El nuevo conductor aborda su relación con Beto Ortiz, su tensa entrevista con Rafael López Aliaga, la dispersión de candidaturas en las Elecciones 2026 y su licencia de Gestión luego de una larga etapa como director

Por: Fiorella Ramírez Menacho

Omar Mariluz inicia una nueva etapa en su carrera periodística al asumir la conducción de Cuarto Poder, el programa de investigación más visto de la televisión peruana. Abogado de formación y periodista de larga trayectoria, Mariluz llega desde Canal N, donde conduce un programa político diario, y desde el diario Gestión, medio del que fue director periodístico. Su incorporación se da en un año clave, el inicio del proceso electoral rumbo a 2026.

“Mi formación es, ante todo, de prensa escrita y especializada en economía, negocios y finanzas. El salto a lo audiovisual fue inesperado: primero la radio (RPP), luego la televisión por cable y, más recientemente, lo digital. Ha sido un tránsito curioso, porque aunque todo es periodismo, el lenguaje y las dinámicas del periodismo económico escrito son muy distintos a los del periodismo político en radio y televisión”, comenta en entrevista exclusiva con la Revista COSAS.

 

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—Tu programa económico en Canal N fue incorporando cada vez más lectura política. Luego, el año pasado abriste un canal digital en YouTube que explican temas de coyuntura con ese mismo ángulo. ¿Cómo te ha preparado esa experiencia para llegar a Cuarto Poder?

Lo que pasa es que a mí siempre me ha gustado la explicación. Más allá del tema económico, uno de mis principales retos ha sido tomar fenómenos que parecen complejos, estudiarlos, entenderlos y luego poder transmitirlos. Eso para mí es clave, sea desde la prensa escrita, la radio, la televisión o ahora los medios digitales. La idea de abrir ese canal no fue con ninguna expectativa de crecimiento o masificación, sino tener un espacio para abordar temas que me interesan y poder explicarlos en tiempos cortos. Esa experiencia lo que me deja es ese afán de periodista y de comunicador, seguir contando y explicando los fenómenos sociales que pasan en el país, tratando de alejar el apasionamiento, cuestionándome incluso a mí mismo y a lo que presento.

—En entrevista previa con COSAS, Beto Ortiz aludió a que aún te faltaba experiencia para conducir un espacio como Cuarto Poder. ¿Le darías la razón?

Yo respeto a todos los periodistas, especialmente a los que he visto y escuchado desde siempre. Respeto mucho las opiniones críticas y los cuestionamientos, los asumo, pero es difícil responder algo así porque es subjetivo. Así como Beto tiene una opinión, yo puedo decirte que para mí la propuesta de conducir Cuarto Poder fue sumamente halagadora. Es uno de los espacios más importantes del periodismo peruano, sobre todo del periodismo de investigación, y además en una coyuntura electoral compleja. No aceptar este reto me habría pesado en la carrera, como también me pasó cuando asumí la dirección periodística de Gestión. Era periodista económico y nunca había dirigido un medio, pero asumí el reto. Soy relativamente joven, sí, pero creo en mis convicciones y en mi trabajo periodístico. Asumo Cuarto Poder con alegría y con responsabilidad; finalmente, será la audiencia la que premie o cuestione ese proceso.

—¿Cuál crees que es hoy la mayor responsabilidad de ese rol?

Es grande, es una responsabilidad gigantesca, sobre todo en la coyuntura en la que estamos entrando. El proceso electoral va a ser polarizante, va a ser arduo, y Cuarto Poder es probablemente el espacio periodístico más importante de la señal abierta. En ese contexto, ser honestos con los hechos y empujar el periodismo de investigación sigue siendo crucial en momentos tan opacos como los que vivimos. Creo que las instituciones periodísticas todavía marcan la pauta a través de buenas investigaciones, y programas como Cuarto Poder, con el trabajo del equipo que lidera Vicky Zamora, lo han demostrado a lo largo de todo el 2025. La clave es que el elector tenga información completa para poder tomar decisiones correctas: ese es nuestro rol.

