Dos emprendedores unieron sus conocimientos, su solidaridad y sus sueños para crear Cacao Juntos, una industria chocolatera que trabaja de la mano con la comunidad de Quillabamba, en Cusco.

Por Kimberly Bocchi

En un momento dado, el destino y el espíritu emprendedor unieron a Matthew Lianides y Diego Maura. El primero, de madre peruana, nació en California y trabajó en Apple como analista financiero. El segundo es peruano, pero partió a Barcelona para trabajar en el área de innovación y tecnología en la transnacional Altran.

Ambos llegaron al Perú con el mismo sueño: replicar lo aprendido y emprender algo que contribuyera con el crecimiento del país. La tía de Matthew era amiga de Diego, así que, cuando Matthew vino a Lima, ella le pidió a Diego que hiciera las veces de ‘embajador’. La amistad entre ambos surgió y, al poco tiempo, en un viaje a la selva de Cusco, Matthew conoció la comunidad de Quillabamba y se enamoró de la calidad de los productos que allí se cultivaban.

Diego Maura y Matthew Lianides, socios fundadores de Cacao Juntos.

“Con los agricultores de Quillabamba aprendí todo sobre la industria agrícola peruana, en especial la del cacao nativo”, cuenta Matthew. “De esta manera encontré un modelo de trabajo tradicional, y vi la oportunidad de ayudarlos a mejorar el negocio aplicando más innovación”.

“Fuimos a Quillabamba con la intención de ayudar y aprender, y ellos se abrieron con nosotros, nos enseñaron los secretos del cacao”, cuenta Diego. Ambos juntaron los conocimientos ancestrales del cultivo de cacao con la tecnología e innovación de la producción, y empezaron a crecer. “Hemos aumentado su productividad, los empoderamos, les enseñamos a cotizar, los capacitamos y les dimos la seguridad de un comprador fijo”, dice Diego.

“Estamos hablando de miles de personas que están detrás de todo esto y queremos que sean más y mejores”, afirma Matthew Lianides.

Los dos llevaron a la comunidad maquinarias para tostar el cacao y medir la temperatura de fermentación exacta para hacer un buen chocolate. Así, los agricultores del lugar dejaron de limitarse a producir materia prima y formaron parte de la creación de una industria chocolatera.

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“Cuando al final del día vemos sus caras de felicidad, es cuando sabemos que estamos haciendo algo realmente bueno, que hace la diferencia, y eso es un placer”, añade Matthew.

Nos reciben en su primera planta de tratamiento, en Lurín. Con cuatro años en el mercado, Cacao Juntos ha logrado exportar, con el nombre de Sumaq Food, más de cien toneladas al mes de chocolate pulverizado a distintas partes de Estados Unidos. En unos meses exportarán también a Australia e Inglaterra y, el próximo año, al Reino Unido.

El Cacao Chuncho es la base de calidad de su chocolate, el cual mezclan, además, con ají amarillo, panela y vainilla importada de Costa Rica. Su próximo proyecto es crear una ONG en Quillabamba para continuar empoderando a estos agricultores. “Todos somos una familia, y queremos que se sumen más personas”, finaliza Matthew.