Los incendios forestales en Brasil nos permitieron voltear la mirada hacia la selva peruana y analizar su problemática. ¿Qué estamos haciendo para cuidar el llamado pulmón de la naturaleza? Conversamos con Lucía Ruiz, ministra del Ambiente, y Bruno Monteferri, director de Conservamos por Naturaleza.

 

Por David Gavidia / Fotos de Oliver Lecca

La Amazonía arde”, fue la noticia que hace unos días llamó la atención del planeta. El mundo volteó a mirar cómo se consumía este generoso ecosistema que nos proporciona el 16 por ciento del oxígeno que se produce en la Tierra. Como suele suceder, líderes internacionales, activistas, investigadores, personalidades, influencers y, en realidad, todos, alzaron su voz de protesta exigiendo medidas para blindar al llamado “pulmón del planeta”. Al fin, se buscaba crear conciencia acerca de que el Amazonas es el ecosistema con mayor biodiversidad de flora y fauna que tenemos. Y se comenzó a reflexionar sobre su problemática: la deforestación, la minería ilegal, la tala indiscriminada, los derrames petroleros y los cultivos ilegales que ponen en riesgo su riqueza.

Las más de 74 mil quemas que se producían en la Amazonía brasileña –desde enero a la fecha, afectando también a la selva boliviana y paraguaya– nos hacía mirar con preocupación cómo extensos parajes verdes ardían para convertirse, seguramente, en páramos secos con un presente y un futuro vulnerables.

“La Amazonía es un patrimonio fabuloso que tenemos los peruanos”, dice Lucía Ruiz Ostoic, actual ministra del Ambiente, en su despacho ubicado en el piso once de un moderno edificio en el distrito limeño de Magdalena del Mar. “Es cierto que históricamente no ha sido valorada, quizás porque hemos sido un país centralista”.

Pero eso está cambiando: hoy, a dos años del Bicentenario de la República, tenemos la oportunidad de reflexionar sobre todo su potencial: la Amazonía absorbe mucho del CO2, brinda beneficios como el agua, y tiene los secretos del futuro de la medicina con muchas especies de plantas por descubrir, y que hoy dan salud a las poblaciones originarias o en aislamiento voluntario que viven en ella. Es el potencial banco de nuestro futuro alimentario”, afirma Ruiz Ostoic, que es abogada y posee más de veinte años de experiencia en temas relacionados con la gestión de recursos naturales, con énfasis en el manejo de los recursos hídricos. Y añade: “No se puede querer lo que no se conoce. Conservar la Amazonía es conservar nuestro mundo. No podemos sobreexplotarla, debemos sentirnos orgullosos de su existencia y saber aprovecharla sosteniblemente”.

Monitoreo urgente

Lucía Ruiz lidera el Ministerio del Ambiente desde el 11 de marzo de este año.

 

Lea también:  Selva explorada: dos muestras en simultáneo sobre la Amazonía peruana

¿Los incendios forestales que sucedieron en Brasil afectaron al Perú?

Lo que sucedió en Brasil y Bolivia, y en una parte de Paraguay, no afectó directamente al Perú. Lo que ocurre es que entre julio y noviembre hay quemas efectuadas, sobre todo en la zona altoandina, por agricultores que por prácticas tradicionales acostumbran a quemar sus parcelas porque consideran que las cenizas de la quemada generan un mejor beneficio al suelo. No es verdad. Al contrario, cuando quemas la parcela, los nutrientes se pierden, los minerales se elevan y no necesariamente le haces bien a la chacra. Incluso, dependiendo de la zona, en algunos lugares creen que si quemas el suelo, lloverá.

¿Qué se está haciendo para prevenir estas quemas?

El Ministerio del Ambiente, con el Senamhi y el apoyo del Servicio Nacional de Áreas Protegidas, tiene un monitoreo de cuáles son las zonas del país donde históricamente podría haber más tendencia de incendios (porque la zona está muy seca, hay fuertes vientos y, bajo esas condiciones, una chispa podría generar uno). Entonces, a los gobiernos regionales y a los alcaldes se les envían mapas georeferenciados. En ellos se señalan las zonas donde pueden suceder este tipo de incendios. Es un trabajo preventivo. Además, como parte de nuestra gestión de riesgos, tenemos una acción rápida con bomberos forestales y estamos capacitados para la restauración de ecosistemas.

¿Cómo combatir las actividades ilegales que depredan la Amazonía?

Una manera es que la población cuide sus territorios. Desde el Ministerio del Ambiente hay un Programa Nacional de Conservación de Bosques para la mitigación del cambio climático. Con doscientas comunidades indígenas amazónicas se han firmado convenios de conservación de su territorio a cambio de financiamiento para actividades productivas.

Hace unos días se firmó el Pacto de Leticia…

Sí. Producto de los incendios en Brasil, Bolivia y Paraguay, la Amazonía estuvo en el ojo del mundo, y, en esa línea de ideas, los presidentes de Colombia y Perú tuvieron una reunión en Pucallpa. Allí ambos mandatarios quedaron en que algo se tenía que hacer para que, como región soberana, nosotros protejamos, conservemos y desarrollemos la Amazonía. El pacto es para protegerla desde cada uno de los países, y cuidar a las poblaciones que viven de ella.