— Se tiene la impresión de que en Cuarto Poder, y en general en los programas periodísticos de América Televisión, el conductor evita asumir una postura ideológica y deja que la opinión se forme en el público. ¿Concuerdas?

Exacto. Yo puedo tener una opinión, todos tenemos una opinión sobre distintos temas, pero el rol de un programa como Cuarto Poder no es la opinión. Es la investigación: sacar a flote aquello que está debajo de la mesa, en la opacidad, en las penumbras, y ponerlo a la luz. ¿Para qué? Para que el elector tenga nuevamente toda la información y pueda tomar las mejores decisiones.

—¿Cuáles son los principios rectores del programa?

Un principio rector fundamental es la verdad, ante todo y pese a quien le pese. Llegar a la verdad y sacar los hechos a la luz mediante investigaciones, afecte a quien afecte, es un principio esencial del periodismo. Pero también lo es la democracia. Mantenerla y fortalecerla como la conocemos va a ser clave. Y agregaría la libertad: no solo para los ciudadanos, sino también para las empresas, para poder seguir invirtiendo y trabajando en el país. Finalmente, el fortalecimiento de las instituciones, que han sufrido un debilitamiento muy considerable, y eso tiene efectos reales —y lamentables— para el país.

—¿Qué tipo de invitados tendrá el programa en esta coyuntura electoral? ¿Sin importar la ideología política?

La idea es que, entrando ya en un proceso electoral, se sienten en Cuarto Poder los protagonistas. Idealmente, los candidatos, sobre todo los candidatos a la Presidencia de la República. Nos gustaría que se sienten todos, también los candidatos al Senado o al Congreso, pero eso es materialmente imposible: el programa es semanal y la fragmentación política es enorme.

Probablemente tengamos que centrarnos en los candidatos presidenciales, no sé si todos, porque es bien complejo. Seguramente estarán aquellos que generen más expectativas, quizá según encuestas, aunque sabemos que una encuesta es solo una fotografía del momento y eso va cambiando semana a semana.

Y, por supuesto, nos interesa que se sienten los protagonistas de la noticia. Si hay una investigación que involucra a un político o a una autoridad pública, siempre es clave tener la versión de los aludidos.

—Cuarto Poder cuenta con uno de los mayores presupuestos para investigación periodística en televisión. ¿Cuáles son hoy los grandes temas en agenda?

Es difícil precisarlo porque acabo de entrar. La unidad de investigación la dirige Vicky Zamora, que es sumamente profesional y con muchísima experiencia en periodismo de investigación. Yo recién he conocido al equipo hace pocos días, porque incluso el programa tuvo que salir de emergencia por la coyuntura de Venezuela y se aceleró el estreno. Para mí todo fue nuevo.

Pero la línea de investigación de Cuarto Poder y de América Televisión es bastante clara: investigación política, irregularidades en instituciones públicas, en funcionarios públicos, y la coyuntura va a ser clave. Los electores y los televidentes quieren saber si alguno de los potenciales candidatos tiene algo turbio, algo raro, algo que deba salir a la luz.

Por ahí, entiendo, se va a centrar parte importante de la investigación, además de lo que ya se viene haciendo, y que se viene haciendo muy bien en Cuarto Poder.

—Se ha percibido que algunos destapes recientes se han centrado en lo anecdótico, como la compra de panetones, bonos, etc. ¿Hay también una orientación hacia investigaciones más estructurales?

Yo ahí discrepo. En 2025 he visto investigaciones profundas y estructurales que han puesto a la luz niveles de corrupción en distintas instituciones del Estado y gobiernos regionales. Lo de La Libertad con César Acuña, las investigaciones sobre Pataz, me parecen trabajos muy sólidos. Lo anecdótico muchas veces refleja algo más profundo. Una clase política que opera con impunidad, desconectada de un país que vive en alta vulnerabilidad. El presupuesto del Congreso, por ejemplo, se ha más que duplicado en los últimos años; es el Congreso más costoso de nuestra historia. Puede parecer anecdótico, pero revela el deterioro de las instituciones.

—Claro. Pero casos como el de Juan José Santiváñez muestran hechos claros, pero sin consecuencias visibles. ¿Podría hablarse de un debilitamiento del “impacto” de los destapes?

