Fiorella Molinelli, presidenta ejecutiva de EsSalud, es uno de los principales rostros de la lucha contra el COVID-19 en el Perú. A pocos días de “iniciar un proceso de levantamiento” de la prolongada cuarentena, la también exministra de Desarrollo e Inclusión Social hace una radiografía de las cifras oficiales, el subregistro de casos y el impacto de la crisis en un sistema con brechas millonarias.

Por Diego Chirinos Retratos por Paula Virreira / Difusión EsSalud

Un déficit de 32.000 millones de soles en infraestructura, 9000 enfermeras y 5000 médicos. Ese fue el panorama encontrado por la pandemia del COVID-19, hace ya más de cien días, al enfrentarse por primera vez con una de las principales líneas de batalla en el Perú: el sistema de EsSalud. La derrota era una posibilidad latente. Las brechas de salud arrastradas durante años y el desconocimiento generalizado del virus dibujaban un diagnóstico reservado para el brazo operativo de la atención a miles de enfermos en el país. “Tuvimos que reaccionar rápido y esforzarnos muchísimo para poder dar la talla”, reconoce Fiorella Molinelli, presidenta ejecutiva de EsSalud.

La economista, sin embargo, no era nueva en el manejo de crisis. La controversial firma de la adenda del aeropuerto de Chinchero, materia de una investigación preparatoria por parte de la Fiscalía, tuvo en ella a una de sus principales protagonistas. Aquella controversia, a la cual califica como fruto de “un coctel de enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Congreso”, fue empleada luego por la oposición para pedir sucesivas renuncias durante su paso por el Viceministerio de Construcción, el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social e, incluso, EsSalud.

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“Hemos hecho todos los esfuerzos humanos posibles, dentro de las propias restricciones que hay en el mercado internacional y nacional, por adquirir equipo de protección personal. Pero todo esfuerzo termina siendo insuficiente por las ingentes necesidades”, señala Molinelli.

¿Cuánto desgaste generan poco más de cien días dirigiendo la primera línea de batalla contra la pandemia?

Han sido días muy intensos, de trabajo sin descanso de todo el equipo de profesionales de la seguridad social. No han existido fines de semana ni feriados. Muchos celebramos cumpleaños en la “cancha”, con los enfermos, viendo cómo ampliar las capacidades de un sistema que ya venía siendo bastante precario. En mi caso, los días duros se volvían más difíciles al ser mamá de tres niños.

¿Sus hijos, la presión o el miedo al contagio hicieron, en algún momento, que pensara en dejar el cargo?

Mi familia entiende perfectamente la misión de un buen funcionario público. Tengo casi 22 años como funcionaria y a nosotros nos formaron bajo el lema de que primero es la patria y luego está la familia. La mía entiende que este es un principio de vida. Lo que tratamos de ver es cómo cuidarnos entre todos, cómo minimizar ciertos riesgos que siempre están, porque no van a desaparecer.

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En un escenario de crisis como el actual, los riesgos de adoptar medidas políticas populistas son tan peligrosos como los del propio contagio. Y Molinelli, quien preside una institución que ha sido víctima de malos manejos en muchos pasajes de nuestra historia, lo tiene muy claro. Por eso, no duda al advertir que una ley como la del ascenso automático de profesionales de la salud, recientemente aprobada por el Congreso, generaría un sobrecosto laboral por más de 1100 millones de soles a EsSalud.

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La coordinación entre Molinelli y el presidente Martín Vizcarra es permanente. “Tenemos que analizar región por región, sobre todo a nivel de provincias y distritos, a fin de ir aplicando la gradualidad y los criterios de flexibilización”, afirma la funcionaria, sobre los cambios en el estado de emergencia a partir del mes de julio.

En el día a día de la lucha contra el COVID-19, ¿existe un momento para pensar en qué tan preparado podría haber estar nuestro sistema de salud si no hubiese sido víctima de tantos malos manejos y actos de corrupción?

EsSalud no solo arrastra problemas estructurales relativos a lo que mencionas, sino también años de deudas impagas que superan los 4200 millones de soles y el desgaste de leyes populistas que lo vienen perforando por décadas. Estas han generado un forado de casi 4000 millones de soles por año. No podemos seguir postergando el cierre de brechas en la salud a cambio de votos. Hoy existen catorce hospitales que han sido declarados en emergencia y que esperan una rehabilitación o una reedificación. Eso y nuestros once millones y medio de asegurados están en juego, porque dependemos de las decisiones que toma –a veces sin pensar– el Congreso.

¿Qué impacto tendrá la norma, aprobada en plena pandemia, mediante la cual el personal de salud tendrá garantizado el ascenso automático?

Es una ley que rompe con todo criterio de meritocracia, viola pronunciamientos previos del Tribunal Constitucional y vulnera principios de la Constitución que indican que el Congreso no puede tener iniciativa de gasto ni vulnerar la intangibilidad de fondos de la seguridad social. Es una ley que nos condena a postergar decisiones tan importantes como las construcciones estimadas para este año de los hospitales de Puno, Cajamarca, Pasco, el María Reiche en Ica y el de Ate Vitarte en Lima. Ello se suma a que este año la seguridad social registrará una caída en la recaudación de ingresos como consecuencia de la recesión económica.

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El virus no solo afectó a pacientes durante estos más de cien días. Al cierre de esta entrevista, más de 7500 de los 57.000 trabajadores de EsSalud contrajeron el COVID-19; entre ellos, el exministro de Salud y asesor de Molinelli, Óscar Ugarte.

