser, dibujar, trabajar con materiales orgánicos, construir objetos— lo aprendí de mi madre, y ella de mi abuela. Con mi obra, lo que busco es abrir otras conversaciones, pensar el arte como un espacio de relación y de colectividad.
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