Desde su estudio en San Isidro, la diseñadora peruana ha convertido la herencia familiar en una propuesta contemporánea de trajes a medida. Con colecciones propias, un segmento fuerte de novios y una clientela que incluye a figuras públicas, Sue Zacnich construye una marca donde el corte lo es todo y el legado marca el rumbo.
Por: Renzo Espinosa Mangini
Entrar al estudio de Sue Zacnich, en El Olivar de San Isidro, es entender que la sastrería no es solo un oficio, sino también memoria viva. Nos recibe con la calma de quien sabe exactamente lo que hace. En su oficina, un cuadro de su madre la acompaña en cada jornada. A un lado, una tijera que guarda como un tesoro. “Me heredó puro oro en el taller”, dice sin dudar. Y no habla solo de moldes o telas.
Sue nació entre paños, lanillas y patrones. Creció en el taller de su madre, Carmela Pfuyo, diseñadora y sastre, y entendió desde niña que un buen traje empieza mucho antes del primer corte. “Crecí en telas, viendo a mi familia, que son sastres. Recuerdo mucho ver la perfección de mi madre al momento de realizar los trajes a medida. Ver el amor que ella le ponía era algo muy fuerte”, cuenta.

Entre muestrarios y paños de alta gama, cada colección empieza con una elección rigurosa de telas y una toma de medidas exacta.
Aunque al salir del colegio intentó tomar otro camino –estudió Administración durante un año–, el destino ya estaba trazado. Su madre le propuso trabajar un tiempo en el taller para conocer el rubro desde adentro. Ese año cambió todo. “Una buena toma de medidas es lo que va a definir si el traje está bien hecho tanto para hombre como para mujer”, recuerda. Ahí, observando cómo se construía un patrón perfecto, entendió que quería dedicarse a la sastrería, pero a su manera.
Un corte que se reconoce sin etiqueta
Cuando decidió estudiar Diseño de Modas, fue más allá: su tesis fue de sastrería masculina. La primera en su promoción en hacerlo. “Fui la primera diseñadora en graduarse haciendo una colección de sastrería masculina”, dice. Incluso llevó modelos hombres a la sustentación, en un entorno donde lo habitual eran vestidos y colecciones femeninas.

Al cierre del desfile, Sue consolida su visión: el traje como símbolo de poder y sofisticación.

En pasarela, la sastrería se reafirma como protagonista: líneas depuradas y siluetas estructuradas.
La marca Sue Zacnich nació en 2016 con esa convicción: rescatar la técnica heredada, pero darle un enfoque más personalizado y contemporáneo. Si en el pasado el taller familiar producía hasta cien trajes mensuales para grandes empresas, hoy la apuesta es distinta. “Ahora producimos quizá treinta o cuarenta, pero con mucho cuidado, con mucha perfección”, explica.
El sello está en el corte. Es algo que se reconoce incluso sin etiqueta. “Hay un corte muy marcado que podría decirte: ese traje es mío. Mi madre desarrolló unos moldes que hoy sigo utilizando. Es con lo que actualmente me desenvuelvo, y también, claro, le damos el toque moderno”, señala.

En el fitting, cada prenda cobra forma a partir de una toma de medidas exacta y una mirada experta que ajusta hasta el último detalle.

En clave nupcial, el traje se reinventa con identidad propia y siluetas atemporales.
Las telas también cuentan una historia. Trabaja con casas como Barrington, Loro Piana y otros paños italianos de alta gama. Pero, más allá de la etiqueta, lo importante es el proceso. “Puedes empezar con trajes básicos y luego ir elevando el armario. La tela es clave, pero también tiene que ver con el momento y el presupuesto de cada cliente”, explica con naturalidad.
Novios, liderazgo y un nuevo protagonismo
Uno de los segmentos que más han crecido en su atelier es el de novios. Lo que comenzó vistiendo a amigos y conocidos se transformó en un servicio estructurado: The Groom Experience. “Es acompañarlos en ese momento, estar pendiente de todos los detalles. No solamente termino vistiendo al novio, termino apoyando al papá con la corbata o ayudando a la mamá con el vestido”, cuenta.

El traje a medida como declaración de elegancia: cortes definidos, proporciones equilibradas y tejidos de alta gama.

Sue en su visita a la feria Pitti Uomo 2022, junto a Alexandra y Alberto Dobre, referentes de la sastrería europea.
Ha vestido a más de cincuenta novios en un solo año, y nota el cambio. “Antes buscaban el traje dos semanas antes. Hoy vienen con medio año de anticipación. Quieren revisar cada detalle, elegir forros, bordados, colores. Ya no es solo azul, negro o gris”. El novio quiere protagonismo, quiere identidad, y Sue sabe leer ese deseo.
Pero no solo atiende bodas. También viste a mujeres en cargos de liderazgo y a hombres que buscan proyectar autoridad y elegancia. ¿Qué buscan cuando llegan a su atelier? “Un buen corte. Vienen porque saben que tengo tejidos exclusivos y porque ser diseñadora especializada en sastrería es un toque diferente. Confían en mi ojo”, dice.
Esa confianza se ha traducido en visibilidad. Figuras como Magaly Medina, María Pía Copello, Fernando Roca Rey, Antonio Pavón, entre otros, ya han lucido sus creaciones. A sus 30 años, Sue se ha ganado un espacio en un rubro exigente, combinando tradición y frescura.

Sue junto a Agustín y Lucía de sastrería Serna, una de las sastrerías más antiguas de España.

En pasarela, Sue Zacnich reafirma su sello: sastrería precisa, estructura impecable y una identidad que se reconoce incluso sin etiqueta.
Legado y futuro
Hablar de legado la conmueve. “Mi madre me enseñó que tenía que moverme para lograr lo que yo quisiera. No quedarme quieta. Si quieres algo, ve por ello y consíguelo”, dice, mirando con orgullo y ternura el cuadro de ella en su oficina. Carmela Pfuyo y su padre, Edgar Zacnich, oficial retirado de la PIP, fueron equipo dentro y fuera del taller. Hoy, esa historia también inspira nuevas colecciones. La próxima línea de otoño-invierno estará dedicada a su padre, como un homenaje a la disciplina y el amor por la patria que ella también lleva consigo.
Sue trabaja dos colecciones al año: en abril, sastrería; en setiembre, novios. Siempre con propuestas nuevas, siempre con una evolución clara.

Durante la presentación de su línea nupcial 2026, Sue consolida su visión del traje como emblema de sofisticación y carácter.

Sue Zacnich proyecta su sello fuera del atelier: sastrería femenina de líneas limpias, carácter firme y elegancia que no necesita excesos.
Cuando le preguntamos qué quiere que represente su marca en los próximos años, no duda: “Identidad, fuerza, poder femenino. Que vean a alguien usando un traje y sepan que es un Sue Zacnich”.
En un sector históricamente masculino, su nombre empieza a sonar con autoridad propia. No por romper reglas, sino por entenderlas tan bien que puede reinterpretarlas. Y en cada traje, entre puntadas invisibles y cortes precisos, sigue latiendo esa herencia que aprendió de niña: que la excelencia no se negocia y que el detalle lo cambia todo.
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