En exclusiva. A un mes de haberse casado en el Valle Sagrado, Bruno Ascenzo y Adrián Bello hablan sobre el amor, la familia, los derechos LGBT en el Perú y el momento creativo que atraviesan juntos. Una conversación íntima sobre construir una vida compartida en un país que todavía tiene deudas pendientes con la libertad.
Por: Renzo Espinosa Mangini | Fotos: FCrew
Bruno Ascenzo nos abre la puerta del departamento donde vive desde hace más de seis años junto al cantante y compositor Adrián Bello, su reciente esposo. Está feliz. La emoción de las últimas semanas todavía se siente en el ambiente, mientras Uma, Yuki y el Señor Gonzales –sus tres gatos– merodean curiosos por la sala. Segundos después aparece Adrián. Acaban de regresar de entrenar. Se sientan juntos y, casi sin darse cuenta, empiezan a completar las frases del otro.

“Nosotros somos muy afortunados, porque nuestra familia nos ama y nuestros amigos también, y nos lo hacen saber y sentir”.
Hace exactamente un mes se dieron el “sí” en el Valle Sagrado de Cusco. La ceremonia estuvo llena de canciones, lágrimas y abrazos largos. “Fue mejor de lo que imaginé”, dice Adrián, sonriendo. Bruno, en cambio, habla de la sensación de sentirse sostenido. “Ese fin de semana nos llenó de amor y de ilusión”, resume. Ambos coinciden en algo: nunca imaginaron que terminarían organizando una boda y, sin embargo, hoy sienten que ese ritual sí marcó un antes y un después.
Hace diez años, COSAS publicó en el Perú la primera portada editorial dedicada a una pareja del mismo sexo. La conversación que generó aquella edición –entre mensajes de cariño y comentarios violentos en redes sociales– también incentivó a Bruno a hablar públicamente sobre su orientación sexual. “Sentí que tenía que hacer algo para que esas palabras dejaran de afectarme”, recuerda. Una década después, tanto él como Adrián sienten que el país sigue teniendo una deuda pendiente con la comunidad LGBT. “Pareciera que estamos retrocediendo”, dice Adrián.

Desde los balcones de la casona hasta la pista de baile, cada rincón fue escenario de recuerdos compartidos.
No ha sido un camino sencillo, pero ambos reconocen que el amor de su círculo más cercano les permitió resistir momentos difíciles. También entienden que su historia inevitablemente abre conversaciones necesarias sobre libertad, identidad y el derecho de mostrarse tal cual uno es. Mientras tanto, atraviesan uno de los momentos creativos más importantes de sus carreras. Bruno ultima detalles de su obra “Flores en las nubes”, y de “La Tribu”, la adaptación cinematográfica de su exitoso montaje teatral. Adrián, por su parte, prepara el concierto más ambicioso de su carrera en el Gran Teatro Nacional, un espectáculo sinfónico góspel dirigido por Bruno. Por primera vez, después de trece años como pareja, decidieron trabajar juntos.
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Después de darse el “sí” en Cusco, ¿cómo se sienten hoy como pareja? ¿Creen que algo cambió entre ustedes después de la boda?
Bruno: Yo diría que es como una tercera temporada de nuestra relación. En lo concreto, no ha cambiado mucho, porque ya convivimos hace varios años, ya tenemos a los gatos hace tiempo y compartimos una vida bastante construida. Pero sí ha cambiado la emoción de celebrar y constatar que el amor que sentimos entre nosotros no solo sigue ahí, sino que además es celebrado por nuestra familia, por nuestros mejores amigos y por toda la gente que nos ha acompañado a lo largo de la vida. Ese fin de semana nos rodeó de una energía muy especial y, al menos a mí, me llenó de amor, ilusión y alegría.
Adrián: Antes de casarnos pensaba que el matrimonio era por las puras. No le daba tanta importancia, pero finalmente toda celebración de matrimonio tiene algo muy poderoso. Yo sí he vivido nuestra boda como algo donde existe un antes y un después. Me dio una sensación nueva de tranquilidad, seguridad y amor. Para una pareja del mismo sexo que construye su relación dentro de un ecosistema adverso, sentir una red de contención tan grande y tan amorosa sí cambia algo internamente.

Cada invitado ató una lana con una intención especial, convirtiendo el gesto en uno de los momentos más emotivos de la celebración.

La celebración reunió a amigos y familiares en un ambiente íntimo, cálido y festivo.
La ceremonia fue muy íntima y muy de ustedes. ¿Fue tal cual la imaginaron?
Bruno: Todas las ideas fueron apareciendo poco a poco. La verdad es que nunca pensamos realmente en casarnos, era algo que sentíamos muy lejano. Primero llegó la pedida [a inicios de 2025], y después empezamos a construir todo con calma. La ceremonia también nació así. Queríamos involucrar a los invitados porque sentíamos que la ceremonia se sostenía en ellos, todos formaban una especie de tejido que nos sostenía y legitimaba nuestro amor. Por eso les dimos a todos retazos de telas de diferentes colores para que cada uno dejara una con una intención y las amarrara en un madero que ahora tenemos en nuestra casa.
Adrián: Yo creo que fue incluso mejor de lo que imaginé. Estaba un poco estresado por los tiempos y por todo lo que implica organizar una boda, pero al final todo fluyó perfecto. Mi mamá y mi hermano hablaron muy bonito, y mis mejores amigos del colegio también. ¡Gisela Ponce de León y Cristina Valentina cantaron hermoso y mis amigos músicos también! Fue muy emocionante sentir que todo el mundo realmente quería acompañarnos.

“Queríamos que fuera una fiesta llena de amor y libertad”, cuentan sobre su boda.
“Nuestra historia también habla de la importancia de
poder vivir el amor sin miedo”.
Bruno, en 2016 decidiste hablar públicamente sobre tu orientación sexual. Mirando hacia atrás, ¿cómo recuerdas hoy ese proceso?
Bruno: Decidí hacerlo públicamente en 2016 justamente porque vi la portada de COSAS y los comentarios horribles que mucha gente escribía sobre una foto que a mí me parecía muy bonita. Sentí que tenía que hacer algo para que esas palabras que tantas veces se usan como insulto dejaran de afectarme. Para mí fue muy liberador decir la verdad y dejar de vivir con una especie de doble discurso entre quién era públicamente y quién era privadamente. No me arrepiento de nada y creo que, de alguna manera, también ayudó a mucha gente.
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