“The Other Side of The Wind”: el retorno de Orson Welles

Los negativos de una de las películas más esperadas de 2018 estuvieron más de cuarenta años apolillándose en una caja fuerte en París: “The Other Side of The Wind”, de Orson Welles, cineasta que pasó de chico prodigio con “Citizen Kane” a paria con “The Lady from Shanghai”. Netflix asumió el reto de terminar de montar la obra filmada entre 1969 y 1976, y protagonizada por John Huston; una reflexión en tono de sátira sobre el tránsito del “star system” al cine de autor. Peter Bogdanovich, Dennis Hopper, Susan Strasberg, Oja Kodar, entre otros, completan el reparto. Frank Marshall y Peter Bogdanovich, que participaron en el rodaje, han estado detrás del proyecto para intentar reconstruir la mirada de Welles a partir de sus recuerdos y sus notas a mano. Del purgatorio de las películas a la posibilidad de ser vista por todos.

“Wonder Wheel”, con el sello de Woody Allen

Lo mejor de la última etapa de Woody Allen es el retrato de mujeres desobedientes: de la estirpe de Blanche DuBois (“A Streetcar Named Desire”) y Mabel Longhetti (“A Woman Under the Influence”). Personajes femeninos que no hacen lo que el mundo espera de ellos porque son contradictorios, caprichosos e impredecibles.Allen lo hizo en “Blue Jasmine” con Cate Blanchett y lo hace en “Wonder Wheel” con Kate Winslet, quien encarna a Ginny, actriz secundaria devenida en mesera y esposa infeliz.

La historia se sitúa en la década de los cincuenta, en Coney Island. Entre montañas rusas, fuentes de soda, carruseles, bañistas, pescadores aficionados y el malecón. La diferencia entre los esposos Humpty y Ginny es que ellos no visitan ese rincón neoyorquino, sino que viven allí. Están cuando la manada humana se aleja, las luces se apagan y la magia los termina de abandonar. Más que una pareja de perdedores, se trata de una de resignados. Humpty (Jim Belushi) trabaja en el carrusel y ha encontrado en la pesca con los amigos y los partidos de béisbol una distracción para variar su monótona rutina. Ginny es atractiva, joven y sensible. Es menos resignada o, al menos, eso nos hace creer el hecho de que se refugie en los recuerdos y la fantasía de la vida que pudo tener en el teatro. Ambos viven con el hijo piromaníaco de Ginny. La dinámica familiar se quiebra con la irrupción de Carolina (Juno Temple), la hija a la que Humpty no ve desde hace más de cinco años, y Mickey (Justin Timberlake), el salvavidas con vocación literaria que fascina a Ginny.

“Wonder Wheel” está cargada de autorreferencias, como habitar ambientes ruidosos (“Radio Days” o “Annie Hall”), el cine como lugar de evasión (“The Purple Rose of Cairo”), los triángulos amorosos (“Manhattan”, “Midnight in Paris”, “Crimes and Misdemeanors”) y el azar (“Irrational Man”, “Match Point”). Además, la puesta en escena evoca a Tennessee Williams, a ese revoltijo de oportunidades perdidas, cuerpos crispados, desesperación, malestar y deseo. Mucha atención a la sobresaliente actuación de Kate Winslet. Su profundidad dramática, su pelo desordenado y sus labios carnosos nos recuerdan, desde algunos ángulos, a Anna Magnani y, desde otros, a Monica Vitti. En “Wonder Wheel”, la nostalgia es la principal atracción.

“The Disaster Artist”, una comedia extravagante

James Franco es el hombre orquesta detrás de “The Disaster Artist”. Dirige, produce y protagoniza un filme sobre todo lo que envuelve el rodaje de “The Room”, esa rara película de culto de Tommy Wiseau, el Ed Wood del siglo XXI (se dice que a la salida de uno de los pocos cines que aceptaron estrenarla en 2003 se veía un cartel que decía: “No se devuelve el dinero”). Greg Sestero (Dave Franco) y Tommy Wiseau (James Franco) se mudan a Los Ángeles a construir una carrera en la industria del cine. Ahí la testarudez, el mal gusto y la falta de oficio de Wiseau hicieron posible la creación de esa cinta aberrante. La crítica advierte que se trata de una comedia sin mordazas, pero que nunca se ensaña ridiculizando a los personajes. En otras partes del mundo, los cines han programado la proyección de “The Room” en los días previos al estreno de “The Disaster Artist”.

Por Ana Carolina Quiñónez