Esta casa en La Jolla tiene dos protagonistas: la escalera y un patio con un árbol molle. Este último es el elemento en torno al cual gira todo el programa, donde muros, techos y paredes se visten de blanco con unos pocos destellos de concreto expuesto. El diseño es de Ecke Arquitectos, estudio que lideran Alfonso y Gonzalo Valega Rey.

Por Laura Gonzales Sánchez / Fotos de Elsa A. Ramírez

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La sala de doble altura en el primer piso, el dormitorio principal en el segundo y la piscina en el tercero miran hacia el mar. Estos tres ambientes forman parte del programa de esta casa de trescientos metros cuadrados situada en La Jolla y diseñada por Alfonso y Gonzalo Valega Rey, de Ecke Arquitectos.

El planteamiento inicial del proyecto contempló, en primera instancia, los frentes de la vivienda. Por un lado, se encuentra la fachada principal, que se abre hacia el mar con una especie de cerramiento virtual y un ritmo de llenos y vacíos. El mismo esquema se sigue en el lado que colinda con el pasadizo hacia un terreno sobre el que en algún momento va a levantarse una casa. La fachada posterior está completamente cerrada, y ha sido diseñada para el ingreso de los vehículos porque sus visuales pierden atractivo en tanto que lo que se ve de inmediato es un edificio. El otro lateral ya tiene su casa vecina y, por tanto, no había mucho que hacer.

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“Partimos de una forma pura, un paralelípedo, una caja a la que le fuimos quitando algunos elementos para crear fluidez en la volumetría”, explican los arquitectos. “La fachada principal, que da a la inmensa piscina de La Jolla, se diseñó más abierta y con un volumen que vuela en el segundo piso para tener un efecto de tensión entre el mar, la playa y la casa. Queríamos buscar algún vínculo con esa figura de movimiento congelado”.

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Una de las características de la vivienda es que sus dos áreas sociales, las del primer piso –sala, comedor, cocina abierta– y las del tercer piso –terraza y piscina–, se comunican con gran fluidez entre ellas. Y lo hacen a través de una escalera que conduce, sin interrumpir en absoluto, a la privacidad de las tres habitaciones del segundo piso. Por el contrario, este elemento arquitectónico facilita la circulación vertical de sus ocupantes y visitantes.

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Vista al patio

Desde cada peldaño de la escalera se disfruta de la hermosa vista al patio a doble altura que alberga a un molle. Un árbol que no fue fácil conseguir, porque se quería, precisamente, adulto, según comentan los arquitectos. “El árbol, aparte de iluminar y ser la mejor expresión de que la naturaleza está presente en el interior, sirve como eje de ventilación en el patio, el corazón de la casa”, precisa Gonzalo.

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Así como la conexión entre primer y tercer piso –donde también encontramos una piscina enmarcada en blanco– es fluida, el acceso entre los dormitorios del segundo nivel se ve favorecido por una suerte de puentes.

Como en la mayoría de los proyectos del estudio, los hermanos Valega Rey trabajaron con materiales en su estado natural. En cuanto al color, la monocromía solo se ve trastocada por destellos de concreto expuesto. “La idea era que fuera todo blanco, para que los espacios se vieran más limpios, más iluminados. Que los ambientes fluyeran, porque cuando uno coloca porcelanato, por ejemplo, siempre se ven las uniones, los cortes, los retazos”, sostiene Gonzalo.

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Los únicos ambientes donde no predomina este color son los baños. Incluso los estacionamientos tienen el piso de cemento pulido blanco, un tono que se ha conseguido aplicando unos aditivos especiales.

La iluminación se ha manejado a través de planos. “En los frontis se comporta como una persiana estructural, mientras que en la habitación principal se tiene la iluminación en la cabecera de la cama y en el techo. Para darle mayor protagonismo a la escalera, se ha iluminado cada uno de los peldaños”, explica Alfonso. El interiorismo, por su parte guarda plena relación con la arquitectura en tanto que los muebles son de líneas depuradas.

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Artículo publicado en la revista CASAS #267