No sé si se ha debilitado el impacto de los destapes. Yo creo que los destapes siguen siendo sólidos, fuertes, y se tienen que seguir dando, seguir sacando toda la basura que hay debajo de la alfombra. Ahora, cómo esto es recibido por la clase política es otra cosa. Creo que hay menos vergüenza de parte de la clase política; es verdad, más “cuero de chancho”, digamos. Pero la respuesta a eso no debería ser dejar de hacer investigación, sino todo lo contrario.

Un año de coyuntura política

—Con un escenario tan fragmentado y con candidatos que no superan el 10 u 11 % en las encuestas, ¿cómo se puede comunicar propuestas o fiscalizar desde un programa semanal? ¿Cuál será la estrategia?

Va a ser bien complejo, porque vamos a tener muchísimos candidatos. La idea es que cuando un candidato a la Presidencia vaya al programa pueda explicar el fondo de sus propuestas. Los tiempos siempre van a ser limitados, claro, pero creo que la gente va a querer conocer quién es el candidato que está detrás, sobre todo si empieza a generar expectativa en las encuestas. Hoy lo que vemos es una dispersión gigantesca y una actitud muy clara del elector: no sabe por quién votar. Yo lo veo en conversaciones con amigos y colegas; cuando preguntas “¿y tú, por quién?”, la respuesta suele ser “la verdad, no sé”. Hay mucho desapego, mucho descontento con la política, y eso se refleja en las encuestas y en el nivel de fragmentación que tenemos.

—En las últimas elecciones, las encuestas no detectaron a tiempo el crecimiento de Pedro Castillo. ¿Ese antecedente explica el cambio de Ipsos a Datum en América Televisión? ¿Qué debería medirse hoy para no repetir ese escenario?

Esa es una decisión más bien empresarial. No conozco del todo los motivos del cambio de Ipsos a Datum, y respeto a ambas. En Gestión trabajamos con las dos, aunque en encuestas de corte económico, y la experiencia fue buena en ambos casos. Es cierto que en el caso de Pedro Castillo su aparición se dio muy hacia el final, pero al final las encuestadoras trabajan con estadística, con fuentes abiertas, y están sujetas al escrutinio técnico. Siempre hay candidatos que critican a las encuestadoras, pero yo no me atrevería a dar una sentencia tan categórica sobre eso.

—¿Cómo imaginas entonces estas elecciones?

Me preocupa que algo parecido pueda volver a pasar. Cada vez más gente decide su voto en los últimos 30 o incluso 15 días. Alguna vez lo conversé con Augusto Álvarez Rodríguez, y él creía que mucho se iba a definir por un gesto final: una propuesta, una señal, algo que en las últimas dos semanas logre generar confianza.

Eso abre muchas preguntas: ¿en qué momento el elector empieza realmente a buscar a su candidato?, ¿dónde lo busca?, ¿cómo eso reconfigura la fotografía electoral? Porque es verdad que hoy la decisión se toma muy al final, y en esta elección eso se va a sentir todavía más, con una oferta gigantesca como nunca antes. Yo te soy honesto: no podría decirte el nombre de todos los candidatos ni de todos los partidos. Incluso entrevistándolos en Canal N, a veces me confundo con los nombres, porque son demasiados y muchos se parecen. Imagínate lo que eso significa para el elector.

—Phillip Butters y Pancho de Piérola son los nuevos jales de Panamericana, con estilos marcadamente confrontacionales y posiciones políticas claras. ¿Cómo te posicionas frente a ese tipo de conducción?

Para mí, en general, en la comunicación y en el periodismo —más allá del tinte político— es importante que existan medios de distintos tipos. Tú mencionas a Panamericana y a determinadas posiciones de algunos periodistas, y bueno, esa es la postura que ellos tienen. Yo también tengo opiniones sobre diversos temas; en algunas puedo coincidir y en otras no, y eso no está mal.

