La ciudad que antes daba la espalda al mar hoy mantiene una agenda de todo el año para competencias de natación de aguas abiertas en sus playas. La última de estas, celebrada el 27 de febrero en Asia, congregó a más de doscientos veinte nadadores de distintos niveles para participar en la denominada Nadada de la Amistad, que, como indica su nombre, fue la oportunidad perfecta para que equipos de clubes y grupos de aficionados se encuentren y compartan un día en familia. Pero es en el entrenamiento de semana a semana, sin importar si se asoma el sol o cuál es la temperatura del agua, cuando los nadadores demuestran su constancia. Sin duda, ninguna piscina se compara con la belleza y el placer de nadar en nuestro litoral.

De izquierda a derecha: Gloria Jiménez, Edgardo Merino, Caterina Vella, Karin Scheuch, Aída Davis, Soledad Cunliffe, Cristina Tudela, Fernando Barco, María Isabel Scheuch, Caroll Cailleaux y Paola Denegri.

De izquierda a derecha: Gloria Jiménez, Edgardo Merino, Caterina Vella, Karin Scheuch, Aída Davis, Soledad Cunliffe, Cristina Tudela, Fernando Barco, María Isabel Scheuch, Caroll Cailleaux y Paola Denegri.

Así, Cristina Tudela, de 61 años, y Aída Davis, de 68, nadaban juntas en la escuela Aqualab como parte del equipo máster de Tater Ledgard.

–Aída: He nadado de chica, en piscina, para la selección del Perú. A los 14 años iba a los Juegos Panamericanos, pero dejé de nadar a los 31. Tater, el hijo de Walter Ledgard, me convenció de entrenar nuevamente. Allí fue que conocí a Cristina, quien nos dio las malas ideas de competir internacionalmente.

–Cristina: Sabía que les iba a gustar.

–Aída: Así empezó el movimiento máster en el Perú, cuando formamos la Federación de Natación Máster. Lo del mar se dio porque era rico, trataba de buscar a alguien que quisiera entrar al mar. Cuando nadaba en Las Palmas, yo era la única que pasaba las olas, y la isla no se veía tan lejos, así que iba y regresaba sola. Luego empecé nadando con los de la Federación de Subacuática.

–Patricia: Recuerdo que me decían, Aida Davis, una señora de 50 años que nada en el mar, pensaba: “¡Asu, 50 años y en el mar”.

Patricia Woyke de Essant, profesora de windsurf, alpinista, campeona nacional de remo, maratonista y ciclista, quiso hacer una triatlón en 1999, a los 44 años. “Pero nadaba en estilo perrito, así que tuve que aprender la forma recia de nadar. Con Gloria Jiménez nos metimos a un curso de salvataje con la policía, allí aprendimos a meternos a las playas de Villa, Conchán, San Antonio, las más bravas. Eso sí, nadando como un pescador, no necesariamente con un estilazo”.

Con la habilidades deportivas de Cristina y Aída en el agua, Patricia y Gloria aportaron la sabiduría del mar y, junto a otra decena de nadadores más formaron un grupo que se reúne constantemente en la playa de Las Palmas, en Asia. Juntos suman fuerzas, habilidades y algunas embarcaciones elementales como los kayaks para darse seguridad en las nadadas nocturnas. Y así se pasaron los últimos diecisiete años.

–Cristina: Para nosotros el terror está en salir del agua.

–Patricia: Si te agarra la primera reventada de la ola, que es un sacudón bien fuerte, te pegas al piso y te agarras con las uñas de la arena. Mi primera competencia fue en 2011 en la Travesía Bahía de Paracas. Les gané a todos por saber navegar porque nadaba como decía en el manual: “Brazo derecho, mételo al agua, dobla el codo, jala para atrás”. Cuando llego a la orilla y no veía a nadie, la jueza me dice: “¡Ganaste!”, y yo: “No cochinees”.

–Gloria: En aguas abiertas no gana el nadador más rápido, sino el que tiene mejor estrategia. Tienes que saber navegar y conocer las corrientes.

–Patricia: En Paracas hay un viento sur bien fuerte que si te agarra, acabas en Chincha. La gente calculaba el viento sur y en vez de ir por el medio del mar, se fueron bordeando la orilla. Yo me decidí por el medio porque veía que el fondo del mar estaba “chupinoso”, o sea que se mueve un poquito, significa que tenía el viento norte.

¿Por qué a nadie se le había ocurrido nadar en aguas abiertas?

–Aída: ¡A José Olaya se le ocurrió!

Caroll Cailleaux ha nadado varias veces la Travesía San Lorenzo (5,5 km), pero no la Travesía de Olaya (22 km) porque es demasiado larga, disfruta más de los nados cortos. Entrena todos los días, verano e invierno, en la piscina y el mar. “Donde nado es en Ancón, que son dos millas náuticas (3,7 km). Sales al mar abierto, y de ahí entras a la bahía, con corriente, con todo. Eso llevamos haciendo desde hace quince años con mi grupo. Por seguridad, siempre salimos acompañados de zodiacs. También tenemos otra ruta que es La Herradura-Waikiki, que muchas veces hacemos en invierno”, nos cuenta.

Edgardo Merino entrena a nadadores de aguas abiertas en su academia Edgardo Merino H2O, que funciona en los clubes Árabe Palestino, Las Garzas, Country Club Villa, Golf Los Inkas y La Planicie.

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Texto: Caroline Mercado
Fotos: Edward Alba