Para su primera aparición en la gran pantalla, Michael Fassbender se dejó ver con el torso desnudo. Se estaba gestando un gran talento. En 2007, el actor fue parte del elenco de “300” y, entre tantas piruetas y peleas con espadas, pocos (o casi nadie) se atrevieron a pensar que el hombre que interpretaba a Stelios se convertiría, con el paso de los años, en uno de los referentes más importantes de su generación. Pero felizmente faltaba muy poco tiempo para que eso sucediera.

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Nacido en Alemania, se trasladó a Irlanda cuando tenía sólo dos años. Cuando acabó el colegió ingresó a la prestigiosa Central School of Speech and Drama, donde se formaron otros talentos como el de Laurence Olivier, Judi Dench y Gael García Bernal. Aunque no dio el salto al cine hasta los treinta años, Fassbender empezó una prometedora carrera teatral y dio un primer paso importante en la televisión en 2001: su primera experiencia fue en “Band of Brothers”, una serie producida, nada más y nada menos, por Steven Spielberg y Tom Hanks. En esta serie también dieron sus primeros pasos otras figuras como Tom Hardy, James McAvoy e incluso Jimmy Fallon.

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Después de ser parte de “300” llegó su primer protagónico importante de la mano de un director con el que formaría una de las alianzas más llamativas del cine en los últimos tiempos. En “Hunger”, bajo la dirección de Steve McQueen, Michael Fassbender se convirtió en Bobby Sands, uno de los principales promotores de la huelga de hambre de 1981 en Irlanda del Norte. Era 2008 y el germano-irlandés tuvo que despedirse de su habitual cuerpo atlético para asumir un papel que significó todo un reto físico y psicológico. ¿El resultado? Uno de los trabajos más recordados de su carrera y la demostración de que era un actor serio y capaz de hacer lo que se le pidiera.

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De la mano de Steve McQueen –después de haber participado en otras grandes películas como “Fish Tank” e “Inglourios Basterds”– llegaría el papel que lo convirtió en el actor respetado que es ahora. Era 2011 y Fassbender tomó el rol protagónico de “Shame”, un film que se mete en la vida de un hombre con un serio problema de adicción al sexo. ¿Escenas exigentes corporalmente? Sí. ¿Tomas de desnudos? También. ¿Emocional? Por supuesto. Sin embargo, como a veces pasa, este trabajo, considerado por muchos críticos como el más importante de su carrera, fue ignorado por la Academia en la categoría de Mejor actor así como su interpretación en “Twelve Years a Slave” donde interpretó a un abusivo y agresivo dueño de una plantación que creía que la esclavitud estaba sustentada en la Biblia.  Su segunda nominación ha llegado hace solamente unos días gracias a su trabajo en “Steve Jobs”, donde se transformó en el visionario empresario para ofrecer una actuación dinámica y aguda en una película que parece más una obra  de teatro dividida en tres partes que un film hollywoodense.

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Hoy Michael Fassbender es ya un actor consagrado que ha sabido moverse entre películas de autor y súper producciones destinadas a grandes públicos. Por eso no es extraño que hoy los críticos lo aplaudan, adoren… y los directores quieran contar con él en cada uno de sus proyectos. Aunque tiene la competencia bastante dura frente a Leonardo DiCaprio y su avasalladora actuación en “The Revenant”, sigue siendo uno de los principales candidatos a alzarse con una estatuilla el próximo domingo 27 de febrero. Y si no sucede así, seguro que ya lo hará pronto.