La persona que simboliza el mayor éxito del fútbol peruano en casi cuatro décadas es un hombre de familia, discreto y trabajador, que se ganó la confianza y el respeto de los habitualmente díscolos futbolistas peruanos gracias a sus incuestionables dotes de líder. En este reportaje, diversos especialistas enumeran las claves del éxito de la campaña de Ricardo Gareca en las clasificatorias a Rusia 2018. Además, repasamos datos hasta hoy desconocidos en la biografía de uno de los grandes protagonistas del año en el Perú.

Por Raúl Cachay A.

Ricardo Gareca

Como futbolista, Gareca destacó en equipos tan importantes como Boca Juniors, en Argentina, y América de Cali, en Colombia, pero jamás pudo jugar una Copa del Mundo con su país. Y si bien ha dirigido a diversos clubes en el Perú, Brasil, Argentina y Colombia, nunca antes había dirigido a una selección nacional.

No es un estratega detallista y obsesivo, como Marcelo Bielsa o Salvador Bilardo, ni un esteta obcecado con lograr que sus equipos jueguen de la manera más ofensiva y arriesgada posible, como César Luis Menotti o Jorge Sampaoli. Tampoco es, necesariamente, el clásico técnico “motivador” que busca generar una relación de complicidad y hasta de amistad con sus dirigidos. Ricardo Gareca, el gran factótum del regreso de la selección peruana a la Copa Mundial de Fútbol luego de treinta y seis larguísimos y tortuosos años, supo imponer un estilo y una personalidad muy definidos a un seleccionado mayor que parecía a la deriva tras el discreto paso de Pablo Bengoechea como sucesor casi interino de Sergio Markarián en la dirección técnica.

La primera frase que lanzó al llegar al Perú para entrenar a la selección en 2015 básicamente definió lo que sería su ética laboral en los siguientes dos años: “Estoy aquí porque creo en el futbolista peruano”. Esa es la principal clave del éxito de este proceso: poco a poco, el entrenador argentino de 59 años –nació el 10 de febrero de 1958 en la localidad de Tapiales, Buenos Aires– fue devolviendo al futbolista peruano, silenciosamente y a pulso, esa confianza perdida a lo largo de lustros de fracasos sostenidos, y lo hizo con discreción y sin declaraciones altisonantes, tanto en el triunfo como en la derrota. Más que grandes innovaciones tácticas, el gran mérito del ‘Tigre’ fue aprender a contener, manejar y guiar a sus dirigidos: pocas veces hemos visto a un plantel nacional tan comprometido con los objetivos y las ideas trazadas por su entrenador como el que derrotó hace un par de semanas a Nueva Zelanda en el repechaje para Rusia 2018.

Ricardo Gareca

Con el América de Cali, Gareca logró el título nacional colombiano seis veces consecutivas. También alcanzó la final de la Copa Libertadores en tres oportunidades, pero las perdió todas.

Hombre de familia

Aunque siempre ha sido muy celoso de su vida personal, ciertos datos en la biografía del técnico de nuestra selección ayudan a entender mejor por qué se ha ganado el afecto y el respeto de tanta gente a lo largo de su carrera deportiva. Para empezar, es preciso destacar la solidez de su entorno familiar. Ricardo Gareca empezó el noviazgo con su esposa Gladys Hartintegui a los diecisiete años, cuando ambos practicaban deportes en Juvencia, el club del barrio donde se criaron (en el que, por cierto, empezó como arquero, no como delantero). Ricardo y Gladys, quienes se casaron en 1985, son padres de dos hijos, Milton y Robertino, quienes siguen muy de cerca los triunfos de su padre y más de una vez han estado presentes en las tribunas del Estadio Nacional alentando a nuestra selección.

Ricardo Gareca

En 2009, Gareca cumplió el sueño de dirigir y sacar campeón al equipo del que fue hincha desde niño: Vélez Sarsfield.

Gareca también tuvo una relación muy especial con su padre, Alberto, quien murió en 2008, precisamente cuando estaba dirigiendo a Universitario. Ambos solían ir juntos al estadio para alentar a Vélez Sarsfield desde que ‘El Tigre’ era muy pequeño. Por eso, cuando logró el título argentino con el cuadro del barrio de Liniers, el hoy técnico mundialista no pudo contener el llanto. “Yo sé que mi viejo siempre estuvo ahí durante el campeonato, yo percibía su presencia; en las situaciones límite, cuando se me complicaba el partido, sé que él estaba y me daba tranquilidad, sentí a cada instante su presencia”, declaró, también para “El Gráfico”, en 2009.

Ricardo Gareca

Junto a Juan José López en Boca Juniors, club en el que Gareca anotó más de 60 goles.

El más popular

De manera ciertamente previsible, la clasificación peruana a Rusia 2018 ha provocado que la popularidad del entrenador alcance niveles estratosféricos: según la última encuesta de IPSOS Perú, el 97% de los peruanos respalda a Ricardo Gareca. “Claramente, Gareca no puede subir más. Con el margen de error, podría tener 100% de aprobación”, afirma Carlos Ponce, director de Proyectos de Public Affairs de IPSOS Perú.

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“Creería que somos mucho más ‘resultadistas’ que analíticos, en lo que respecta al perfil de Gareca y a su estilo”, continúa Ponce. “La gente se ha comprado el rollo del proceso cuando hemos empezado a tener resultados. De hecho, al comienzo, cuando los resultados no se daban, la aprobación de Gareca, si bien era buena, no era lo que es ahora. La gente se ha volcado a la afición al fútbol cuando ha empezado a haber triunfos y la posibilidad de una clasificación. Así fue con Markarián, también. Somos gente que apoya con los resultados, y Gareca no ha sido la excepción. Al ser ‘resultadistas’, un mal Mundial podría afectar la popularidad de Gareca… Sí es verdad que, con la clasificación, Gareca tiene más crédito, una base sólida sobre la cual trabajar, porque apostó por un proceso y la gente creyó en eso. Habría que publicitar mejor la visión a largo plazo de la FPF para que la aprobación de Gareca no sea solo basada en resultados”.

Ricardo Gareca

A propósito de esos resultados, por ahora los peruanos somos mayoritariamente optimistas con respecto a la participación de la blanquirroja en Rusia 2018: un 25% piensa que tendremos un muy buen desempeño en la Copa Mundial de Fútbol, mientras que el 43% cree que el papel de nuestra selección será, cuando menos, bueno. Los pesimistas, por ahora, son una minoría absoluta: solo el 1% cree que nos irá mal en el Mundial.