Uno de los actores más admirados de su generación, director y activo defensor del medio ambiente, recibió el reconocimiento Glocal Hero en el Festival Transatlantyk 2017, en Polonia. Estuvimos allí con él, hablando de cine, política y su propio futuro.

Por Pamela Biénzobas

A los roles inolvidables que Edward Norton ha acumulado en sus cuarenta y ocho años, ahora se suma el de “Héroe Glocal”, como lo nombró hace poco –en un reconocimiento que ya habían recibido, entre otros, el ambientalista danés Bjørn Lomborg, Yoko Ono y la teórica y crítica literaria india Gayatri Chakravorty Spivak– el Festival Polaco de Cine Transatlantyk, que promueve la apertura hacia otras artes y la sociedad.

“Cuando están sucediendo cosas así en Polonia o en los Estados Unidos, tratan de callarnos diciendo ‘artista, haz tu arte y no política’”, dijo refiriéndose a la política ultraconservadora, populista y nacionalista del partido de gobierno polaco PiS, y a los innumerables retrocesos sociales y ecológicos de la administración Trump.

El actor conversó con un público fascinado durante una master class (cuyas entradas se agotaron en instantes) en el Gran Teatro de Łodz, una ciudad de tradición cinéfila que él conocía muy bien. “Łodz es legendaria debido a Polanski”, comentó en alusión a la mundialmente célebre escuela de cine donde se formó el autor de “El bebé de Rosemary”, pero también Milos Forman, Andrej Wajda y otros grandes del cine de Europa Oriental.

Desde su infancia, la familia de Edward Norton no solo nutrió su cultura, sino también su sentido de ciudadano comprometido. De hecho, su abuelo materno, James Rouse, creó una fundación (Enterprise) para ayudar a sacar a familias del círculo de la pobreza, promoviendo la creación de viviendas, mientras que su padre es abogado especializado en causas medioambientales.

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Así, el mismo año 2010 en que se convirtió en representante de la ONU, fundó el sitio de financiamiento colaborativo CrowdRise, enfocado especialmente en causas sociales y organismos sin fines de lucro. La idea le vino cuando él mismo usó las redes sociales para reunir fondos para el Maasai Wilderness Conservation Trust (del que es presidente del directorio en los Estados Unidos) y consiguió más de un millón de dólares.

“La persona promedio que monta un proyecto en nuestro sitio reúne unos dos mil dólares, pero en los años que llevamos se han reunido unos 600 o 700 millones de dólares”, contó con satisfacción, y sobre todo para ilustrar su gran convicción: “Nuestra capacidad de crear el cambio a través de varios esfuerzos personales, locales, es real y está sucediendo”.

A Edward Norton lo mueve la esperanza. Se le nota al hablar, aunque de tanto entusiasmo empiece tres frases antes de terminar una, reformulando y saltando entre ideas. “Es efectivamente aterradora la perspectiva del colapso ambiental mundial y el cambio climático”, admitió, pese a que inmediatamente opuso un ángulo ligeramente más optimista. 

“Como civilización, hace apenas unas décadas tenemos conciencia de que en verdad estamos afectando el clima, y ya la era de la negación está quedando atrás; incluso, con esta decisión increíblemente regresiva en los Estados Unidos de salirse de los acuerdos (de París). Pero la verdad es que los ciudadanos de los Estados Unidos no necesitamos a Trump para permanecer dentro. Los estados de California y de Nueva York, por sí solos, son la tercera mayor economía del mundo. Si ellos, si cuarenta o cincuenta alcaldes se comprometen a alcanzar las metas, la ciudadanía de los Estados Unidos puede cumplir los objetivos climáticos de los acuerdos de París sin la autorización del gobierno federal. Eso me parece inspirador”.

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El desafío es “hacer que la gente se preocupe, incluso se asuste por estos temas, pero no se paralice. Muchas acciones locales a través del mundo van sumando”, añadió. “Es un momento extraño, porque da miedo, y al mismo tiempo, para mí hay, muchos signos de que la ciudadanía mundial puede acabar por vencer. Creo que Exxon va a sufrir más que nosotros”.