Esta pareja de esposos se toma la educación en serio. Tras crear Educa hace ocho años, han logrado que más de 700 chicos estudien en las mejores universidades del mundo.

Por Adriana Garavito. Foto de Roberto Zamalloa

Alonso Alegre y María Paz Revoredo se conocieron en Paracas practicando una de sus pasiones, la vela. Pronto notaron que tenían más cosas en común de las que pensaban: estudiaban Administración en la Universidad del Pacífico y tenían el gusto y el talento para enseñar: en su tiempo libre, daban clases particulares a alumnos de secundaria; unas clases que se transformaron en un trabajo a tiempo completo.

Así, hace ocho años nació Educa. En un principio, las clases particulares eran el servicio principal, pero pronto se dieron cuenta de que existía un nicho prácticamente desatendido en la ciudad: el asesoramiento y la preparación de los chicos interesados en postular a universidades extranjeras. Para 2014 –y ya casados–, Alonso y María Paz abrieron su primer local, en Miraflores. Un año más tarde, se certificaron en el College Counseling, en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA); y, después, en la International Association for College Admission Counseling (IACAC). Y hace tan solo dos años entablaron una alianza con The Princeton Review, líder en la preparación para exámenes internacionales en Estados Unidos.

Alumnos en los últimos años de secundaria comenzaron a pasarse la voz sobre este lugar que da consejos, ofrece las herramientas e, incluso, las mañas para lograr buenos puntajes en los exámenes e ingresar a universidades como Yale, Brown, Harvard, o la London School of Economics. El número de postulantes creció, la pareja abrió otro local en La Molina y hasta ahora son un poco más de 700 estudiantes los que han cursado su pregrado en el extranjero, entre Estados Unidos, Canadá, Asia y Europa. La cantidad sigue creciendo, debido a que estudiar en el exterior ya no es tan descabellado como hace una década. De hecho, son los mismos alumnos los que demandan una educación más exigente.

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El cambio se debe a varios factores. Alonso Alegre asegura que la globalización es uno de ellos. Otro es que las nuevas generaciones miran el mundo desde una perspectiva distinta: hoy todo está conectado en tiempo real. Además, el mercado se ha transformado. “La economía ha mejorado en comparación con los últimos quince años”, comenta. “Y ya no son solo los alumnos de colegios tradicionales o los que tienen programas o alianzas con centros en el extranjero los que pueden postular. Ahora lo puede hacer cualquier alumno que se lo proponga. Contamos con chicos de treinta colegios distintos, incluyendo provincias”, añade.

Educación universidades

Gabriel de las Casas, Alejandra Borda y Marcelo Peña estudiarán en las universidades de Georgetown, Pensilvania y Stanford, respectivamente.

Para algunos puede sonar extraño, pero estudiar fuera no es tan caro como se cree. Existen universidades europeas dentro del ranking de las mejores cien del mundo que piden mensualidades más bajas que en Lima. “Claro, hay un rango de universidades que son y siempre han sido carísimas (especialmente en Estados Unidos), pero hay cientos de otras opciones que están dentro de los presupuestos. Y a eso hay que sumarle que la mayoría de las carreras duran tres años y no cinco”, explica María Paz Revoredo. Cuestión de hacer cuentas.

De otro lado, el ochenta por ciento de los estudiantes en los primeros años en la universidad cambia su intención de estudio. “Y no porque no estén interesados”, explica Alegría, “sino porque la mayoría de los cursos que se llevan en el colegio son muy tradicionales. Uno puede creer que le encanta la Química, hasta que se topa con la Bioquímica, por ejemplo”. Lo mismo sucede con las carreras. En el Perú, las opciones no superan las veinte carreras. Al ver la malla curricular de universidades del extranjero, los alumnos se topan con más de sesenta opciones para estudiar, lo que les da todo un panorama por descubrir.

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Gabriel de las Casas está a un par de meses de viajar a Estados Unidos. Ingresó y eligió la Universidad de Georgetown para estudiar Administración. “Hasta antes de Educa, no tenía muy claro la cantidad de ramas en las que uno se puede especializar en Administración”, dice. “Ahora sé lo que quiero y también qué es lo que va conmigo”.

La clave es cada uno

Ofrecer asesorías personalizadas es, quizá, la característica más valiosa de Educa. Mientras que Alonso se encarga de las clases y de enseñar a los alumnos a pensar más allá de las fórmulas, cifras y cálculos, María Paz cumple el rol de conocerlos a fondo, de escucharlos y guiarlos. “No se trata de postular por postular, sino de encontrar un lugar que vaya con la personalidad de cada uno. Juntos, evaluamos factores como la cantidad de alumnos por clase, la vida en la ciudad y las cualidades que la universidad prioriza. Cada chico es distinto y cada uno tiene sus propias fortalezas. Se trata de explotarlas”, explica Revoredo.

Marcelo Peña se tomó un año sabático cuando terminó el colegio y encontró en Educa –comenta– la guía perfecta para tomar su decisión. Sabía que quería estudiar Ingeniería, pero no del todo dónde ni de qué tipo. Se preparó para los exámenes y María Paz le recomendó postular a algunas becas. Así, obtuvo una beca completa Rodríguez Pastor para estudiar en la Universidad de Berkeley, pero, tras evaluar qué le convenía y qué universidad iba con su personalidad y sus aspiraciones, optó por elegir la prestigiosa Universidad de Stanford. Empieza sus clases este año.

Los requisitos para ser parte de Educa son tener un nivel intermedio o avanzado de inglés y tomar un simulacro de examen SAT para evaluar el nivel del alumno. Algunos chicos se acercan desde tercero de media, otros cuando ya no falta nada para terminar quinto de secundaria. El sistema es sencillo: se pueden llevar clases dos veces por semana, aproximadamente por tres meses. O se pueden llevar tres o cuatro clases por semana, por un mes y medio.

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Los creadores de esta iniciativa hacen énfasis en que no todo se basa en las notas. Las actividades extracurriculares durante la secundaria también son importantes. Y estas se refieren a realizar cualquier actividad que les apasione. Alejandra Borda está lista para estudiar en la Universidad de Pensilvania (UPenn), a la que aplicó y ganó una beca al ochenta por ciento. Ella aspiraba ingresar con una beca de tenista, pero una lesión la obligó a buscar una alternativa. Una vez en Educa, se dio cuenta de que no había perdido ninguna oportunidad y que no es preponderante cumplir con requisitos específicos. “Aquí supe que se trata de hacer lo que realmente te apasiona, de seguir haciendo lo que te gusta y que eso es lo que ven las universidades”, confiesa. En ese sentido, ella no pudo postular directamente gracias al tenis, pero sí fue su pasión al deporte lo que marcó la diferencia.

Nuestra cultura educativa actual no motiva a los alumnos a pensar en qué universidad van a estudiar hasta prácticamente terminar el colegio. Las actividades extracurriculares no son entendidas como prioritarias, y eso, dice Alegre, nos pone en una especie de desventaja. “Pero no es el fin. Para nada”, enfatiza. Revoredo agrega que ese es el siguiente reto de la empresa. “Lo que queremos es concientizar tanto a los padres como a los colegios y los alumnos. Darles la oportunidad de saber que uno puede ir tomando acción por su educación con tiempo y sin presión. Y que no es tan complicado estudiar en una de las mejores universidades del mundo”.