El romance no fue una sorpresa para quienes los siguen de cerca. Hoy, con 38 y 58 años respectivamente, protagonizan una relación que mezcla madurez y segundas oportunidades, con el Perú como uno de sus escenarios más simbólicos
Por: Diego Ochoa Acosta
Durante años, Stephanie Cayo fue, para muchos peruanos, ese rostro imposible de ignorar. Una figura constante en la pantalla, en conversaciones adolescentes y, para más de uno, un amor platónico silencioso que creció con el tiempo. Amada por muchos, cuestionada por otros, pero nunca indiferente.

“Estoy convencido de que el amor es para siempre. Más que nunca”, declaró Sanz.
Desde muy joven buscó abrirse camino como actriz y cantante fuera del Perú, aunque ese proceso no le fue sencillo. Criada en una familia de artistas, la televisión peruana fue su punto de partida: protagonizó proyectos desde niña, como “Travesuras del corazón” y “Besos robados”. Con los años, su trayectoria la llevó a producciones internacionales y plataformas globales como Netflix, donde participó en la serie “Club de Cuervos”, la afamada película “Hasta que nos volvamos a encontrar” y, finalmente, la serie “Doc”, un proyecto de gran alcance global que, curiosamente, no generó el mismo nivel de conversación en el Perú.
Por el otro lado tenemos a Alejandro Sanz, una figura que no necesita presentación, pero sí dimensión. Desde los años noventa, su voz ha acompañado a una audiencia global, pero su impacto va más allá: ha vendido más de veinticinco millones de discos en todo el mundo, ha ganado cuatro premios Grammy y veinticuatro Latin Grammy, además de conseguir múltiples sold outs en Europa, México, Argentina, Colombia y Estados Unidos, lo que lo consolida como uno de los artistas más influyentes de la música en español.

Alejandro Sanz oficializó la relación en su concierto en Nueva York.
Su vida sentimental, como su producción artística, ha sido intensa y pública. Por eso, cuando en plena entrevista con el periodista Jordi Évole dejó entrever que estaba saliendo con alguien, el momento adquirió un tono distinto, casi el de una confesión que se escapaba sin filtro. “Es muy bonito estar enamorado. Y yo estoy enamorado, sí”, dijo. Y añadió: “Cuando se siente algo especial, hay que luchar por ello”. Pero hubo más: en plena conversación, decidió presentar en videollamada a Stephanie, quien respondió desde el set de grabación de su serie en Netflix para saludarlo. Ambos se mostraron felices, cómodos y naturales. Al finalizar, mencionó: “Estoy convencido de que el amor es para siempre. Más que nunca”.
Sin decirlo, lo dijeron todo
Antes de cualquier confirmación, ya había señales. El 25 de febrero en Lima, durante el segundo concierto de Alejandro Sanz en el Estadio Nacional, Stephanie Cayo apareció en el centro de la escena cuando el cantante la abrazó en pleno show, mientras sonaba “Corazón partío”, ante la ovación del público. El gesto fue leído como una suerte de oficialización no verbal.

Una videollamada bastó para dejar entrever lo que aún no se decía.
Más adelante, llegaron señales más explícitas. Primero fue él quien publicó una foto de ambos con el mensaje “Brillas como nadie”. Días después, Stephanie terminó de abrir la puerta: compartió sus propias imágenes junto a Sanz, acompañadas de un corazón en la descripción, durante una celebración previa a su cumpleaños 38, en la que también estuvieron presentes su sobrina Arianna Rovegno Cayo y sus amigas Kathy Boyanovich y la actriz Laura Ramos.

Stephanie Cayo celebró su precumpleaños número 38 en Miami junto al cantante.
En una de las paradas de su gira en Nueva York, llegó el momento más contundente: Alejandro Sanz la invitó a subir al escenario frente a miles de personas. Entre luces, aplausos y la emoción del público, la acercó hacia él y la besó sin prisa, sellando la escena con una naturalidad que transformó el gesto en una declaración pública imposible de ignorar. Desde entonces, la relación se ha mantenido en el foco público, lo suficiente para confirmar que no se trata de una historia pasajera, pero sin caer en la sobreexposición.

