El desierto de Sarapampa volvió a convertirse en el punto de encuentro más importante del off-road peruano con el regreso del Toyota Land Cruiser Jamboree. Tras seis años de ausencia, el evento reunió a más de 400 camionetas Toyota en la edición más grande de su historia, consolidándose como el encuentro off-road más grande del país.

Por: Pablo Panizo |  Fotos: Franco Rospigliosi

Seis años tuvieron que esperar los fanáticos de Toyota para volver a vivir el Toyota Land Cruiser Jamboree. La tradicional reunión de amantes del off-road —organizada anualmente por Toyota en el desierto del sur de Lima— volvió a ver la luz tras una larga pausa. Su regreso ha sido por todo lo grande: con más de 400 camionetas Toyota inscritas, se trató de la más grande de sus 16 ediciones. Es, por lejos, el evento que reúne a más camionetas en el Perú, contando incluso con cientos de familias de las diversas regiones del país.

Se entregaron más de veinte premios distintos.

Fernando Abad, Juan Abad y Juan Abad Roca.

Nicolás Fuchs, Lucho Mendoza Jr., Lucho Alayza y Joel Castillo, gerente de Marketing de Toyota.

Eduardo Schaus, Willy Guerra y Eduardo Schaus.

Es el evento que reúne a más camionetas en el Perú, con la participación de cientos de familias provenientes de todo el país.

Celia y Juan Manuel Dupuy.

Padres e hijos pilotearon juntos en las dunas.

Nicolás Bellido, ganador de la categoría Mejor Land Cruiser Serie 70.

Lucho Mendoza Jr., Nicolás y Thiago Gaspard.

Se habilitaron circuitos libres de nivel básico y avanzado.

Emilia, Fernando y Fernando Miró Quesada.

“La gente ve a Toyota como parte de la historia del país”, piensa Lucho Mendoza Jr., piloto de Toyota Gazoo Racing —TGR, el equipo oficial de automovilismo de la marca nipona— y una de las cabezas en la organización del evento. Y no le falta razón. Hay algo en los ‘toyoteros’ que los hace fieles seguidores de la marca. Generación tras generación, padres, hijos y abuelos atesoran sus Toyota como sus bienes más preciados. Las cuidan, les ponen nombre, las modifican para nuevas aventuras y las conservan siempre a su lado, manteniendo viva una mística única entre vehículo y conductor. Con el tiempo pueden cambiar de carro, pero muy difícilmente cambian de marca.

La celebración del off-road

Con la misión de extender la cultura del off-road, el XVI Toyota Land Cruiser Jamboree 2026 pensó en cada tipo de ‘toyotero’. Al tiempo que las familias disfrutaban del food court, juegos, sorteos y hasta una búsqueda del tesoro, la organización diseñó circuitos de hasta cuatro kilómetros para conductores de nivel avanzado y básico, animando a los conductores a ponerse a prueba con la tranquilidad de tener el mejor soporte del equipo Toyota. Hubo ocho camionetas equipadas con eslingas, además de ambulancia 4×4 y 30 especialistas listos para ofrecer socorro frente a atollos, emergencias mecánicas o alguna eventual volcadura.

Se instaló también la Escuela 4×4, en la que conductores nóveles pudieron inscribir su vehículo para aprender junto a pilotos experimentados todos los secretos de esta disciplina, desde la presión óptima para los neumáticos hasta la lectura de las dunas y la técnica correcta para atacarlas, manteniendo una aceleración progresiva y constante. El éxito fue notable: más de 180 inscritos debutaron en el escenario del off-road. “Eso quiere decir que la familia ha crecido y hay varios pilotos nuevos que han venido por primera vez”, explicó Lucho Jr.

El XVI Toyota Land Cruiser Jamboree 2026 fue sin dudas el escenario ideal para esos pilotos que quieren probar por primera vez qué tan resistentes son sus vehículos —y de qué son capaces al volante—. “Las camionetas de Toyota están hechas para divertirse, para viajar y para enfrentar rutas complejas, y acá es donde pueden sacarle el jugo. Y eso refuerza la buena decisión que han tomado los compradores. Muchos de quienes han venido hoy traen amigos o familiares, y la idea es que se vayan sumando cada vez más fanáticos de la marca Toyota y reconozcan sus atributos principales, que son la calidad, la durabilidad y la confianza”, comentó Joel Castillo, gerente de Marketing de Toyota.

Despedidas y bienvenidas

Los asistentes dedicaron un minuto de palmas a la memoria de Lucho Mendoza, padre de Lucho Mendoza Jr., creador de este evento y considerado por muchos como el padre del off-road peruano. “A él le gustaba mucho que la gente se reúna y buscar en general el bien común del off-road que tanto quería”, comentó Lucho Mendoza Jr.

Lucho Mendoza, creador del Toyota Jamboree.

