A sus 95 años, el cofundador del movimiento Zero mantiene intacta su rutina, su curiosidad y su impulso creativo. En su hacienda de Ibiza, rodeado de esculturas, archivos y proyectos aún por realizar, el artista alemán sigue trabajando con la misma intensidad con la que imaginó una nueva forma de hacer arte después de la guerra.
Por: Redacción COSAS
“Cuidado por dónde caminas”, dice Heinz Mack mientras avanza con sorprendente agilidad entre senderos de piedra, esculturas de acero y bloques de mármol repartidos en el jardín de su casa en Ibiza. A sus 95 años, el artista alemán todavía recorre personalmente el antiguo terreno de cantera que convirtió en un parque escultórico al aire libre, donde cerca de cincuenta piezas dialogan con el viento, la luz y el paisaje seco de la isla.
Vestido completamente de azul marino, con zapatillas salpicadas de pintura y un pequeño gorro tejido, Mack observa cada obra como si acabara de terminarla. Algunas columnas metálicas reflejan el sol mediterráneo; otras estructuras móviles responden a la brisa con pequeños destellos. La luz sigue siendo el centro de todo. También el movimiento.

Heinz Mack posa en su estudio de Ibiza junto a una monumental obra de su serie “Chromatic Constellations”, donde el color, la luz y el ritmo continúan marcando el pulso de una práctica artística que sigue activa a sus 95 años.
En la entrada del jardín aparece “König” (“Rey”), una escultura en bronce basada en una de sus primeras obras, realizada cuando apenas tenía 20 años y estudiaba en la Kunstakademie Düsseldorf. Más de siete décadas después, Mack todavía habla de sus proyectos en presente. El pasado parece interesarle poco. “Prefiero mirar hacia adelante”, dice.
El artista que quiso empezar desde cero
En 1957, junto al artista alemán Otto Piene, Heinz Mack fundó el movimiento Zero, una de las propuestas más radicales y experimentales de la posguerra europea. Desde un pequeño estudio en Düsseldorf, ambos artistas buscaban crear una nueva forma de expresión que dejara atrás el peso emocional y cultural que había dejado la Segunda Guerra Mundial.
La idea era comenzar desde cero. Trabajar con silencio, luz, ritmo y espacio. En lugar de narrativas tradicionales o gestos expresionistas, Zero apostó por superficies monocromáticas, estructuras cinéticas y experiencias visuales que transformaban la percepción del espectador.

El estudio de pintura de Heinz Mack, donde trabaja tres horas por la mañana y tres por la tarde.
Más adelante se sumarían nombres como Günther Uecker, Yves Klein, Jean Tinguely y Lucio Fontana.
Mack recuerda esos años como un momento decisivo. Alemania, dice, era un vacío intelectual y cultural. El arte debía encontrar otra dirección. Sus obras comenzaron entonces a explorar vibraciones ópticas, reflejos y repeticiones geométricas. El movimiento y la luz dejaron de ser efectos para convertirse en materia artística.
Esa obsesión continuaría en todos los periodos de su carrera: desde las instalaciones realizadas en el desierto del Sahara en los años sesenta hasta “The Sky Over Nine Columns”, la monumental instalación presentada durante la Bienal de Venecia de 2014.

La amplia hacienda tradicional donde vive Heinz Mack fue construida en dos etapas: una parte tiene cerca de 300 años de antigüedad y la otra, alrededor de 150.
Ibiza como refugio creativo
Mack llegó por primera vez a Ibiza en los años sesenta, y quedó fascinado por la arquitectura tradicional de la isla. Las casas campesinas blancas, simples y geométricas, llamaron inmediatamente su atención. “Es una especie de homenaje al cubo”, comenta. Para él, esas construcciones conectaban naturalmente con ideas modernas que también habían interesado a arquitectos vinculados al Bauhaus o a figuras como Le Corbusier.
Su búsqueda inicial era sencilla: quería una casa pequeña y aislada, apenas suficiente para dormir y trabajar. Lo que encontró fue una hacienda tradicional en el centro de la isla, cerca de Santa Gertrudis, compuesta por dos construcciones rurales de aproximadamente trescientos y ciento cincuenta años de antigüedad.

