Tras recibir el Pritzker 2026, la mística Casa para el Poema del Ángulo Recto de Smiljan Radic se convierte en el epicentro de la arquitectura mundial. Descubre la historia de este refugio de hormigón negro en el Maule que nació tras la destrucción del terremoto de 2010.
Por: Renzo Espinosa
Si uno camina por los senderos de Vilches, lo último que espera encontrar entre las casas de madera y techos de zinc es un volumen monolítico de hormigón pintado de negro. La Casa para el Poema del Ángulo Recto se percibe como una roca volcánica integrada naturalmente en el paisaje.
Bautizada así en honor a una serie de litografías de Le Corbusier, la casa es, en esencia, un ejercicio de introspección. Mientras la arquitectura tradicional busca «mirar hacia afuera», Radic diseñó un espacio que mira hacia adentro. La luz no entra por ventanales laterales que busquen la postal del cerro, sino que cae dramáticamente desde el techo a través de dos lucarnas estratégicas.

La estructura se impone en el bosque del Maule con una presencia sólida y rotunda.

Construida en torno a un patio y con vistas a los Andes, esta casa de hormigón vertido a mano está forrada de roble y encajada en un robledal.
El desafío de construir lo «imposible»
La ejecución de la obra fue una odisea artesanal. Al estar en un terreno de difícil acceso, los camiones de hormigón apenas podían maniobrar y no había grúas disponibles. El proceso fue casi medieval, y es que Radic trabajó codo a codo con maestros locales de San Clemente y Talca, quienes, acostumbrados a construcciones tradicionales, miraban con desconcierto los planos del arquitecto.
Para que los trabajadores pudieran «leer» las formas geométricas que Radic tenía en la cabeza, el arquitecto llegó a empapelar el terreno con plantillas a escala real. Fue una obra de autor en el sentido más estricto de la palabra: un trabajo manual, lento y lleno de convicción.

El interior destaca por sus entradas de luz cenital y el uso de madera de cedro.

Un único mueble cama-cabezal-mesilla-repisa —ideado por los arquitectos— equipa el dormitorio principal, que casi parece suspendido en medio del robledal.
El protocolo de la «casa perfecta»
Marcela Correa, la reconocida escultora y compañera de vida de Radic, es quien le da el alma al lugar. Ella cuenta que la casa es un «refugio unifamiliar» de unos 120 metros cuadrados donde el olor a cedro lo inunda todo. Sin embargo, vivir en un hito de la arquitectura mundial tiene sus complicaciones.
Con los años, la casa se convirtió en una parada obligatoria para el «turismo académico». Ganadores del Pritzker como Kazuyo Sejima o Ryue Nishizawa han cruzado medio mundo solo para sentarse en ese living. Por eso, los Radic-Correa desarrollaron un protocolo casi cinematográfico: antes de abrir la puerta a las visitas, «limpian las huellas humanas». Se guardan los juguetes, se despeja la cocina y la casa vuelve a ser esa pieza de museo impecable que aparece en las revistas.

La visión axonométrica permite entender la distribución interior de la obra, donde los espacios fluyen sin divisiones tradicionales bajo una cubierta que juega con ángulos y aperturas de luz.

Este plano de corte revela la compleja geometría del refugio y cómo su estructura se eleva sobre el terreno, alcanzando una altura máxima de más de 7 metros en su punto más radical.
Del mito local al hito global
Lo que antes era un rumor entre los vecinos de Vilches, que comentaban «hay un arquitecto importante construyendo algo raro en la loma», hoy es una realidad que ha transformado la zona. Tras el anuncio del Premio Pritzker 2026 para Radic, el interés se ha desbordado.
Desde la Municipalidad de San Clemente ya ven en esta obra un imán cultural que podría cambiar el perfil turístico de la comuna, pasando del simple trekking a un destino de cultura e investigación de nivel internacional.

Los tragaluces agujerean la cubierta de hormigón. Como hasta la zona no podía acceder un camión hormigonera, la estructura tuvo que ser construida a mano.

El interior destaca por sus entradas de luz cenital y el uso de madera de cedro.
¿Se puede vivir sin piezas cerradas? Para la familia Radic, la respuesta es sí. La singularidad de la casa radica en su fluidez; es un espacio donde la privacidad se entiende de otra manera. Como dice el arquitecto Alberto Sato, amigo de la pareja: «No podría vivir otra familia ahí». Es un traje a medida, una declaración de principios sobre lo que significa habitar el bosque en el siglo XXI.
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