Su majestad viajó este lunes a Cabo Verde, pero esta vez no lo hizo en el tradicional A-310, el avión de la Fuerza Aérea Española conocido por su lujo y avanzadas medidas de protección

Por Redacción COSAS

La reina Letizia inició este lunes una visita de trabajo a Cabo Verde que se extenderá hasta el próximo jueves, donde conocerá de primera mano los proyectos de la Cooperación Española en áreas prioritarias como igualdad de género, desarrollo integral y economía azul. Para este viaje, la soberana optó por no utilizar el habitual Airbus A-310 de la Casa Real, rompiendo con el protocolo establecido en los últimos años.

El avión, adquirido en 2003 y modificado especialmente para transporte VIP, sigue siendo el referente de los viajes oficiales más relevantes, gracias a sus incomparables características de lujo y seguridad que lo convierten en un auténtico «palacio volante«. Con capacidad para vuelos transatlánticos sin escalas gracias a su autonomía de más de 12 horas, el avión está preparado para garantizar la máxima productividad y descanso de sus  pasajeros durante los trayectos.

La reina viajó acompañada por la secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Eva Granados

Un interior digno de palacio

Al traspasar la puerta del avión, el interior, revestido en maderas nobles y suelos enmoquetados, más parece una suite de lujo que un medio de transporte. La distribución incluye espacios diferenciados para el trabajo, el descanso y las reuniones protocolarias, permitiendo a los pasajeros reales desarrollar su agenda incluso a 10,000 metros de altura.

Entre sus comodidades más destacadas se encuentran dos dormitorios privados, uno reservado tradicionalmente para los reyes y otro para su equipo más cercano. La sala de reuniones, equipada con una amplia mesa de trabajo, permite celebrar consejos o preparar discursos durante el vuelo. Para completar el confort, el avión cuenta con una cocina completa capaz de servir menús gourmet y hasta una ducha privada, un lujo poco común incluso en la aviación ejecutiva más exclusiva.

Tecnología y seguridad de última generación

La protección de los pasajeros es la prioridad absoluta en este avión. Equipado con sistemas de defensa activa, la aeronave cuenta con tecnología capaz de detectar y desviar posibles amenazas misilísticas. Este nivel de salvaguarda, propio de aviones militares, se complementa con comunicaciones encriptadas que garantizan la confidencialidad de las conversaciones a bordo durante las misiones oficiales.

Los reyes durante su despedida en el Pabellón de Estado del aeropuerto ante el viaje a Italia

El blindaje especial del fuselaje y las ventanas antibalas proporcionan una capa adicional de protección. Estos sistemas convirtieron al A-310 en la opción preferente para traslados reales y evacuaciones médicas internacionales y traslados de emergencia.

Una aeronave con historia

El avión con matrícula T.22-2 acumula ya más de dos décadas de servicio a la Corona española. Desde su adquisición en 2003, fue testigo de momentos históricos como el viaje de los reyes a la coronación de Carlos III en Londres o diversas misiones humanitarias. Con 46 metros de eslora y una velocidad crucero de 900 km/h, su diseño prioriza la eficiencia sin sacrificar el confort.

Actualmente, el Ministerio de Defensa ya planea su sustitución para 2028, cuando cumplirá 25 años de servicio. Mientras tanto, sigue siendo el emblema de la aviación oficial española, habiendo transportado no solo a la familia real, sino también a presidentes del gobierno y equipos diplomáticos en misiones internacionales clave.

Los reyes llegan al aeropuerto de Haneda (Tokio) en su primera visita de Estado a Asia

El estándar de las casas reales europeas

El modelo español se sitúa a la par de los utilizados por otras monarquías europeas, aunque con diferencias notables. Mientras en España el avión se comparte con altos cargos del gobierno, otras casas reales como la holandesa cuentan con aeronaves dedicadas exclusivamente al uso real. Los Países Bajos, por ejemplo, invirtieron 90 millones de euros en un Boeing 737 privado para Guillermo Alejandro y Máxima.

En el otro extremo está el caso del príncipe Alberto de Mónaco, quien posee y pilota personalmente su Dassault Falcon 7X. Estas diferencias reflejan cómo cada monarquía adapta sus recursos aéreas según sus necesidades protocolarias y presupuestarias, siendo el modelo español un equilibrio entre prestaciones, seguridad y eficiencia económica.

El rey Felipe VI de España y el príncipe Alberto II de Mónaco comparten una relación cordial como jefes de Estado, coincidiendo en eventos diplomáticos y deportivos

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