En el nuevo departamento que diseña para un cliente recurrente –con quien suma varios proyectos a lo largo del tiempo–, la interiorista Luz María Buse reorganiza piezas existentes, introduce arte contemporáneo y afina decisiones espaciales donde el vacío y la circulación resultan determinantes.
Por María Jesús Sarca Antonio | Fotos: Miguel Carrillo
“Una de las mejores cosas que me han ocurrido en la vida es contar con la confianza de mis clientes”, comenta Luz María Buse, diseñadora de interiores peruana, al referirse a este último proyecto. El encargo actual corresponde a un nuevo departamento que recoge objetos, muebles y decisiones acumuladas en viviendas anteriores.
La operación se centra en reconfigurar los nuevos espacios: “Hemos movido muchas cosas de sitio. Lo que estaba en la sala pasó al comedor”. La redistribución responde a proporciones distintas, una lectura más profunda del uso y a la incorporación de nuevas adquisiciones.

El comedor fue concebido como un espacio menos formal y más “juguetón”. Una mesa de madera rodeada de colores cálidos, con obras que acompañan sin saturar, tiene la intención de mantener activa a la familia.

La sala principal se organiza a partir de dos sillones en “L” que conducen hacia una chimenea en latón negro. El recorrido invita a ingresar y permanecer. La alfombra de pasadizo, de Ámbito, en fibra de llama con textura a dos colores, aporta calidez y delimita la zona social. En las paredes hay obras como las de Valeria Ghezzi y una fotografía de Javier Silva Meiner. “Un espacio debe invitarte a vivir”, dice Luz María.
Uno de los cambios más precisos aparece en la chimenea. “Había una muy antigua con una voluta de yeso. Decidí cambiarla por un volumen muy arquitectónico en latón negro”, indica la diseñadora. Este nuevo aspecto redefinió su protagonismo y la convirtió en el eje visual de la sala.
Un punto importante es la disposición del mobiliario, que según su organización crea la experiencia. “Pones dos sillones en forma de L que, enfrentados, te conducen hacia la chimenea y te invitan”, menciona Luz María. El espacio deja de ser un área de paso y se convierte en un lugar que provoca permanecer.

La interiorista Luz María tomó todo lo que ya tenían y logró integrarlo con coherencia. “Ese es el sentido de esta casa”, afirma.
El manejo del vacío resulta clave. Frente a ciertos muros, la decisión consiste en no intervenir. Este “silencio” permite que piezas específicas adquieran protagonismo, como las obras de Valeria Ghezzi, cuya materialidad orgánica introduce textura y profundidad: “Un cuadro, que está hecho con cortezas de árbol amazónico, es una maravilla”.
La selección de materiales responde a criterios de uso. Algodones y linos dominan las tapicerías, con costuras visibles que refuerzan el carácter manual.
Las alfombras, de la marca Ámbito, acompañan esta lógica al aportar calidez y definir las zonas dentro del espacio. Los acabados buscan comodidad y resistencia antes que rigidez formal, permitiendo una interacción natural con el entorno.

En el ingreso destaca una alfombra conocida como “julkhyr” (“piel de oso”), reconocible por su pelo alto y su diseño geométrico primitivo. La escalera alfombrada es de Ámbito. Sobre el muro, una serie de cuadros de Denise Mulanovich rinde homenaje al mártir José Olaya; debajo, una mesa de un artista francés. Un remo –bautizado por Luz María como “el remo de Olaya”– completa la escena.

Destacan una obra de Maricruz, con acumulaciones matéricas y tonos terrosos, junto a una pieza suspendida de Ana Orejuela, elaborada en madera anudada.
Más allá de la composición, el proyecto se sostiene en el conocimiento del cliente. La casa se proyecta para acompañar distintas etapas. Hábitos, dinámicas familiares y momentos específicos guían la configuración. “Un cliente que confía en ti, confía en tu arte”, afirma.
En este cuarto proyecto para un mismo cliente, Luz María no replica esquemas anteriores. Ajusta, depura y reorganiza un lenguaje compartido. La confianza acumulada permite decisiones más precisas, donde cada elemento responde a una historia previa y a una forma específica de habitar.
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