La vida debe continuar y, a pesar de la tristeza por su partida, los toyoteros se mostraron también alegres por la confirmación de que Nicolás Fuchs es por primera vez parte del equipo Toyota Gazoo Racing. Con la experiencia de tres Rally Dakar y seis años en el World Rally Championship, el que para muchos es el mejor piloto del país ha llegado a una marca que siente como su segunda casa.

Pocos lo saben, pero Fuchs ha sido siempre fiel a Toyota. En su familia han habido, entre otros, vehículos Land Cruiser, 4Runner y Land Cruiser Prado. De hecho, al Jamboree llegó en su Hilux, una moderna pick up totalmente equipada como camper, con la que viaja por el país. “Mis inicios fueron en un Toyota Corolla. A mí y a mi familia siempre nos ha gustado la marca, yo soy ‘toyotero’ toda la vida”, confesó tras una larga firma de autógrafos junto a Lucho Alayza, compañero de equipo.

Alayza, Fuchs y Mendoza han formado un ‘dream team’ de pilotos con el que Toyota Gazoo Racing apunta a quedarse con una nueva edición de Caminos del Inca, conduciendo los GR Yaris en los que ya trabajan. “Hay muy buenos autos en la categoría, pero tenemos creo que la mejor marca de todas y vamos a salir a pelearles. Toyota viene siendo campeón del mundo de rally hace muchos años y esperemos hacerlo acá en Perú”, expresó Fuchs durante su presentación.

Las dunas de Sarapampa dieron batalla a los corredores.

Más de 400 camionetas participaron.

Las camionetas Toyota son las más queridas por los peruanos.

Fue un reencuentro automovilístico y familiar.

Los niños asistentes ensayaron con simuladores de manejo.

Toda una familia vistiendo los polos del evento.

Joel Castillo, gerente de Marketing de Toyota, asegura que el Jamboree no solo se disfruta por los pilotos, sino también por las familias.

El calor no fue un impedimento para disfrutar del Jamboree.

Padre e hijo junto a su camioneta remodelada.

Hubo algarabía y celebración.

Los niños se enamoran de las camionetas Toyota desde temprano gracias a eventos como el Jamboree.

Los pilotos más entusiastas con el recorrido son los que coleccionan Land Cruisers clásicas.

El verdadero motor del Jamboree

Si algo termina de explicar por qué más de 400 camionetas Toyota pueden reunirse en un mismo desierto, no es solo la mística ni la tradición: es la confianza. Una confianza construida con los años, con los kilómetros y con historias que se transmiten en casa.

Basta caminar unos metros entre las filas de camionetas del Jamboree para entenderlo. Ahí conviven, sin jerarquías, distintas generaciones de la marca: desde las clásicas FJ de los años 60 y 70 hasta modelos más recientes como la Hilux, la Fortuner, la Land Cruiser Prado, la nueva 4Runner —lanzada el 2025— y las distintas variantes de Land Cruiser que han marcado época. Cada una con su historia, sus modificaciones y su carácter, pero todas unidas por una misma promesa: no fallar.

Para el surfer Juan José Corzo, ex campeón nacional de Longboard y Campeón Mundial por equipos en 2010, esa relación comenzó casi como un ritual familiar. “Mi papá se compró la Land Cruiser FJ62, que ha sido el carro de sus sueños, y el primer día que lo compró me subí y aluciné”, recuerda. Desde entonces, las camionetas Toyota han acompañado cada etapa de su vida. Hoy, en su familia conviven tres generaciones de Land Cruiser —una FJ62 del 89, una Serie 80 del 92 y una Serie 105 del 2000— cada una con un propósito distinto: viajes, dunas o trabajo. “Nunca nos han dejado botados. Si hay algo que solucionar se soluciona al toque, y eso te da una seguridad que solo Toyota te puede dar”, explica. No es casual que las use también en su escuela de surf para recorrer el litoral peruano: en ese contexto, la confiabilidad no es un lujo sino una necesidad.

Algo similar ocurre con Ricardo Franco, ingeniero mecánico colombiano que lleva dos décadas en el Perú. Su historia con Toyota empezó en 1985, con una FJ43, y desde entonces no ha dejado la marca. La camioneta que hoy maneja —una FJ del 84 restaurada por él mismo— es prueba de ello. “Es un vehículo extremadamente confiable, el vehículo ícono de todo lo que ves acá”, dice, mientras señala el mar de 4×4 a su alrededor. Para él, la clave es simple: “Es un carro al que le das la llave y te lleva siempre”. Ha probado otras marcas, pero siempre vuelve a la misma conclusión: cuando se trata de garantizar que alguien llegue y regrese sin problemas, Toyota es la elección.

Esa certeza, repetida una y otra vez en distintas voces, es la que termina de darle sentido al fenómeno. El Toyota Land Cruiser Jamboree no es solo una reunión de amantes del off-road. Es, sobre todo, la confirmación de una relación que resiste el paso del tiempo: la de cientos de conductores con sus Toyota.

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