Mesetas y cuarentenas

Mientras la recaudación de ingresos de EsSalud cae, las cifras de casos y muertes por COVID-19 en el país continúa incrementándose. Al cierre de esta entrevista, los casos positivos habían superado los 250 mil, mientras las muertes ascendían a más de 8000. Aun cuando ciertos hospitales empiezan a regularizar su cantidad de ingresos a las unidades de cuidados intensivos en regiones como Loreto, la tan anhelada meseta general ha tardado más de lo esperado.

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¿Llegó o no la famosa meseta de contagios?

En las próximas semanas vamos a ver algunas regiones que se estabilizan, mientras otras comienzan a incrementar [sus casos]. Por ejemplo, en Loreto y Lambayeque, la situación está mucho más controlada durante estos días. Lima también debería empezar a comportarse de forma distinta, pero vemos crecimientos en Ica, Arequipa, Piura y en Áncash, sobre todo en la ciudad de Chimbote.

Teniendo en cuenta este comportamiento disímil, ¿la cuarentena debería extenderse?

Después del 30 de junio se puede iniciar un proceso de levantamiento de la cuarentena, quizá manteniendo algunas restricciones en los distritos que todavía presentan alto número de contagiados. Tenemos que analizar región por región, sobre todo a nivel de provincias y distritos, a fin de ir aplicando la gradualidad y los criterios de flexibilización.

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“Es una enfermedad bastante nueva, su comportamiento es mucho más difícil de entender para nosotros y otros países del mundo. Algunos señalan que afecta los pulmones con neumonías atípicas, que también puede afectar la parte cerebrovascular o incluso el corazón”, destaca.

Incluso algunas personas que estaban inicialmente a favor de la cuarentena han cuestionado su reiterada ampliación. ¿La prolongada cuarentena valió la pena?

Creo que sí, a pesar del alto grado de informalidad que tiene nuestra economía (70%). Sabíamos que iba a haber una alta tasa de contagiados, por la propia forma de vida del peruano, pero nuestro principal objetivo era mantener la menor letalidad posible, y hemos logrado llegar al 3%. En otros países, la letalidad superó el 7% o el 9%. Las medidas del gobierno y, en particular, la prolongación de la cuarentena, han permitido que el sistema de salud reaccione. En el caso de EsSalud, por ejemplo, empezamos con 392 camas de hospitalización y alcanzamos las 6807 camas al 15 de junio, mientras las camas UCI se elevaron de 122 a casi 500. Hemos implementado casi las dos terceras partes de camas que el sistema de seguridad social implementó en casi 83 años.

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¿Por qué es tan difícil conciliar la brecha entre las cifras oficiales y las cifras reales de fallecidos por COVID-19?

Porque en el Perú no todas las personas fallecen en un hospital, sino también en sus casas. Esta es una enfermedad bastante nueva, su comportamiento es mucho más difícil de entender para nosotros y otros países del mundo. Algunos señalan que afecta los pulmones con neumonías atípicas, que también puede afectar la parte cerebrovascular o incluso el corazón. Entonces, si una persona fallece aparentemente por un problema del corazón o de un infarto cerebral, eso no descarta que pueda ser un caso de COVID-19. Esos son temas que el Ministerio de Salud, que lleva el registro del sistema nacional de defunciones, deberá precisar. Lo que ha señalado es que esta información se podrá tener hacia fines de año.

En lo que concierne a EsSalud, ¿tienen un estimado de su propio subregistro de casos?

De lo que he podido apreciar en otros países y artículos de investigación, se habla de un subregistro de entre 30% y 40%. Y ese es un tema que no solo genera preocupación en el Perú, sino también a nivel internacional. Es lo que genera la propia inexactitud del comportamiento de esta enfermedad, que es tan extraña y aún está en investigación.

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Más de dos años después de su designación como presidenta de EsSalud y a tres meses de la declaratoria de la emergencia sanitaria, Fiorella Molinelli se mantiene firme en el cargo con un especial “principio de vida”: primero la patria y, luego, la familia.

¿Cuánto personal de EsSalud está hoy fuera de combate por contagios o por ser población de riesgo?

Poco más del 30% de personas ligadas a la seguridad social se ha acogido a la declaración jurada de ser personas con factor de riesgo por edad o por alguna presencia de comorbilidades (existencia de más de una patología en una misma persona).

¿Los médicos de EsSalud están lo suficientemente protegidos para enfrentar esta pandemia?

Hemos hecho todos los esfuerzos humanos posibles, dentro de las propias restricciones que hay en el mercado internacional y nacional, por adquirir equipo de protección personal. Pero todo esfuerzo termina siendo insuficiente por las ingentes necesidades. Hoy en día, el consumo de equipos de protección personal se ha multiplicado por más de doce. Y lo que al principio se estimó para uno o dos meses, se convierte en proyecciones que pueden durar, en función de las necesidades de compra, hasta fin de año. Competir para encontrar una oferta importante en el mercado nacional, entre los distintos sistemas de salud, ya era difícil. Ahora vamos a tener que competir con los demás sectores de la economía que se reactivan y que van a tener que comprar mascarillas para sus trabajadores. Eso también hace que la oferta se siga reduciendo.

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En el Perú, el 84% de casos positivos se recuperó de forma satisfactoria. Mientras que el 14,5% se encuentra en aislamiento domiciliario y un 1,3% permanece hospitalizado. Al cierre de esta edición, quince trabajadores de EsSalud habían perdido la vida a causa del COVID-19.

En una coyuntura marcada por la carrera para comprar e implementar camas UCI, Molinelli finaliza con un mensaje: “Tenemos que cambiar ese chip, no tratar de tener más UCI sino ver cómo evitamos que más personas necesiten llegar a ellas. Eso pasa por reforzar tanto la prevención como la atención primaria”. Y es que, luego de más de cien días de pandemia, corremos ahora el riesgo de que la recesión económica se convierta también en una recesión de la salud.