El Proyecto SB, diseñado por Javier Delgado, redefine un dúplex en San Isidro bajo una lógica atemporal: paleta neutra, protagonismo del arte, materiales cálidos y una distribución pensada para una pareja joven de origen intercultural
Por: María Jesús Sarca Antonio | Fotos: Fabiana Silva
El punto de partida no fue un estilo ni una tendencia. Fue una historia compartida. Una pareja próxima a casarse, con raíces entre India y Lima, planteó un encargo que requería equilibrio cultural sin caer en lugares comunes. Javier Delgado entendió el desafío desde el inicio: “Tenía que hacer un mix cultural y que al mismo tiempo el proyecto se viera muy elegante”.

Javier Delgado, fundador del estudio de interiorismo JD Studio, apuesta por espacios atemporales donde el arte, la calidez y la funcionalidad conviven en equilibrio.
Esa claridad marcó el rumbo del Proyecto SB, un dúplex intervenido desde la distribución hasta el detalle decorativo. La premisa fue directa: permanencia en el tiempo. Delgado lo explicó desde la primera reunión: “Yo quería para ellos algo que sea atemporal, que el tiempo pase y que se siga viendo elegante”. La decisión dejó de lado las modas y condujo hacia una estética sobria, con guiños eclécticos y ciertos acentos neoclásicos.
Materia y color: el equilibrio preciso
Madera, tonos off-white y superficies neutras organizan los ambientes. La elección responde a una búsqueda de calidez, mientras los materiales refuerzan esa intención. Terciopelos en los sofás, seda en cojines y enchapes de madera construyen una atmósfera doméstica y confortable.
El comedor, con tablero de cristal y base de madera, introduce ligereza visual. En contraste, el bar incorpora un tono charcoal —un carbón profundo— que aporta densidad y carácter. La luz natural, abundante en el dúplex, transforma ese color a lo largo del día: “En la mañana era un carbón más ligero, y en la noche, uno más intenso”.

Javier Delgado juega con las texturas con muebles de terciopelo, cojines de seda, superficies de madera y una pared íntegra de mármol, logrando un espacio cálido, elegante y pensado para sostenerse en el tiempo.
La presencia cromática aparece principalmente en el arte. Las obras seleccionadas definen la identidad de los espacios. Delgado trabajó junto a los clientes en la curaduría, buscando piezas capaces de dialogar con la arquitectura. “Que el color sea dado por la obra de arte”, resume.
El recorrido incluye trabajos de Gam Klutier, Nader Barhumi, Mariella Agois y Patica Jenkins, entre otros. En el comedor, una obra de Claudia Tuss funciona como punto focal. También aparecen esculturas puntuales que complementan la narrativa con volumen y textura.

Cada pieza responde a una estrategia específica: activar los ambientes sin saturarlos. La arquitectura permanece como soporte; el arte, como detonante visual.
Reconfigurar para habitar mejor
El proyecto no se limitó a revestimientos. La distribución original del dúplex respondía a una lógica distinta, pensada para una familia numerosa. Delgado replanteó el uso del espacio a partir de las necesidades reales de la pareja.
“Que el color sea dado por la obra de arte”
Una despensa sobredimensionada en la cocina se transformó en un bar con cava integrada. La intervención optimizó el metraje y generó un nuevo centro social dentro de la vivienda. “El cliente cuando lo vio me dijo: ‘No puedo creer lo que has hecho’”, recuerda.
Este tipo de decisiones revela una postura clara: la arquitectura puede adaptarse. “Aprendí que en la arquitectura todo es modificable, todo está en la creatividad y cómo lo cambiamos”, afirma.
Método y afinidad
El proceso se sostuvo en una comunicación fluida. Reuniones constantes, intercambio de referencias y ajustes durante la obra permitieron afinar el resultado. Delgado describe ese vínculo como esencial: “Tiene que haber una sinergia de ambas partes”.

El dúplex incorpora obras de Mónica Tuss, Mariella Agois, Gam Klutier, Andrea Velasco Astete, entre otros artistas, que introducen acentos de color y carácter en distintos espacios.
El desarrollo siguió una secuencia ordenada: conversación inicial, brainstorming, diseño, visualización en 3D, presupuesto y ejecución. Los cambios surgieron durante la obra, dentro de un margen controlado.
Más allá del resultado formal, el proyecto deja una conclusión clara para su autor: el entendimiento con el cliente define el éxito. “Que mi cliente esté feliz, ese fue mi objetivo”.
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