“Nunca seremos normales”. Así se titula el nuevo libro de Silvia, que presentará Planeta en la Feria Internacional del Libro de Lima. Una confesión literaria en la que, sin ficciones de por medio, al detalle y con volcánica sinceridad, revela su versión de la que, en su momento, se convirtió en la relación más controversial de Lima: la de un famoso escritor y conductor de televisión con una chica veinticuatro años menor que soñaba con ser escritora. Nosotros conversamos con ambos, y los dos nos descubren toda su verdad.

 Por Mariano Olivera La Rosa  Fotos de Juan Sebastian

Silvia me recibe y, a los pocos segundos, Zoe aparece en escena. Me saluda con una sonrisa, sin timidez de por medio. Aunque digan lo contrario, pienso que se parece más a Jaime que a Silvia. Zoe practica gimnasia frente a un gran espejo; ensaya aspas de molino a través del comedor. Tiene siete años. La levedad con que se desplaza por el departamento contrasta con la trascendencia que, desde que fue anunciada, supone su existencia. Tanto Jaime como Silvia, cada uno a su manera, coinciden en un punto crucial: Zoe les salvó la vida.

“Quiero ser la mejor versión de mí para que Zoe no repita mis errores”, dice Silvia. “Ella nos ha ordenado, nos ha enseñado el camino”.

¿En qué momento tomaste la decisión de escribir este libro?

Cuando me enamoré de Jaime y nació Zoe, guardé silencio; nunca llegué a decir nada. Todos en su momento se expresaron, pero yo no. No quería hablar en caliente, entonces esperé a que pasara un tiempo y luego dije: “Ya, voy a escribirlo”, porque, al final, escribo sobre lo que me importa, lo que me duele y lo que he aprendido, y para mí una gran parte del libro es sobre mi proceso como madre. Me tomó tiempo aprender a ser madre, a ser esposa, a dejar de tener la actitud de que las cosas simplemente pasan.

 Este año cumples treinta. Has dicho que ya te sientes un poco señora.

En parte me siento una señora por el estilo de vida que tengo. Jaime me lleva veinticuatro años, estoy acostumbrada a estar rodeada de gente mayor que yo, y no me molesta, porque siento que tengo un alma vieja. Ya soy una señora, es oficial, estoy casada, tengo una hija… pero, al mismo tiempo, no sé si me siento una señora.

En una oportunidad has dicho también que extrañas a la Silvia de antes, a la eterna adolescente.

Creo que no la extraño; le doy un lugar en mi memoria, pero estoy cómoda en la posición en la que estoy ahora, habiendo aprendido todo lo que he aprendido. La Silvia de antes estaba más torturada.

Viven juntos en Key Biscayne desde hace algo más de siete años. “Me gustaría pasar tres meses en Lima, los meses más tristes, junio, julio y agosto, porque para mí Lima es más estimable cuando parece más triste o melancólica. Pero, por el momento, el programa no me lo permite”, cuenta Jaime.

A Jaime lo conocí hace algo más de quince años. Le escribí un correo para pedirle que leyera la novela inédita que acababa de terminar. Para mi sorpresa, me respondió. Me dijo que la dejara en casa de su madre. La leyó. Luego fui a verlo al programa que conducía en aquella época, “La noche es virgen”. Nos juntamos algunas veces a conversar. Siempre se mostró muy amable, genuinamente amistoso. Y no, nunca hubo un vínculo que no fuera el de un escritor con una aspirante a escritora.

Jaime

¿Qué recuerdos tienes de esa época en que los encuentros entre Silvia y tú eran esquivos e intermitentes, y el vínculo parecía capaz de romperse en cualquier momento?

Silvia me salvó la vida. Yo estaba muy deprimido. Tomaba muchísimos hipnóticos y ansiolíticos. Quería irme. Estaba harto de todo. Nada me daba ilusión. Y, de pronto, vino ella para rescatarme y enseñarme una forma apacible de felicidad familiar que no conocía como niño ni como adulto.

Me había olvidado de esta foto 🧡 #2015

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¿En qué momento Silvia pasó a ser “la mujer de tu vida”?

Yo quería tener un hijo hombre. Se lo pedí. Ella tenía apenas veinte años. No se asustó. Quiso dármelo, con todos los riesgos que esa operación entrañaba. Fue extraordinariamente valiente. Es la persona más valiente que conozco. Nada la intimida. Ningún problema la agobia o empequeñece. Ella puede con todo.

¿De qué manera has cambiado, o evolucionado, desde que te casaste con Silvia?

Mi vida ha cambiado muchísimo. Ya no me gusta estar solo, viajar solo. Soy feliz viviendo con Silvia, con nuestra hija Zoe y con el perrito Leo, que Silvia trajo a la casa contrariando expresamente mis deseos. Antes viajaba todos los fines de semana, ahora solo viajo una vez por mes, y con ellas si es posible. Pero el cambio más importante es que ahora sé que soy bipolar y estoy bien medicado. Eso también se lo debo a ella, que me llevó a muchos doctores, a pesar de que yo no quería.

I've loved you for so long

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¿Cómo vives el amor y el sexo a los cincuenta y tres años? ¿Se disfrutan más que a los veinte?

Sí, mucho más. A los veinte yo vivía fumando marihuana y aspirando cocaína, y me odiaba, o estaba avergonzado de mí mismo, porque me gustaban las chicas y los chicos, lo que entonces, hace treinta años, era muy mal visto en Lima, y sobre todo en mi familia, que es muy religiosa, como sabes. Silvia ha sido, con diferencia, la mejor amante que he tenido, porque con ella todo es posible, no hay secretos, y porque no deplora mi sensibilidad gay ni trata de cambiarla o reprimirla, al contrario, le encanta, la alienta, y por eso estamos juntos.

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