El fundador de Osaka y MCK Hospitality revela cómo la paternidad transformó su manera de vivir. En exclusiva, comparte la relación que mantiene con sus hijos Iago y Noah, unidos por el mar, la competencia y una vida construida alrededor de la naturaleza

Por: María Jesús Sarca AntonioFotos: Lalo Rondón y cortesía de Diego de la Puente

Con 35 años sobre una tabla y una vida de viajes, el riesgo y la gastronomía, Diego de la Puente pensó que ya había vivido todas las versiones posibles de sí mismo. Pero convertirse en padre cambió por completo su manera de entender el tiempo, el trabajo y hasta el éxito. “Me dieron más ganas de emprender, de salir adelante, de crecer, de volverme un ejemplo”, dice el fundador de Osaka y MCK Hospitality, mientras habla de Iago y Noah, sus dos hijos, con la calma de quien encontró un nuevo centro de gravedad.

Creció en Punta Hermosa, donde hoy también crecen sus hijos entre entrenamientos, campeonatos y viajes buscando olas. Iago, de 13 años, ya ha representado al Perú en competencias internacionales como el Campeonato Sudamericano de Surf en Punta Rocas y también ha competido por el Colegio Franklin Delano Roosevelt en distintos circuitos locales. Noah, de 10, es considerado uno de los talentos infantiles más prometedores del surf peruano: ha liderado rankings nacionales en categorías Sub-10 y Sub-12 dentro del Circuito Peruano de Surf y UNISURF. El surf, en su familia, es una herencia compartida, una forma de mantenerse unidos. Entre tablas, competencias, viajes por Indonesia, Portugal o el norte del Perú, Diego habla de sus miedos como padre, del carácter de sus hijos y del reto permanente de equilibrar la vida familiar con la exigencia de liderar uno de los grupos gastronómicos más importantes del país.

¿Cómo te cambió la paternidad como persona y también como empresario?

La paternidad es una de las cosas más bonitas que me ha pasado en la vida. Me encanta ser papá. Creo que, como cualquier padre, mi mayor motivación y mi mayor motor son ellos. Tanto desde el lado personal como empresarial, mis hijos me dieron más ganas de emprender, de salir adelante y de convertirme en un ejemplo. Antes era mucho más libre, me movía constantemente, viví en Buenos Aires, en Estados Unidos y viajaba muchísimo. Pero cuando me casé y nacieron mis hijos decidí instalarme en Perú.

¿Cómo era el Diego antes de convertirse en padre?

Fui papá a los 37 años, así que ya había vivido muchísimo. Había viajado por todo el mundo, salido muchísimo, disfrutado la vida nocturna y los restaurantes. Los primeros años como emprendedor gastronómico eran intensos: vivías amarrado al restaurante y al bar. Pero cuando nacen tus hijos cambia todo. Ser papá y empresario al mismo tiempo demanda muchísima energía, sobre todo si quieres estar presente de verdad.

¿Qué aprendiste de Iago y Noah?

Diego de la Puente posa junto a sus hijos Iago y Noah.

Con Iago aprendí muchísimo porque fue mi primer hijo. Uno tiene muchos miedos: a que se caigan, a no estar presente, a equivocarse. Justo en esa época nosotros estábamos creciendo internacionalmente y yo viajaba bastante, así que aprendí a balancear esa ausencia con estar muy presente cuando volvía. Con Noah ya llegas con otra experiencia. El primer hijo te enseña muchísimo y probablemente es con quien más errores cometes.

¿Cómo describirías la personalidad de cada uno?

Ambos son súper activos, curiosos y deportistas. Iago tiene un lado muy creativo y emprendedor. Desde muy chico quería crear cosas: hizo una marca de ceras para surf y luego una marca de ropa. Noah tiene un perfil más musical y más relajado. Toca batería, le encanta hacer bromas y también tiene muchísimo talento para el surf. Los dos crecieron muy conectados al mar y a la naturaleza. Durante la pandemia vivimos prácticamente en la playa y nunca sintieron encierro.

El surf parece ser un deporte que se hereda por la sangre en tu familia. ¿Qué representa realmente?

Yo llevo 35 años haciendo surf y crecí en Punta Hermosa, igual que mis hijos. Vengo de una familia completamente ligada al mar. Mi papá corría tabla, mi tío Oscar Malpartida fue campeón nacional y mis primos son Kina y Álvaro Malpartida. En nuestra familia el mar siempre ha sido un punto de encuentro. Las vacaciones giran alrededor de buscar olas, viajar y descubrir lugares nuevos.

¿Recuerdas la primera vez que entraste al mar con tus hijos?

Claro. Con Iago y Noah los metí al mar desde bebés. Los trepaba a la mitad de la ola y remaba con ellos. Ambos pasaron por momentos en los que se asustaron y dejaron de correr tabla un tiempo. Noah incluso dejó de correr casi un año y medio, pero después volvió a competir y ganó varias veces seguidas. Hemos viajado muchísimo buscando olas. Indonesia, Costa Rica, México, El Salvador, California, Portugal. El viaje más largo fue Indonesia. Paramos en California, luego Bali y después Lombok. Siempre son rutas de surf. Iago ya ha competido internacionalmente. En Portugal quedó segundo en un campeonato. En El Salvador llegó a semifinales en un latinoamericano. Acá fue parte de una selección peruana a los 12 años, en un campeonato sudamericano que hubo en Punta Rocas; incluso tuvo un accidente, alguien lo atropelló con otra tabla y se cortó la oreja. Así con la oreja cortada y bien parchado con su casco llegó hasta las semifinales. Es un pequeño guerrero mi chiquillo, como le digo yo.

Diego de la Puente con el menor Noah que da sus primeros pasos en el surf.

Diego de la Puente se muestra feliz que sus hijos Iago y Noah sigan su pasión por el surf.

¿Cómo viven las competencias en familia?

Nos encanta. Es casi imposible perdernos un campeonato. A veces estoy viajando y los veo por streaming desde otro país. Pero más allá de ganar o perder, creo que competir les enseña humildad, resiliencia y disciplina. Uno pierde más veces de las que gana y aprender a lidiar con eso es una herramienta para toda la vida. Siempre les digo: “You have to take your losses like you take your wins”.

¿Qué sientes cuando los ves competir?

Es súper emocionante. Creo que nosotros nos ponemos más nerviosos que ellos. También es duro verlos frustrados cuando pierden, pero son aprendizajes importantes. Iago y Noah tienen muchísimo talento y mi mayor motivación es ayudarlos a desarrollar ese talento lo más lejos posible.

¿Cómo haces para equilibrar la vida familiar con un grupo gastronómico tan grande?

Respeto muchísimo mi tiempo con ellos. Normalmente los fines de semana estaría en la playa con mis hijos. Viajo mucho por trabajo, pero siempre trato de estar presente. Para mí eso es clave.

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