La piscina de la hacienda, acompañada por la pieza metálica denominada “High Victory”.

Otra de las piezas metálicas de Heinz Mack, “10 Fresnel Lenses” (1987), instalada junto a la piscina de la hacienda.
Cuando él y su esposa, Ute, compraron la propiedad en 1988, la casa no tenía electricidad y conservaba intactos muchos de sus elementos originales: una cocina a leña empotrada, un pozo interior, puertas antiguas y cerraduras de bronce que aún permanecen en uso. La restauración tomó más de diez años.
El interior conserva el espíritu de la finca. No hay muebles contemporáneos. Mack prefiere piezas antiguas de madera tallada hechas en Ibiza, cerámicas españolas y marroquíes, además de una importante colección de arte africano distribuida en distintos ambientes de la casa.

Una de las obras de su serie “Chromatic Constellations”, realizada en 2026.
Afuera, el paisaje también fue intervenido lentamente. Entre palmeras y sabinas existentes, la pareja incorporó olivos, cipreses y pinos. El jardín escultórico terminó creciendo de forma orgánica alrededor de las obras.
Aunque Mack evita definirse como diseñador, muchos elementos de la propiedad fueron concebidos por él: desde una mesa de comedor de piedra hasta la piscina revestida con granito. También diseñó algunos de sus proyectos más recordados, incluido el traje plateado que utilizó durante sus intervenciones en el Sahara y el estudio completamente acristalado que construyó en su residencia de Mönchengladbach en los años ochenta.

El pasillo reúne piezas de la colección de arte africano de Heinz Mack.
Una disciplina intacta
La vida de Heinz Mack sigue organizada alrededor del trabajo. Cada mañana pasa exactamente tres horas en el estudio. Después del almuerzo y una siesta breve, vuelve a trabajar tres horas más. La rutina se repite tanto en Alemania como en Ibiza.
En su estudio ibicenco, continúa desarrollando sus “Chromatic Constellations”, series pictóricas en las que explora combinaciones de color, ritmo y estructura desde hace más de veinticinco años. No trabaja con asistentes ni grandes equipos de producción. Todavía mueve lienzos y organiza obras por cuenta propia.
Durante las últimas décadas, el interés por su trabajo volvió a crecer con fuerza. En 2018, una de sus piezas cinéticas alcanzó más de un millón de euros en subasta. El año pasado, la galería Almine Rech presentó en Art Basel una importante instalación motorizada concebida originalmente en 1966.

La cocina conserva varios elementos originales de la casa.
Aun así, Mack parece más interesado en lo que todavía queda por hacer. Conserva bocetos de proyectos no realizados, incluyendo una casa en medio del desierto y una estructura de mármol blanco imaginada sobre un lago de mercurio.
La preservación de su legado ya comenzó a tomar forma. Parte importante de sus archivos y documentos fueron entregados a la Zero Foundation, institución que él mismo ayudó a crear en Düsseldorf hace dieciocho años. En 2024 también se estableció la Mack Foundation, dedicada a conservar y difundir su obra en el futuro.
Su hija Valeria, que trabaja con él desde hace más de una década, asegura que el ritmo creativo del artista sigue siendo sorprendente. “Tiene una energía enorme”, comenta. “Las obras que hace hoy siguen siendo muy dinámicas”.

La hacienda de Heinz Mack en Ibiza, rodeada de vegetación mediterránea y esculturas al aire libre, funciona como refugio creativo y escenario permanente de su obra.
Mientras cae la tarde en Ibiza, Heinz Mack continúa caminando entre esculturas metálicas y superficies reflectantes. Observa cómo la luz cambia sobre cada pieza y vuelve a hablar de proyectos pendientes. A los 95 años, sigue trabajando con la sensación de que todavía hay algo nuevo por descubrir. •
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