A inicios de los 2000, cuando el estilo apático era la regla en las pasarelas, los desfiles del estadounidense imponían frescura. Detesta trabajar con personas que no disfrutan lo que hacen y es un defensor de la naturalidad. Conversamos con él, horas antes de la fiesta que celebró en la Tate Modern, para el lanzamiento de su nuevo perfume.

Texto: Isabel Miró Quesada

“¡Vicuña!”, me dice Michael Kors observando mi chal cuando entro a su suite en el Claridges hotel de Londres, “¡De la tierra de Mario Testino!” En unas horas será la fiesta de su nuevo perfume en el Tate Modern, pero, amablemente, me ha concedido unos minutos. Hay ciertas personas que uno siente conocerlas desde siempre y él es una de ellas. ¿Será que es uno de los jueces de Project Runway? Pero de hecho, nunca he visto ese show. ¿Será la simpatía con la que se dirige a todos, sin nada de divismos? Sin duda. Pero hay algo más.

Por: Mario Testino. Michael Kors con su esposo, Lance LePere, y Gigi Hadid, retratados para “Vogue”.

Recuerdo sus pasarelas en Nueva York de hace más de diez años. Eran distintas a las demás: Zac Posen, Diane Von Furstenberg, Alexander McQueen… a principios de la década del 2000, las caras de las modelos en los grandes desfiles eran casi de fastidio. Y, al finalizar, los diseñadores apenas se asomaban a saludar al público. Michael, no. Sus modelos sonreían, caminaban casi bailando y, en sus efusivos agradecimientos finales el diseñador recorría toda la pasarela, saludando vivazmente e intentando hacer contacto visual con la mayor cantidad de gente posible. Es que a Michael Kors, como bien dice, le gustan las personas.

“Creo que para ser diseñador de moda tienes que poder anticiparte a lo que el público va a querer. Tienes que tener esa cualidad, casi de misticismo, de poder conocerlos más que ellos mismos. A mí, me ayuda mucho que, sinceramente, disfruto escuchar a la gente, leerla”, me explica mientras nos sentamos para empezar la entrevista. Pero se interrumpe y me pregunta por Mario Testino, quien está a cargo de las campañas de su marca desde hace muchos años. “Ambos somos optimistas y nos gusta buscar la alegría en las cosas. Honestamente, luego de tantos años, he hecho campañas con todo el mundo; y ya no quiero estar rodeado de gente que no encuentra placer en lo que hace. ¡Tenemos tanta suerte de poder hacer lo que hacemos! Y Mario sabe esto”.

Wouter Peelen protagonizó la campaña masculina de Otoño 2016, que entonces ya estaba a cargo del fotógrafo Mario Testino.

Hace poco celebraste 36 años en el mundo de la moda. ¿Qué lecciones has aprendido?

Si sientes que “has llegado a la cima”, es porque estás acabado. El de esta industria es un mundo que siempre evoluciona, y la moda y la belleza deben poder reflejarlo. ¡Ha cambiado tanto desde que empecé! Nunca debes perder la curiosidad, ni la capacidad de confiar en tu instinto: en cómo percibes lo bello, cómo vivimos, cómo viajamos… Sin eso estás perdido.

¿Siempre te has sentido afortunado de pertenecer a esta industria?

En toda mi vida solo consideré dos opciones: o ser una estrella de Broadway, o un diseñador de moda. De joven tomé clases de actuación en Nueva York, pero no canto muy bien y, definitivamente, no puedo bailar. Entonces, la cosa estaba complicada. Pero, al mismo tiempo, me iba sintiendo cada vez más atraído por la moda. Creo que la mayoría de las personas de esta industria se olvidan la suerte que tenemos de poder dedicarnos a una profesión en donde estamos rodeados de belleza, en un mundo tan complicado. Y debemos celebrarlo.

Tate Modern de fiesta. Martha Hunt, Michael Kors, Edita Vilkeviciute y Soo Joo durante el lanzamiento de Sexy
Ruby Fragrance.

¿Lo celebras en tus pasarelas?

Visto a una cantidad muy amplia y diversa de personas: desde los 16 años hasta los 80, de todas las tallas, razas, tamaños y religiones. Entonces, al momento de los desfiles, no visto a las modelos como “maniquí”. Visto a mujeres que, sucede, son modelos. Para esto, lo primero que hago es conocerlas: les pregunto cómo es su familia, de dónde son, dónde viven ahora y, luego, intento vestirlas de una forma que se sienta personal. Lo último que quiero es que la ropa se vea como en una vitrina. El mayor halago que puedo recibir de parte de ellas, es que, acabado el desfile, me pregunten si se pueden quedar con la ropa. Ver a las modelos felices al finalizar un desfile es un signo de que todo ha sido un éxito. Es la culminación de un proceso largo y trabajoso. Como si hubieras dado a luz, y el bebé es inteligente, saludable, hermoso, feliz… ¡Todo al mismo tiempo!

Portia Freeman en la fiesta de lanzamiento de Sexy Ruby.

¿Cómo definirías a la mujer Michael Kors?

Las mujeres que más me intrigan son aquellas que se conocen bien. Antes era difícil saber qué es lo que le quedaba bien a uno, porque las personas no se fotografiaban tanto como ahora. Pero hoy, nadie tiene esa excusa. Ahora, en todo caso, se puede pecar de “quedarse congelado”, es decir, no tener un estilo u opinión. O lo opuesto, cambiar tanto de looks que no hay lugar para un verdadero estilo. Yo considero que alguien consistente, en un mundo muy anterior al de las fotografías instantáneas, fue Jackie Kennedy. Si la ves a través de las décadas te darás cuenta de que siempre entendió muy bien la moda, y supo elegir lo que le funcionaría mejor a ella. Nunca se “congeló”. Creo que sabía, por ejemplo, que tenía hombros anchos y no le quedaban bien los escotes pronunciados, y le gustaban sus piernas. El pelo cambió. Los anteojos siempre fueron grandes, ¡pero a veces enormes! Y, para mí, eso la hace mi Bellwether. Porque se conocía, y porque sabía cómo cambiar.

Sexy Ruby. “Mi intención era que se sientan poderosas y sexys usando este perfume todo el día”, dice Kors.

Lea el artículo completo en la edición impresa de la revista Cosas Moda.