La ministra concluye su reflexión diciendo: “El solo hecho de que nos reconozcamos como un país amazónico es un avance, porque nos reconocemos como multiculturales. Que muchos peruanos sepan que el 70% de nuestro territorio es amazónico ya es importante. Por eso tenemos que conocerla y explorarla”.

CULTURA, RIQUEZA Y RENACER

Bruno Monteferri dirige la plataforma Conservamos por Naturaleza desde el año 2012. Cursó un MPhil en Liderazgo en Conservación en la Universidad de Cambridge.

Mientras la ministra del Ambiente habla, recuerda que, durante los últimos años, con el boom gastronómico, hubo un reconocimiento de nuestra Amazonía. Esto gracias a personajes que le han dado mayor difusión a la cultura de la selva peruana. El chef Pedro Miguel Schiaffino, por ejemplo, divulga la gastronomía amazónica y sus insumos. Gracias a su difusión, muchos peruanos lograron conocer a un pez de agua dulce como el paiche. Artistas como Rember Yahuarcani lograron ser reconocidos por sus pinturas donde refleja la cosmovisión del pueblo Huitoto. Y Lastenia Canayo, con sus telares pintados o bordados, consiguió reivindicar al pueblo Shipibo-Konibo. Sin contar que una compañía peruana de bebidas gasificadas ha dado a conocer, en el extranjero, frutos como el camu camu o el aguaje.

Encantados con esta diversidad ecológica y cultural, y con esta renovada puesta en valor de nuestra Amazonía, nos queda preguntar: ¿Cómo la estamos cuidando?

Un ejemplo. Para combatir la minería ilegal en La Pampa, en Madre de Dios –que además acarrea males sociales como la trata de personas, el trabajo infantil, el trabajo en esclavitud y la contaminación–, se establecieron tres hitos. El primero: las Fuerzas Armadas, en conjunto con la Policía, intervinieron en la zona. El segundo: se mantuvieron en el lugar para evitar el retorno de las mafias que depredan la selva para extraer su oro o madera de gran valor como el cedro o la caoba. Y el tercero: se viene coordinando con los gobiernos regionales y locales para que se lleven a cabo los esfuerzos necesarios en aras de que las poblaciones de la zona se desarrollen sin carencias como la energía eléctrica, el agua potable, el saneamiento, la salud y la educación.

Además, el gobierno peruano, a través del Ministerio del Ambiente, busca crear oportunidades para impulsar el copoazú (cacao blanco), la acuicultura y el sembrado de árboles, y continuar con la producción de la castaña, el café o el cacao. Todo esto con una intervención multisectorial del Estado, del sector privado y la sociedad civil.

Lea también:  La Amazonía en el plato del día: ¿En qué comemos?, por Paola Miglio

REconexión con la selva

Aunque los esfuerzos por cuidar la Amazonía están allí, la tarea todavía es titánica. Es por eso que Bruno Monteferri, director de Conservamos por Naturaleza, de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), afirma que las quemas ocurridas en la Amazonía de Brasil se tienen que ver como una oportunidad para voltear a mirar a nuestra selva. “En el Perú estamos muy desconectados con la Amazonía, y eso se debe cambiar”, dice. “El promedio anual de pérdidas de bosque en nuestro país es de, más o menos, 145 mil hectáreas por año”.

La cifra es un crimen, pero real. Fotografías aéreas de la selva en Madre de Dios muestran extensos terrenos de tierra devastados por la mano del hombre. Se han tumbado árboles para vender su madera, pero también para crear chacras. Los suelos se queman porque se cree que las cenizas enriquecen las tierras o traen lluvias, pero eso es falso; por el contrario, generan incendios forestales, y no solo en la Amazonía. El Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) informó hace unos días que desde el 27 de julio a la fecha se han presentado 142 incendios forestales en todo el país. La mayoría de ellos, a causa de la acción humana: preparaban terrenos de cultivo y pastoreo por parte de los agricultores. Quizá el más significativo fue aquel que, en agosto último, puso en riesgo la fortaleza de Kuélap, en Chachapoyas.

Optimismo ante todo

Ante este difícil panorama, Monteferri prefiere ser optimista. Recuerda que a favor de la Amazonía se vienen produciendo cambios en la Ley Forestal y en leyes de titulación agrícola. Recuerda que hay nuevas normas que promueven las concesiones para proteger la selva a través del ecoturismo, y que cada vez hay más respeto por los pueblos indígenas o en contacto inicial. Añade, además, que se viene trabajando en los procesos de titulación de tierras para las comunidades nativas, y hay mecanismos (como la consulta previa) que permiten que sus voces sean tomadas en cuenta cuando se promueven proyectos de desarrollo que puedan afectar sus comunidades.

“Existen iniciativas de personas que han comprado tierras en la selva y las han convertido en áreas de conservación privadas. Hay una tendencia importante, desde el sector empresarial, para que se cumpla con los estándares básicos y se proteja el medio ambiente”, dice Monteferri, y agrega que desde Conservamos por Naturaleza se han lanzado programas como Reforestamos por Naturaleza, que permite a cualquier persona apoyar iniciativas de conservación en todo el país a través de la adopción de árboles nativos. Esto en áreas de conservación voluntaria en Amazonas, San Martín y Loreto.

Así las cosas, lo sucedido en la Amazonía de Brasil nos ha permitido recordar su riqueza y grandeza. Pero, al mismo tiempo, nos ha recordado lo importante que es cuidar, conservar y buscar un desarrollo sostenible de nuestra selva peruana.