En su cumpleaños, Stephanie publicó una secuencia de fotos con Alejandro.

El cantante español se lució al preparar una paella para los asistentes.

Ambos mantienen una diferencia de edad de veinte años.
El entorno: aprobación, complicidad y señales previas
Si algo ha llamado la atención, ha sido la reacción del entorno cercano de la actriz. Lejos de la cautela habitual, sus hermanas parecen estar contentas con la relación y han dejado ver claras señales de aprobación.
Fiorella Cayo comentó en una de las primeras publicaciones juntos: “Qué bello es sentirte cuidada y amada”. Mientras que Bárbara escribió: “Los amo”. A esto se suman también las reacciones positivas de su madre, Ana Sanguinetti, quien respondió a las fotos con un corazón y compartió un video de ambos durante el concierto en Nueva York.

Stephanie, Chabuco y Llane. Foto tomada por Sanz.
El clan Cayo ya había tenido vínculos previos con Alejandro Sanz. El equipo de danza de Stephanie (Reborn Dance Studio, dirigido por su hermana Fiorella) participó como cuerpo de baile invitado en conciertos del cantante en el país.
Por su parte, Alessia y Arianna Rovegno también han dejado entrever admiración y apertura, e incluso han planteado la posibilidad de colaborar musicalmente si se presentara la oportunidad. Todo apunta a lo mismo: el círculo cercano no solo aprueba la relación, sino que la celebra.

Alejandra Gere con la pareja en el concierto en Nueva York.
Amor en la altura
El momento más simbólico no ocurrió en un escenario, sino lejos de él. En medio de su gira “¿Y ahora qué?”, Alejandro hizo una pausa para una escapada romántica al Perú. No fue una visita cualquiera. Junto a Stephanie, recorrió Cusco y visitó nuestra maravilla del mundo; además, se dieron un baño de popularidad al encontrarse con sus fanáticos, firmar el libro de celebridades tras su recorrido e incluso tomarse fotografías protocolares junto a autoridades de la Municipalidad de Machu Picchu.
En redes, publicaron el primera selfie juntos con la ciudadela inca de fondo y la silueta del Huayna Picchu elevándose detrás. El mensaje era breve, pero elocuente: “Perú, el mayor peligro es que te quieras quedar, y la mayor bendición también”.
“Cuando las emociones no se pueden explicar, ese es el lugar
correcto. El más bello y el más puro”, escribió Alejandro Sanz
sobre Stephanie Cayo.
Aunque hubo otro motivo para el viaje: asistir al Valle Sagrado para la boda de uno de los mejores amigos de infancia de Stephanie, el actor y director Bruno Ascenzo, con quien compartió roles en la novela “Travesuras del corazón” y quien además la dirigió en la película “Hasta que nos volvamos a encontrar”. Durante la ceremonia, interpretó la emotiva canción “Sabor a mí” y se mantuvo junto a Alejandro Sanz durante todo el evento, a lo largo del cual compartieron múltiples besos frente a los invitados.
El amor, otra vez
Quizá lo más interesante de esta historia no es solo la relación en sí, sino lo que representa para ambos. Para Stephanie Cayo, de 38 años, parece ser una forma de volver a creer en el amor. Estuvo casada con Chad Campbell, luego mantuvo una relación con Maxi Iglesias durante aproximadamente dos años, y también se le vinculó con Sebastián Zurita.
Para Alejandro Sanz, de 57 años, la historia tiene otro recorrido. Estuvo con la modelo Jaydy Michel, con quien tuvo a su hija Manuela; con la diseñadora Valeria Rivera, madre de su hijo Alexander; y con la empresaria Raquel Perera, con quien tuvo a sus hijos Dylan y Alma. Su relación más reciente antes de esto fue con la artista Rachel Valdés, con quien estuvo cerca de tres años, hasta 2023.

Fotografía de 2023 que desató los primeros rumores de una relación cercana.
Entre ambos existe además una diferencia de edad importante, un detalle que para algunos marca el contraste, pero que en la práctica parece diluirse frente a la complicidad que han mostrado. Porque, al final, la conexión pesa más que los números.
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