La cocinera, escritora y activista gastronómica acaba de ser nominada al prestigioso Basque Culinary World Prize, un premio del País Vasco para chefs con iniciativas transformadoras. En un país con alarmantes cifras de desnutrición infantil, Karissa busca transmitir sus conocimientos en educación alimentaria a niños y adultos. En esta entrevista, nos cuenta su historia y qué la impulsa cada día a continuar con su ONG, “La Revolución”.  

Por María Alejandra López / Fotos de Javier Zea

“La Revolución” es un espacio ambientado para niños: hay banderines festivos que cuelgan desde el techo, varias mesas y sillas pequeñas que llenan una sala, y cientos de dibujos pegados en las paredes.

A simple vista, podría parecer un nido o un taller de arte. Sin embargo, “La Revolución” es algo más. En el 2012, cuando Karissa Becerra fundó su ONG, sintió que tenía una misión que cumplir: enseñarle a niños y adultos a comer de forma consciente. “Cuando tuve a Mayu lo entendí: un hijo depende de ti y tus decisiones”, explica Karissa. “Y hay varios niños que no pueden desarrollar todas sus capacidades porque no están bien alimentados”.

Para Karissa, no se trata de alimentar a los niños con frutas y verduras sin que se den cuenta, sino de construir una relación entre ellos y sus alimentos. “No quiero preparar un keke con brócoli para que se lo coman, quiero que se coman el brócoli porque lo conocen. Busco que disfruten y aprendan a comer bien”, enfatiza.

Cocina social

Karissa siente inclinación por los proyectos sociales. “Siempre he querido contribuir a que las cosas cambien y mejoren. Está en mi sangre y no lo puedo evitar”, explica. Esa vocación la llevó a las aulas de Filosofía de la PUCP. “Me costó muchísimo terminar mi carrera, porque no encontré un vínculo cercano con la realidad”, confiesa. En la universidad conoció a su primera socia, Sandra Salcedo, y fundó Manchamanteles, la primera empresa de food styling en el Perú.

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Tras dedicarse de lleno a su empresa, viajó a Nueva York para estudiar cocina en el International Culinary Center. Allí descubrió la conexión de los alimentos con el ecosistema. “Empecé a entender la importancia que tienen las estaciones y su relación los insumos”, cuenta Karissa. Con esa base y sus conocimientos en slow food, movimiento que combina placer y conocimiento en la gastronomía, descubre a dónde quiere dirigir su camino: educar a las personas a través del gusto.

Su primer libro, Cocina de colores (USMP, 2009), elegido en los Gourmand World Cookbook Awards 2010 como uno de los tres mejores libros en el mundo para niños y familia, busca que los niños aprendan la relación que existe entre sus sentidos y los alimentos. Un primer paso que la acercó a “La Revolución”.

Saber comer

En el 2013, Karissa contactó a la diseñadora Nani Maezono y a la docente Gony Torres para su proyecto. “Comenzamos a darle forma a los talleres en base a las intuiciones que yo tenía. Un día, a mediados del 2017, todo encontró su cauce”, señala.

Hoy en día, “La Revolución” tiene varios planes consolidados. Uno de ellos es “Saber comer”, que consta de tres programas para acercar a los niños a los alimentos a través de la exploración de sus sentidos, conociendo la importancia de la biodiversidad en la cocina. Los niños juegan, sí, pero aprenden a vincularse con sus alimentos de forma consciente.

El siguiente paso para Karissa y su equipo es llevar este proyecto a las aulas de los colegios. Actualmente, están elaborando guías didácticas para los maestros y padres de familia. “Los niños deben aprender determinadas materias, pero el maestro puede ser lo más creativo posible para difundir esta enseñanza. Nosotros hemos hecho un match entre los temas que ya estudian y lo que podrían aprender”, cuenta.

Reconocimiento internacional

A inicios del mes, Karissa se enteró que era una de las diez finalistas del Basque Culinary World Prize, un galardón creado por el Gobierno Vasco para reconocer a chefs con iniciativas transformadoras en áreas de innovación, tecnología, educación, medio ambiente, salud, industria alimentaria, entre otros.

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“Ha sido increíble ser nominados a algo que no habíamos postulado”, expresa Karissa. Junto a Virgilio Martínez, los dos chefs peruanos compiten con ocho cocineros del resto del mundo. El ganador, que se anunciará este 24 de julio, podrá obtener 100 mil euros para seguir financiando su proyecto.

Más allá de ganar o no, Karissa considera que este premio es vital en dar a conocer “La Revolución”. Desde ya, siente que es un triunfo. “Es difícil que nos entiendan y entender la necesidad de lo que hacemos. Si un país tiene niños con problemas de alimentación, ¿qué innovación va existir si las personas no se alimentan bien?”, enfatiza. Masificar el programa es un primer paso y ya está en camino.

Chocorevolución

La ChocoRevolución es una campaña de La Revolución que busca aumentar el consumo de chocolate elaborado con cacaos nativos provenientes de la biodiversidad del Perú. “En vez de darle azúcar a los niños, la idea es que aprendan a consumir chocolate con cacao al 70% u 80%. Existe un prejuicio de que el cacao es amargo”, explica Karissa. El proyecto se presentará en el Salón del Cacao y el Chocolate 2018. 

Riquisisísimo

En el 2012, Karissa publicó Riquisisísimo, un libro de cocina que busca incentivar a que los niños coman en casa, a que las familias cocinen juntas y a que todos los integrantes de un hogar se sienten sobre la mesa a compartir historias. La idea de esta publicación es revalorizar la importancia que la cocina casera tiene en transmitir identidad. “La cocina y la mesa es el momento en el que tú aprendes quién eres. Si no existieran esos espacios, ¿en dónde aprendes quién eres?”, expresa.

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