Ro de Rivero ha vivido en diferentes ciudades: Miami, Nueva York, Los Ángeles y Lima, por supuesto. Pero quizá recuerde con especial emoción el tiempo que pasó en su casa de Naplo. Los largos veranos de la infancia, entrando y saliendo del mar, caminando siempre descalzo. “Crecí en una casa de playa y toda la vida me permitieron hacer lo que quería con mi espacio. La casa de playa tienes que disfrutarla, y eso es justamente lo que quería conseguir con esta: que sea un lugar para el goce”, asegura el interiorista, sentado al pie de la piscina, en la terraza de Señoritas. La evocación de De Rivero conectó con la memoria de los propietarios de la casa, a quienes, además, conoce íntimamente. Se trata de una familia joven, con hijas pequeñas, cuya vida gira en torno al mar: corren tabla, practican buceo, nadan. En ese sentido, la casa no solo debía privilegiar la vista frontal al mar, sino que debía ayudar en la interacción de sus habitantes con el entorno.

 

En la sala principal, De Rivero crea una atmósfera subacuática. Un bambú de madera protege de las escaleras abiertas: las formas orgánicas son una constante del interiorista.

En la sala principal, De Rivero crea una atmósfera subacuática. Un bambú de madera protege de las escaleras abiertas: las formas orgánicas son una constante del interiorista.

El comedor de diario coronado por fotografía de Melissa Dupont.

El comedor de diario coronado por fotografía de Melissa Dupont.

No es blanca, no es pulcra. No quiere serlo. Apuesta por materiales cálidos, como la madera, la cerámica y el yute, e incorpora elementos inusuales, como la alfombra de la sala principal. El trabajo de De Rivero comenzó desde que el proyecto estaba en planos. Se trata de una casa de tres niveles y un semisótano, del arquitecto Ricardo Malachowski. El decorador pudo intervenir en decisiones como el piso de travertino (poroso para la zona de la piscina y liso para el resto de la casa); las escaleras sin barandas, de madera con filo de aluminio; y el jardín interno, con un árbol de meijo cuya copa deberá llegar hasta el piso más alto en algunos veranos más. El interiorismo se llevó a cabo en dos etapas: la primera, el verano pasado, fue muy básica y simplemente acondicionó el edificio recién entregado para que la familia pudiera pasar su primer verano; la segunda se acaba de completar. La casa está lista para vivirse en cualquier estación.

En la terraza la madera y el verde contrastan con el mármol que recorre toda la casa.

En la terraza la madera y el verde contrastan con el mármol que recorre toda la casa.

Mar de posibilidades

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El punto de partida de Ro de Rivero fue una fotografía que corona la sala interior: un retrato bajo el agua de Laura Batticani, producido para la presentación del interiorista en Casa Cor 2013. De esa imagen, fue extrayendo los colores y las sensaciones que visten la casa. Eligió un turquesa matizado para la pared principal, y lo combinó con un gran sofá blanco en ele, cojines de yute y lino, y telas en amarillo y azul marino. En la tapicería y los adornos, utilizó motivos marinos (anclas, embarcaciones), pero quiso escapar del cliché a través del contraste entre formas orgánicas (la base de la mesa de centro es un gran tronco, tosco) y decisiones como la alfombra o la gran lámpara de madera avejentada. El diseñador se permitió jugar con otros elementos menos literales: el granito elegido para el aparador de la cocina tiene los colores del fondo del mar, y la pared del comedor y de la cocina está pintada en arena.

El dormitorio principal, con puntos de color en los cojines y la tela artesanal de la selva peruana. Sobre la cama, arte de Melissa Dupont y de Paulina Salazar.

El dormitorio principal, con puntos de color en los cojines y la tela artesanal de la selva peruana. Sobre la cama, arte de Melissa Dupont y de Paulina Salazar.

La terraza incorpora elementos de la naturaleza (palmas como centro de mesa), materiales más sofisticados (macetas de mármol), y evoca la memoria de sus habitantes (adornos en cerámica que se parecen a aquellos que la propietaria tuvo en su casa de playa cuando era niña). Resulta interesante saber que el color original de la tela de las sillas de director, que rodean el comedor exterior, y de las tumbonas era el azul marino, y que en un año el sol las decoloró. Sin embargo, el nuevo celeste gustó tanto a De Rivero que decidió no reemplazar la tela. “Los elementos –el sol, la humedad– también juegan un papel muy importante, y me gusta que se note su paso”, explica el diseñador. En su propuesta, es importante que la casa se deje tocar por la playa. Y que despierte nuevos recuerdos frente al mar.

La atención se concentra en su terraza, donde se encuentra la cama de día.

La atención se concentra en su terraza, donde se encuentra la cama de día.

Texto: Rebeca Vaisman

Fotos: Phoss