A la par de su destreza en la cancha, la historia de vida del máximo goleador de la selección belga es digna de reconocer y admirar. 

El nombre de Romelu Lukaku (25) no deja de leerse en los diarios deportivos. Solo en la Copa Mundial de Fútbol, el jugador belga anotó 4 goles: hasta el momento, es el segundo goleador de Rusia 2018 después del inglés Harry Kane y el máximo goleador de los “Diablos rojos” con 40 anotaciones en su historial. 

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A la par de su éxito con la Selección de fútbol de Bélgica, el jugador del Manchester United ha sorprendido al mundo entero con un emotivo artículo en el portal The Players’ Tribune. 

Lukaku se sinceró completamente y compartió con el mundo entero la historia detrás de su éxito con el balón. 

“Recuerdo el momento exacto en el que sabía que estábamos en la ruina. Todavía puedo imaginar a mi madre en la nevera y la expresión de su rostro. Tenía seis años y volví a casa para almorzar durante nuestro descanso en la escuela. Mi madre tenía lo mismo en el menú todos los días: pan y leche. Cuando eres un niño, ni siquiera lo piensas. Pero supongo que eso es lo que podríamos pagar”, escribió.

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El jugador confesó que descubrió que su familia realmente vivía en la pobreza el día en que su madre empezó a mezclar la leche con un poco de agua.No teníamos suficiente dinero para hacerlo durar toda la semana. Estábamos en la ruina”, añadió Lukaku y contó que su padre, Roger Lukaku, fue un jugador de fútbol congolés que perdió todo su dinero al finalizar su carrera. 

En ese entonces, su familia tuvo que prescindir del cable, algunos días de electricidad y el agua caliente. “En ocasiones, mi madre tuvo que “tomar prestado” pan de la panadería de la calle. Los panaderos nos conocían a mí y a mi hermanito, así que la dejaron tomar un pan el lunes y pagarles el viernes”, añadió.

Romelu Lukaku en el Bélgica vs. Japón, donde su selección se alzó con el triunfo.

Promesa de vida

Para Lukaku, esa situación fue un punto de quiebre. No se lo dijo a nadie, pero ese día se trazó una meta: convertirse en uno de los mejores jugadores de su país. “Mamá, todo va a cambiar. Verás. Voy a jugar fútbol para Anderlecht, y va a suceder pronto. Estaremos bien. Ya no tendrás que preocuparte más”. Lukaku tenía solo seis años cuando encontró a su madre llorando y le confesó sus sueños. 

Su rápido crecimiento físico lo ayudó a iniciarse a una temprana edad en el fútbol. A los 11 años, ya jugaba el equipo juvenil del Lièrse. Allí se encontró con otro obstáculo decisivo para su carrera: la xenofobia. “Uno de los padres del otro equipo literalmente intentó evitar que saliera al campo. Él estaba como, ‘¿Qué edad tiene este niño? ¿Dónde está su I.D.? ¿De dónde es él?'”, recordó Lukaku.

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El máximo goleador en la historia de los “Diablos rojos” nació en Amberes, Bélgica, y es hijo de dos inmigrantes congoleses. A pesar de la diversidad sociocultural de su país, existen varios prejuicios xenófobos que recaen sobre los afrodescendientes. 

“Yo quería ser el mejor futbolista de la historia de Bélgica. Ese era mi objetivo. No bueno. El mejor. Jugué con tanta ira por muchas cosas, por las ratas que corrían por nuestro apartamento, porque no podía ver la Liga de Campeones, por cómo los otros padres me miraban”, puntualizó Lukaku. 

Sus ganas de convertirse en un exitoso jugador profesional fueron aún más latentes cuando su abuelo lo llamó antes de morir y le pidió un único favor. “Solo cuida a mi hija. Solo cuídala por mí, ¿O.K.?(…) Cinco días después falleció. Y luego entendí lo que realmente quería decir”. 

La promesa que le hizo a su abuelo y sus ganas de superarse fueron un motor de aliento para crecer a pasos agigantados en el fútbol. Con solo 16 años, el jugador debutó en la Liga de Campeones con el club belga Royal Sporting Club Anderlecht. El resto es historia conocida. 

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“Recuerdo que tuve agujeros en mis zapatos en 2002. Agujeros grandes. Doce años después, estaba jugando en la Copa del Mundo”, dice el jugador que llevó a su equipo a las semifinales de Rusia 2018 y, posiblemente, llegue a la gran final.