Ana María Guiulfo, una de las mujeres más distinguidas de nuestro país nos habla con la risueña transparencia que la caracteriza, sobre cómo superó el cáncer de mama, por qué cree que el mejor amor llega durante la madurez, y de cómo lo perdió todo en la vida –hasta su casa– y usó la lección para crecer.

Por Isabel Miró Quesada   Foto de Paula Virreira

Video de Laura Gil

En estos tiempos de redes y posts, en los que se ha vuelto evidente que es más importante parecer que ser, el refinamiento femenino parece estar perdiéndose. No es el caso de Ana María Guiulfo. Miembro de una familia de gusto exquisito (Marisa Guiulfo, su tía, es la banquetera más importante del país y una mujer de una elegancia indiscutible, rasgo que comparte con el esposo de Ana María, Tony Custer), desarrolló desde muy temprana edad una estética propia que plasma en sus pinturas y diseños.

Empecemos por el principio. ¿Cómo recuerdas tu niñez?

Tuve una niñez tranquila y protegida, pues mis padres nos inculcaron amor a la familia, así que crecimos rodeados de primos, siempre muy unidos.

Tu hermana María Soledad ha sido viceministra de Economía y secretaria general de la PCM; es una mujer muy inteligente. Te he oído siempre referirte a ella con mucho cariño. ¿Fuiste muy unida a tus hermanos?

Con ella nos llevamos solo un año, y con mis hermanos compartíamos amigos; mi casa estuvo siempre con las puertas abiertas para los amigos. Ambas ingresamos a la Universidad de Lima, las dos a estudiar Administración de Empresas, y Marisol se destacó en números. En esas épocas, cuando éramos solteras, teníamos el mismo grupo de amigos y viajábamos juntas, así que tengo muy lindos recuerdos con ella; además, como bien dices, de admirarla por su desempeño en todos los cargos que ocupó.

¿Y con tu tía, Marisa Guiulfo?

Marisa es muy querida en mi familia. En realidad, no conozco hasta ahora a nadie que pase indiferente ante ella, es una mujer fuerte, luchadora, generosa en sus afectos, amante de la familia y sus tradiciones, leal con sus amigos. Pertenecemos a una familia machista, pero de mujeres fuertes. Para mí, Marisa es un gran referente, una mujer de avanzada, luchadora, apasionada, sofisticada, que vive como ella elige y lo disfruta. Su fuerza viene de la importancia que tiene para ella la familia. Ha trascendido. Ya tiene un lugar en la historia culinaria. Tengo mucho que aprender de ella.

 

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