Como nunca en nuestra historia, hoy tenemos un gobierno que en 30 días realizó más de 25 contrataciones sospechosas, inadecuadas o incluso ilegales en los cargos que más dinero ganan en el estado.

Por José Ignacio Beteta

Una de las características de la valentía es que aparece cuando debe aparecer, no cuando quiere. La madre que debe salvar a su hijo de ser atropellado no calcula el riesgo, se lanza a la vía para cargar a su pequeño. En este sentido, la valentía no espera el mejor momento, no hace matemáticas ni compromisos, es una virtud que detecta el bien que debe proteger y actúa en consecuencia, casi automáticamente.

¿Llegó el momento de ser valientes en Perú? Hace años que llegó. Y les pongo tres ejemplos de situaciones frente a las cuales nuestros líderes empresariales deberían haber levantado la voz muy fuerte desde hace tiempo.

La planilla y la burocracia del estado -también llamado gasto corriente- han crecido exponencialmente desde hace 30 años, mas no la calidad de los servicios que estas deberían garantizar. Dicho gasto corriente nunca se sacrifica. Puede caer la inversión en proyectos de infraestructura o servicios; se puede devolver dinero al Ministerio de Economía y Finanzas, pero la burocracia nunca disminuye ni se recorta. De hecho, el actual ministro de Economía ha afirmado que en el 2022 el presupuesto de inversión se reducirá “un poquito” y el gasto corriente se incrementaría en 7% (aprox. 13 mil millones de soles).

Esta simple pero catastrófica distorsión en la gestión de los recursos públicos fue una de las causas de la muerte de casi 200 mil peruanos debido a una pandemia pésimamente gestionada, con un sistema de salud estatal sin oxígeno, camas UCI o profesionales capacitados; y hoy está causando un desastre educativo en cientos de miles de niños que habrían perdido al menos dos años de productividad en el futuro, según diversos estudios.

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Según la Contraloría General de la República, aproximadamente el 13% del presupuesto anual del estado se pierde por actos de corrupción. Este porcentaje puesto en cifras significa más de 20 mil millones de soles al año, y esta cifra representa casi el total del presupuesto del sector Salud. Con 20 mil millones de soles se podría construir la mitad de un ferrocarril que cruce Sudamérica. Se podrían construir 3 o 4 puertos de primer nivel y cientos de kilómetros de carreteras rurales, centros hospitalarios y colegios.

Como nunca en nuestra historia, hoy tenemos un gobierno que en 30 días realizó más de 25 contrataciones sospechosas, inadecuadas o incluso ilegales en los cargos que más dinero ganan en el estado. Con estas contrataciones y nombramientos se ha permitido que capturen el enorme poder estatal personajes con un pasado claramente vinculado a la violencia terrorista. Ante esto, el gobierno ha hecho muy poco, y si algún cambio o retroceso hubo, pareció ser más un gesto estratégico para confundirnos que una verdadera señal de enmienda.

¿Cuál debe ser la actitud de nuestros líderes empresariales frente a esta situación? Es muy cierto que todas las empresas -inclusive las grandes- deben ser cautas y pasan por momentos difíciles. Gracias a ellas hay miles de familias con trabajo, comida y casa; inversiones y apuestas que han generado muchísima prosperidad. Una clase media pujante es el mejor testimonio de la importancia que tienen los empresarios peruanos, desde los grandes a los más pequeños. Es además entendible que su voz sea distinta, individualmente y a través de los gremios. Pero hoy, vivimos tiempos diferentes. No podemos hacer lo mismo y esperar un resultado distinto.

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Hay etapas históricas en las cuales el diálogo solo sirve si genera un cambio radical. Hay etapas históricas en las que “los grandes” deben dejar de ver lo que pueden perder individualmente, para contemplar con atención como todo lo que está a su alrededor se derrumba. Hay etapas históricas en las que guardar formas, bajar el tono, o sentarse en la mesa con quien te ha envenenado mas de una vez, puede ser incluso más peligroso.

La misma indignación que nos causa la violencia contra un niño, una mujer a una persona indefensa; la misma indignación que nos causa ver como se destruyen nuestros bosques o nuestro océano; la misma indignación que nos causa ver cómo se discrimina o insulta a alguien por su condición económica, racial, de género o religiosa; esa misma indignación debería brotar espontáneamente en nuestros líderes empresariales cuando observan como el estado es capturado desde hace años por una casta burocrática que solo consume recursos pero no produce ningún valor, que roba, malgasta, y sigue ganando un sueldo mes a mes, sin darle a los pobres nada a cambio.

¿Qué hacer? En primer lugar, perder el miedo. Tener principios claros. Poner los problemas en su justo lugar y prioridad. Apostar por la ciudadanía, por las ideas, por las regiones, por aquellos que reciben le mensaje equivocado una y otra vez. Alzar un poco más la voz, retar las ideas de quienes hoy atacan y atacan la libertad y ensalzan y ensalzan la intervención del estado. El empresario peruano ya fue valiente en muchas etapas de nuestra historia. Puede serlo nuevamente y es lo que toca. La valentía movida por la virtud siempre da buenos frutos; y hoy está en juego el bienestar de los que menos tienen, el bienestar la clase media emprendedora. Ser valiente por ellos, es ser valiente por todo el país.

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