Un departamento de soltero en Miraflores es sede de innumerables reuniones que acogen a los amigos, pero conserva su calidez y su funcionalidad una vez que la fiesta ha terminado. Eso quiso el arquitecto Gonzalo Li para su propio hogar.

A Gonzalo Li le encanta organizar reuniones y proponer, para ellas, su propia casa. Quien lo conoce sabe de sus dotes de anfitrión (siempre la comida y las copas precisas, y la música que promete baile) y su placer en recibir a los amigos. Para su nuevo departamento, Li quería un espacio dinámico que fuera punto de reunión y potenciara sus eventos sociales, pero que también funcionara en sus ratos de silencio y soledad. Había adquirido un dúplex miraflorino que encontró a medio hacer: como arquitecto, asumió el reto de intervenir un espacio con las limitaciones de un diseño original ajeno y ya en construcción. Se tomó cinco años para definir cómo quería habitar su espacio. No tenía apuro. Como todo buen anfitrión, entiende que una inauguración exitosa depende del momento justo.

El diseño original proponía dos dormitorios con dos baños y una sala-comedor muy pequeña con una cocina abierta; arriba, una lavandería grande con tendal y una salita muy pequeña con una parrilla. El espacio estaba ahí, pero simplemente no se ajustaba a las dinámicas del dueño de la casa. “Lo que hice fue limpiar la distribución de tal modo que se acomodara a lo que a mí me gusta”, explica Li. El ingreso era, originalmente, un pequeño hall que decidió abrir, de tal manera que el ascensor es la puerta principal del departamento. El comedor funciona como recibidor. Las paredes enchapadas en madera blanca esconden múltiples compartimentos, como si se estuviera en el interior de un bote. En este espacio limpio y discreto, el anfitrión da la bienvenida a sus invitados.

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La nueva disposición debía resolver el principal reto del departamento: un corredor de más de quince metros. “Tenía que lograr que no se percibiera demasiado largo”, explica el arquitecto, “y generar ciertas situaciones para que no resultara aburrido transitarlo”. Decidió cubrir las dos vigas que atravesaban el corredor con un techo bajo para crear la luz artificial que nace del nuevo volumen. Por otro lado, se valió del arte: dibujos de Giuliana D’Angelo y de Macarena Rojas son seguidos por una escultura de madera de Michelle Magot, cuyo color escapa a la pieza para atravesar, como una finísima línea amarilla, el resto del corredor, el vidrio de las ventanas verticales, y perderse, finalmente, en el nacimiento de las escaleras. Ese detalle inesperado y lúdico conduce a los invitados hacia el segundo piso, que es la gran área social del departamento.

Escaleras arriba

La segunda planta está dividida en una sala de verano y otra de invierno. La primera está ocupada por un gazebo de madera de Marco Sangiorgi, que se completa con telas de diseños y colores vivos. La parrilla, el bar y el icemaker están a la mano. Este es un espacio que Li usa mucho, donde puede cocinar al aire libre mientras atiende a los amigos. El arquitecto decidió enchapar de madera todos los exteriores: esto no solo enriquece visualmente el segundo piso (y define el uso de enchapados en la primera planta), sino que tiene un motivo funcional. “Soy muy observador de los techos en Lima, una ciudad en la que nunca llueve y que está llena de polvo”, explica Li. “Además, estamos sobre una esquina con un tráfico muy congestionado, de gran contaminación”. El enchape resuelve el mantenimiento y la limpieza, “y también le da una escala y una calidez diferentes al espacio”. Al otro lado del corredor está la sala de invierno, techada, con una pequeña chimenea y una biblioteca. Aquí destacan el uso del cuero color suela (una referencia al mundo ecuestre, del que forma parte el propietario) y la notable colección de arte contemporáneo, que incluye obras de Sergio Fernández, Fernando Otero y Augusto Ballardo, entre muchas otras piezas. Destaca un piano en el que su dueño practica (aunque no tanto como quisiera): su presencia revela el uso íntimo del espacio. Cuando la fiesta ha terminado, la música sigue sonando. •