Tradicional y privado. Así fue el matrimonio religioso del tenista Rafael Nadal y Mery Perelló, catorce años después de ganarse el título de una de las parejas más sólidas y discretas del panorama internacional.

Luego de disfrutar de un par de días en las Bahamas, Rafael Nadal regresó a su natal Mallorca para dar el gran paso junto a su novia eterna, María Francisca Perelló. ¿Pero qué pasó el sábado 19 de octubre tras las puertas de Sa Fortalesa, el imponente castillo al norte de la ciudad donde el tenista celebró su matrimonio? A ciencia cierta, lo único que sabemos es que se dio lo que los medios han bautizado como el enlace más grande y secreto del año. Y es que la discreción siempre ha sido el tercer integrante de la pareja: Rafa Nadal, una de las figuras más representativas del mundo deportivo, ha luchado durante toda su carrera para que su vida privada permanezca al margen de su fama. Y su boda no ha sido la excepción.

Con un curioso cartel de “celulares afuera”, la finca de Sa Fortalesa de Pollença, una de las mansiones más caras de España (su alquiler cuesta veinticinco mil euros por día), abrió sus puertas a los trescientos cincuenta invitados que, por supuesto, son parte del jet set internacional. Asistieron desde los tenistas David Ferrer y Feliciano López hasta los empresarios Manuel Piñera y Richard Mille, pasando por los mismísimos reyes eméritos Juan Carlos I y Sofía (quienes esquivaron a la mayoría de fotógrafos).

Aunque las fotografías fueron prohibidas durante el tiempo que duró la ceremonia –oficiada por el sacerdote Bartomeu Català–, después la pareja decidió posar para la prensa y mostrar la elegancia que caracterizó a sus atuendos. El novio llevó un clásico traje gris, obra del sastre Brunello Cucinelli. Por su lado, Mery optó por dos diseños de la española Rosa Clará. Para la ceremonia, lució un diseño en encaje francés, bordado a mano con micropedrería incrustada con motivos florales. Y, para la fiesta posterior, un vestido moderno de corte sirena con un profundo escote en la espalda que recordaba al que escogió Meghan Markle para su enlace.

Entre los invitados a la boda, estuvieron el extenista Carlos Moyá y la cantante Carolina Cerezuela.

El after

Luego de toda gran boda viene un delicioso banquete. En este caso, los asistentes disfrutaron de un aperitivo preparado conjuntamente por los chefs Maca de Castro (poseedor de una estrella Michelin) y Santi Taura, ambos radicados en Mallorca. También se sumaron los chefs de dos de los restaurantes más afamados de Ibiza, Tatel y Zela. Todo ello se desarrolló siguiendo una idea que cada vez se aprecia más en los matrimonios españoles: la recreación de una especie de mercado con puestos variados, quesos, embutidos ibéricos, sushi, entre otros insumos y gracias.

Y, cuando ya caía la noche, comenzó el baile. El artista colombiano Julián Fontano interpretó “La vie en rose”, de Édith Piaf, y algunos de los temas más conocidos de Freddie Mercury. Todos se quedaron con ganas de más, por la notable habilidad del intérprete para imitar la voz de grandes artistas. A las nueve de la noche, Juan Carlos y Sofía abandonaron la fiesta, seguidos algunas horas después por los demás invitados. El último autobús salió de Sa Fortalesa d’Albertcutx a la una de la madrugada, hora en la que, finalmente, los asistentes pudieron recuperar sus celulares.

David Ferrer y su novia, Marta Tornel.

Aunque no tengamos recuerdos fotográficos que inmortalicen el enlace, estamos seguros de que todo resultó perfecto para los novios, quienes, tras disfrutar de una última noche en la finca, abandonaron la propiedad más cara de España durante la mañana del domingo. Vaya fin de semana.