El sábado pasado Notre Dame celebró su primera misa tras el incendio que, el 15 de abril, destruyó parte de su estructura. Sin embargo, la pregunta sigue latente: ¿cómo y cuándo se reconstruirá la catedral?

Por Laura Alzubide

La reconstrucción sigue en el aire. Han pasado más de dos meses desde el incendio y la bóveda permanece en un “estado frágil”, con peligro de derrumbe. Todavía no se ha reforzado la parte del edificio que se salvó de las llamas. El viento, que se filtra por el techo, amenaza la solidez de la estructura. Y, lo que es más importante, ni siquiera está asegurada la financiación de la obra. Algunos empresarios y filántropos prometieron 850 millones de euros. En estos momentos, solo se han recaudado 80 millones: el 9% de un proyecto que promete ser uno de los más costosos en su género.

Notre Dame

La gente observa Notre Dame dos días después del incendio. 

Los antecedentes

La reforma de Eugène Viollet-le-Duc (1814-1879), realizada a mediados del siglo XIX, ha sido la más afectada por el incendio. Hasta hace poco más de dos meses, apenas se mencionaba el trabajo del arquitecto. Había quedado sutilmente enterrado por la historia. Pero el suceso obligó a reevaluar su aporte, que destacaba por esa aguja que trataba de tocar el cielo y que el mundo vio derrumbarse el pasado 15 de abril.

En la actualidad, la intervención de Viollet-le-Duc, que también incluía la cubierta de madera del coro y el despeje de la fachada principal del templo, es percibida por los expertos de manera negativa. No era la primera enmienda que se realizaba en la arquitectura Notre Dame. Pero entonces –y todavía hoy– apenas había documentación sobre el estado original del edificio y las sucesivas modificaciones realizadas. Ahora hasta el rescate de la aguja está en duda. 

Notre Dame

Vista desde el techo de la aguja diseñada por Viollet-le-Duc. ¿Debería reconstruirse tal como la concibió el arquitecto francés?

Esas locas propuestas

“Reconstruiremos Notre Dame aún más hermosa, y quiero que se complete en cinco años”, declaró el presidente de Francia, Emmanuel Macron. Se anunció un concurso para restaurar el templo. Y las redes sociales se inundaron de novedosas propuestas arquitectónicas. La mayoría pertenecían a pequeños o medianos estudios que querían obtener cierta resonancia, para –¿por qué no?– quizás ser escuchados con vistas al futuro proyecto. A contuación, algunas de las más destacadas:

Mathieu Lehanneur

La llama votiva de Mathieu Lehanneur (Francia). Fuente: Instagram.

Vincent Callebaut

Una cubierta ecológica con jardín de Vincent Callebaut (Francia). Fuente: Instagram.

Ulf Mejergren Architects

¿Por qué no una piscina infinita? Por Ulf Mejergren Architects (Suecia). Fuente: Instagram.

Vizumatelier

Vizumatelier (Eslovaquia) y su haz de luz hacia el cielo. Fuente: Instagram.

Alexandre Nerovnya

Techo de vidrio, interior oscuro. Por Alexandre Nerovnya (Rusia). Fuente: Instagram.

Studio Fuksas

El pináculo (y toda la cubierta) de cristal de Baccarat. Por Studio Fuksas (Italia). Fuente: Instagram.

Muchos estudios mostraron una intervención con nuevos materiales, como el vidrio y el acero. La idea de una cubierta que abogue por la transparencia y la modernidad no es en absoluto descabellada. De hecho, en esos días, se atribuyó a Norman Foster, Premio Pritzker en 1999, una propuesta similar. Pero la oficina británica negó la noticia.

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“Como muchas catedrales, su historia [la de Notre Dame] es de cambio y renovación”, declaró el arquitecto al diario español “El País”, después del malentendido. “A lo largo de los siglos, los techos de las catedrales medievales han sido devastados por incendios y reemplazados. En todos los casos, el reemplazo utilizó la tecnología de construcción más avanzada de la época; nunca replicó el original. En Chartres, las maderas del siglo XII fueron reemplazadas en el siglo XIX por una nueva estructura de hierro fundido y cobre”.

Notre Dame

Esculturas de los doce apóstoles en la base de la aguja. Otro de los añadidos de Viollet-le-Duc al proyecto medieval.

¿Restaurar o falsificar?

El Senado francés, controlado por la oposición conservadora, acaba de aprobar un proyecto de ley que exige una restauración idéntica al templo original. Sin embargo, según los expertos, una obra de este tipo debe ser un aporte contemporáneo y no un falso histórico.

La Carta de Venecia, elaborada en el II Congreso Internacional de Arquitectos y Técnicos de Monumentos Históricos de 1964, debería marcar la pauta: “Los elementos destinados a reemplazar las partes inexistentes deben integrarse armoniosamente en el conjunto, distinguiéndose claramente de las originales, a fin de que la restauración no falsifique el documento artístico o histórico”, dice el documento.

Hay precedentes. Entre ellos, la reconstrucción de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial y la pirámide del ingreso al Louvre de I.M. Pei, que ha sido citada en estos días para advertir el peligro de que el proyecto se convierta en una herramienta política, como sucedió con la ampliación del museo parisino.

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Entonces, ¿cuál es el futuro de Notre Dame? La novela, que recién ha comenzado, promete tener más páginas que un libro de Victor Hugo.