Con el anuncio oficial programado para el 2 de marzo, la comunidad internacional debate entre la consolidación de los grandes maestros, como Alberto Campo Baeza o Kengo Kuma, y el ascenso de nuevas voces comprometidas con el impacto social y la artesanía local.
Por: Alessia Carboni
El próximo 2 de marzo, el mundo de la arquitectura se detendrá para conocer al nuevo ganador del Premio Pritzker. Este galardón, patrocinado por la Fundación Hyatt, no solo es el reconocimiento más prestigioso de la disciplina, sino que actúa como un barómetro de las preocupaciones de nuestra era. A diferencia de otros premios que destacan edificios concretos, el Pritzker honra una trayectoria de vida que combine talento, visión y, sobre todo, un compromiso inquebrantable con la humanidad.

El Pritzker ha pasado de reconocer a figuras estrella a premiar arquitectos con un profundo compromiso humanista y soluciones sociales.
Para entender hacia dónde se inclina la balanza este año, conviene recordar los pilares que rigen la selección: los principios vitruvianos de firmeza, utilidad y belleza. Tras décadas premiando a los «arquitectos estrella» y sus formas disruptivas —como Frank Gehry o Zaha Hadid—, el jurado ha virado recientemente hacia una arquitectura más humanista y sostenible, personificada en figuras como Alejandro Aravena o el último ganador, Liu Jiakun. Bajo este contexto, cinco nombres resuenan con fuerza en las quinielas de este 2026.
La mirada social de Tatiana Bilbao
La arquitecta mexicana se ha convertido en una de las favoritas gracias a un enfoque que sitúa a la comunidad en el centro del diseño. Su trabajo no busca el espectáculo visual por sí mismo, sino la transformación social a través de la vivienda colectiva y los procesos participativos. Obras como la Casa Ajijic, donde utiliza el barro como material principal, o el Centro de Investigación Sea of Cortez, demuestran que la sostenibilidad y la inclusión son ejes viables para la arquitectura contemporánea de alto nivel.

La mexicana Tatiana Bilbao resuena con fuerza gracias a su arquitectura social, centrada en la vivienda colectiva y el diseño participativo.
La maestría artesanal de Bijoy Jain
Desde su estudio en Mumbai, Jain propone una vuelta a las raíces. Tras formarse en Estados Unidos y trabajar con figuras como Richard Meier, regresó a la India para fusionar la tradición con la modernidad. Su práctica es una oda al detalle y al respeto por los recursos locales. Proyectos como «Work-Place» evidencian su interés por procesos constructivos donde el arquitecto y el artesano colaboran estrechamente, priorizando siempre la relación emocional del habitante con su entorno.

Desde Studio Mumbai, Jain integra artesanía local y modernidad, posicionándose como un referente de la arquitectura sostenible y humana.
Frida Escobedo: el equilibrio entre luz y tiempo
Escobedo es, para muchos, la candidata de la renovación generacional. Fue la arquitecta más joven en diseñar el Serpentine Pavilion de Londres y recientemente ha asumido el reto de proyectar la nueva ala del Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Su arquitectura destaca por una profunda reflexión sobre cómo la luz y el paso del tiempo afectan al espacio social, logrando proyectos que trascienden los límites técnicos tradicionales para convertirse en experiencias sensoriales.

Tras diseñar el Serpentine Pavilion, Escobedo se consolida como favorita por su capacidad para transformar el espacio social y la luz.
El eterno favorito: Kengo Kuma
A sus 71 años, el nombre de Kengo Kuma es ya un clásico en las listas de espera del Pritzker. El maestro japonés sigue sorprendiendo por su capacidad para elevar lo cotidiano. Un ejemplo reciente es su participación en el proyecto Tokyo Toilet, donde diseñó unos baños públicos revestidos de cedro. Al compartir iniciativa con otros ganadores del Pritzker como Tadao Ando o Shigeru Ban, muchos consideran que este es el momento definitivo para que Kuma reciba el máximo honor por su legado de ligereza y materialidad orgánica.

Reconocido por su uso de materiales orgánicos, el maestro japonés figura nuevamente entre los candidatos más sólidos al máximo galardón.
La esencia de la luz: Alberto Campo Baeza
La representación española llega de la mano de Alberto Campo Baeza. Con una carrera dedicada a la docencia y a la búsqueda de una arquitectura radicalmente esencial, el catedrático madrileño defiende que la gravedad y la luz son los verdaderos materiales de construcción. Su obra es un ejercicio de depuración extrema, visible en proyectos icónicos como la Casa del Infinito en Cádiz —un podio frente al Atlántico— o la Casa Guerrero, donde el silencio y la geometría crean espacios de una intensidad poética inigualable.

El arquitecto español destaca por su dominio de la luz y la gravedad, con obras esenciales como la Casa del Infinito.
El veredicto final dirá si el jurado opta por premiar la trayectoria consolidada de los maestros de la luz y la madera, o si se decanta por el activismo social y la nueva artesanía global.
Suscríbase aquí a la edición impresa y sea parte de Club COSAS.