La historia de esta casa es también el relato de una amistad. Javier Saavedra y Rodrigo Velasco, socios de DA-LAB, son mejores amigos desde los 10 años, y, desde esa edad, sabían que lo suyo era la arquitectura. Luego de graduarse en la UPC, cada uno trabajó en diversos estudios locales. Pero, en 2013, a pedido de un muy buen amigo de los dos, diseñaron juntos esta casa de playa. “Nos dijo que no sabía a quién de los dos escoger y si nos animábamos a hacerla juntos”, recuerda Saavedra. DA-LAB nació en ese momento, pero, para terminar esa primera casa, pasarían dos años. Cuando ya se había diseñado la Casa Unno, el proyecto se tuvo que dejar en casco porque el dueño se iba a estudiar una maestría en Europa. A su regreso en 2015, Saavedra y Velasco habían evolucionado su visión del diseño y el cliente tenía nuevas ideas en mente. El proyecto tomó un nuevo rumbo.

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El tercer piso, donde se ubican las áreas comunes y la piscina, intercala el segundo y el cuarto, donde se encuentran los dormitorios.

Para empezar, el cliente les pidió demoler una antigua casa hacienda en Huaral que estaba hecha íntegramente de pino oregón, material con el que ahora contaban en abundancia para la Casa Unno. Por su lado, la dupla creativa de DA-LAB replanteó el proyecto en cuanto a los acabados y, en algunas partes, la distribución. Incluso, se demolieron partes del casco.

Vista de la sala de la casa, en la que destaca el sofá de obra.

Vista de la sala de la casa, en la que destaca el sofá de obra.

Confluencia de visiones

La Casa Unno, ya terminada, se ubica en un terreno rocoso, en una pendiente que mira al océano, a una altura de quinientos metros sobre el nivel del mar. Por lo mismo de estas características, hubo dos factores que se buscaron aprovechar. Por un lado, la estupenda vista y, por el otro, la presencia de la piedra como elemento natural. “La distancia sobre el mar nos permitió lograr un efecto infinity impecable en la piscina, la cual cubre todo el ancho del frente de la casa, lo que te libera de usar barandas que interrumpan la vista. Además, la incorporación de la roca en partes del proyecto da la sensación de que el cerro respira a través de la casa”, apunta Rodrigo Velasco.

La cocina, integrada en las áreas sociales.

La cocina, integrada en las áreas sociales.

La casa tiene cuatro plantas. La premisa principal dictada por el cliente era contar con dos pisos de dormitorios separados en el medio por otro de áreas comunes. Los arquitectos aseguran que el tercer piso es el más importante. Es, señalan, donde se pasa la mayor parte del tiempo. El primero está dedicado a los estacionamientos.

Dos muros laterales en diagonal enmarcan la casa. Pero, por dentro, se centraliza toda la circulación vertical en una escalera de doble tramo. Esta sube con vista, por un lado, al cerro rocoso y, por el otro lado, al mar. La forma de la casa está dada por el escalonamiento que dicta la pendiente del terreno. Las plataformas en las que se desglosa el programa de la casa se organizan según las vistas y los escenarios de cada piso. Los arquitectos afirman que las sensaciones a las que aspiraban con este diseño eran de modernidad y minimalismo. Sin embargo, no querían dejar de lado el componente rústico y acogedor. Por ello el uso de contrastes fuertes en los materiales elegidos, sobre todo en las áreas comunes.

La forma de la casa está escalonada por la pendiente del terreno. El concreto y la madera son protagonistas.

La forma de la casa está escalonada por la pendiente del terreno. El concreto y la madera son protagonistas.

Por otro lado, todos los dormitorios son simples y funcionales, en palabras de sus artífices. Paredes blancas, poyos fijos cubiertos de microcemento, luces de lectura. Cuesta preguntarse qué hubiera pasado si el proyecto se terminaba en 2013, como se había planeado en un principio. Las posibilidades que se desataron luego de dos años de exploración lograron un resultado satisfactorio. No pudo haber mejor inicio para DA-LAB.

Texto: Stefano De Marzo

Fotos: Renzo Rebagliati