Este miércoles la NASA lanza la primera misión tripulada al espacio profundo en más de 50 años. Cuatro astronautas rodearán la Luna en un vuelo histórico de diez días que sienta las bases para el regreso definitivo del ser humano al satélite.
Por: Redacción COSAS
Este 1° de abril, a las 17:24 hora peruana, la cápsula Orion despega desde el Centro Espacial Kennedy propulsada por el cohete Space Launch System. A bordo viajan Reid Wiseman (comandante), Victor Glover (piloto), Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen. Es la primera vez que una mujer, un astronauta afrodescendiente y un no estadounidense forman parte de una tripulación con destino lunar.

Artemis II llevará a cuatro astronautas alrededor de la Luna, sentando las bases para la exploración y presencia humana a largo plazo.
Ninguno aterrizará en la Luna: el plan es rodearla, pasar sobre su cara oculta y regresar, tal como hizo el Apolo 8 en diciembre de 1968, con una diferencia fundamental: la tecnología que soporta esta misión no tiene nada que ver con la de entonces. La nave Orion incorpora mayor espacio habitable, sistemas de soporte vital más avanzados y capacidades diseñadas para misiones de larga duración, lo que la prepara para los vuelos que vendrán después.
Riesgos y desafíos técnicos
Antes de poner rumbo hacia la Luna, la nave realizará dos órbitas terrestres durante las cuales la tripulación ejecutará una serie de maniobras críticas, incluyendo el control manual de la cápsula y una demostración de acoplamiento con la etapa superior del cohete. De esas pruebas depende la viabilidad de las próximas etapas.

La cápsula Orion de la NASA ha sido construida para alcanzar distancias récord en la historia de la exploración humana.
El momento más extremo llegará cuando la nave pase por el lado oculto de la Luna. En ese punto, las comunicaciones con la Tierra se cortarán por completo durante varios minutos y la tripulación quedará sola, sin posibilidad de asistencia desde tierra. Además, en ese instante los cuatro astronautas se convertirán en los seres humanos que más lejos han estado de la Tierra en toda la historia, superando el récord que ostentaba la accidentada misión del Apolo 13. La propia agencia no minimiza lo que implica: la NASA admitió públicamente que es una nave que nunca transportó personas más allá de la órbita terrestre y que los riesgos son reales. «No aceptamos nada que no sea perfecto; de lo contrario, estamos aceptando un riesgo mayor», declaró Peggy Whitson, exjefa de astronautas de la NASA.
El reingreso a la atmósfera terrestre es el otro momento de alta tensión. La cápsula entra a altísima velocidad, el escudo térmico absorbe el calor extremo y luego los paracaídas reducen la velocidad de más de 200 kilómetros por hora a menos de 30 antes del amerizaje frente a las costas de California.

Esta misión permitirá verificar el funcionamiento de la nave con tripulación antes de futuros alunizajes.
Más allá del destino
El programa Artemis no busca repetir al de Apolo. La diferencia principal es que esta vez la intención es quedarse. El objetivo a mediano plazo es establecer una presencia sostenida en el satélite, que sirva como base para operaciones más ambiciosas. La Luna tiene recursos que interesan tanto a agencias espaciales como a empresas privadas: hielo de agua —fundamental para producir combustible en el espacio— y helio-3, asociado a la energía de fusión. SpaceX y Blue Origin ya participan en el desarrollo de la infraestructura necesaria para llegar a la superficie en futuras misiones, mientras que la Agencia Espacial Europea aportó tecnología clave para la nave.
Otro factor determinante es que China tiene como meta poner humanos en la Luna antes de 2030, con especial interés en el polo sur lunar y sus recursos naturales. Estados Unidos ganó la carrera espacial en 1969, pero ahora se enfrenta al riesgo real de quedar en segundo lugar.

Los astronautas trabajarán junto a equipos científicos terrestres para facilitar experimentos que orientarán el desarrollo de futuras expediciones humanas.
El éxito de Artemis II es el requisito indispensable para el siguiente gran paso: la misión Artemis III, que marcará el regreso físico a la superficie lunar. Si todo sale según lo previsto, el alunizaje ocurriría en 2028, aunque esa fecha sigue sujeta a retrasos. El cronograma depende de que empresas privadas como SpaceX terminen de ajustar el sistema de aterrizaje —el Starship HLS—, una tecnología que todavía está en fase de pruebas. Por ahora, el desempeño de estos diez días es el paso necesario para validar las capacidades técnicas antes de que se intente, nuevamente, el descenso de una tripulación en la Luna.
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