Creo que hay que verlo incluso con cierto optimismo. Hoy vemos a muchos periodistas que dicen: “abro mi canal de YouTube y comunico como quiero”, y eso termina siendo un emprendimiento, a veces incluso contratando a otros periodistas. Cada uno comunica desde su forma de ver el mundo, y luego entre ellos mismos discrepan o se confrontan. Al final, será el público el que premie o castigue el contenido. Ese me parece el punto central.

—Lo menciono porque ese estilo suele generar choques con determinados candidatos. En el panorama electoral, por ejemplo, tuviste un intercambio tenso con Rafael López Aliaga en Canal N, que algunos medios calificaron como una “discusión”. Hoy él lidera varias encuestas. ¿Qué opinión tienes sobre él?

Sí, de hecho me crucé con Rafael antes de irnos de vacaciones en Canal N. Lo saludé. Yo trato de no estar tan pendiente de lo que se dice en redes, salvo que sea algo noticioso o relevante. Para mí fue una entrevista, sí, un poco tensa, pero fue una entrevista.

Y así puede pasar con cualquier candidato con el que no encuentres puntos de coincidencia. De eso se trata también: de que las entrevistas sean tensas cuando corresponde, de poner sobre la mesa las incoherencias o contradicciones que el periodista percibe. No hubo ningún problema personal. Conversamos incluso para ver cuándo podía volver para otra entrevista.

Entiendo que luego se hicieron clips, se titularon cosas como “el periodista pierde”, pero eso ya forma parte de cómo se consume hoy el contenido. Para mí, fue simplemente una entrevista más.

—Se dijo que tenías intereses con USAID

Sí, ya salieron esos discursos, cualquier cosa. Al final, como el contenido es abierto, cualquiera lo puede agarrar, editar; existen los trolls y existe de todo. Es parte del nuevo ecosistema digital en el que vivimos. Pero creo que eso no debe paralizar ni afectar el trabajo periodístico ni el trabajo de entrevistas que uno hace. Para mí, Rafael López Aliaga es como cualquier otro candidato: alguien que intenta convertirse en presidente de la República, al igual que Keiko Fujimori, César Acuña, Rafael Belaúnde o Carlos Álvarez, por mencionar algunos. Nosotros, como periodistas, estamos más que dispuestos a seguir invitándolos, sea en Canal N o en Cuarto Poder, para hacerles las preguntas que correspondan sobre los temas que estén en debate, sobre sus planes de gobierno o los cuestionamientos que surjan en ese momento. Personalizar las cosas no hace bien. Podemos tener conversaciones tensas, claro que sí, pero ahí queda. Siempre he intentado que con ningún invitado se pase al plano personal.

—¿No es difícil evitar ese plano personal, considerando que en campaña también se evalúa la vida de los candidatos?

Cuesta, sí. Me pasó, por ejemplo, en la época de Pedro Castillo, cuando estaba en RPP, porque había cosas que me sacaban mucho más de quicio. Pero incluso ahí trataba de no ser visceral. Cuando estás en vivo, a veces la intensidad gana, pero trato de no mezclar lo emocional ni los sesgos o pre-pensamientos al momento de preguntar. La idea es concentrarse en el cuestionamiento puntual, en los hechos, y en lo que el invitado tiene que responder.

—¿Qué va a pasar con Gestión ahora que asumes la conducción de Cuarto Poder? ¿Dejas la dirección periodística?

He entrado en una licencia por este año, una licencia periodística de la dirección de Gestión. No ha sido una decisión fácil. Gestión es un medio al que quiero muchísimo, no solo como periodista especializado, sino también porque ahí trabajé desde practicante, incluso cuando Julio Lira era el director. Pero conducir Cuarto Poder, mantener un programa político diario en Canal N y, además, seguir a cargo de la dirección periodística de Gestión no era posible.

La licencia no significa necesariamente “un año y listo”. También me permite evaluar esta etapa en lo personal y profesional. Es una decisión que implica riesgos, claro, y tampoco fue fácil cortar de golpe con Gestión. Por eso mantengo mi columna de opinión todos los lunes y colaboro de manera externa en algunos temas editoriales, de forma muy puntual, esporádica, y más enfocada en la coyuntura electoral.

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