En el mes de la fundación de Lima, CASAS convocó a seis expertos en urbanismo para desentrañar las problemáticas de la ciudad y ensayar una receta común a fin de comenzar a construir la ciudad que los limeños nos merecemos.

Por Edmir Espinoza H.

La llegada de 2018 encuentra en Lima a una ciudad colapsada y desconectada de sus propios actores. Planes truncos, reformas detenidas en el tiempo y una carencia total de estrategia y mirada a largo plazo. Por un lado, los avatares políticos de una próxima e inminente campaña electoral, y por el otro una gestión municipal desorientada y apurada por concretar proyectos aislados que salven situaciones límite, como la organización de los próximos Juegos Panamericanos y el problema del transporte, no auguran a este como un año prometedor para la capital del país.

Aprovechando el mes de fundación de la otrora Ciudad de los Reyes, seis urbanistas y arquitectos ensayan un diagnóstico de nuestra ciudad, e intentan esbozar una lista de propósitos y retos para Lima para los próximos doce meses.

1. Un plan para Lima

La necesidad de elaborar e implementar un Plan Metropolitano de Desarrollo Urbano es un pendiente largamente postergado en nuestra capital. El último plan fue elaborado hace veinticinco años, y estuvo vigente hasta 2010. Desde entonces Lima camina sin un norte claro, y aunque la gestión anterior diseñó el Plan Metropolitano de Desarrollo Urbano de Lima y Callao (PLAM) hacia 2035, la administración Castañeda decidió encarpetarlo y abandonar el proceso participativo que el plan requería.

Para el arquitecto y urbanista Luis Rodríguez, la importancia del plan radica en la forma de comprender su concepción. “Hay que entender que un plan de desarrollo urbano no es un documento técnico, sino un acuerdo de toda una sociedad acerca de hacia dónde quiere dirigir su futuro y hacia dónde quiere que se dirijan los recursos más importantes”, explica Rodríguez.

Aunque el resto de expertos comparte la idea de la necesidad de un plan para la ciudad, hay voces que refieren que las urgencias de Lima no pueden esperar la implementación de un plan a largo plazo. El arquitecto y urbanista Augusto Ortiz de Zevallos refiere el ejemplo catalán: “En Barcelona se aprendió que un plan son los proyectos que lo activan. Tres o cuatro decisiones concretas, y a partir de estas se traza una estrategia más amplia. Tren costero, río recuperado y litoral recuperado. Solo estas cosas te cambian categóricamente la ciudad. Y van mucho más allá de Lima. Afectan a todo el país”. Siguiendo esta línea, Angus Laurie, director de Llama Urban Design, apunta que la falta de institucionalidad y los intereses políticos a corto plazo hacen casi imposible que se respete un plan, y recuerda a Jaime Lerner, tres veces alcalde de Curitiba, quien aplicó un modelo de “acupuntura urbana”, que utiliza numerosas intervenciones de pequeña escala y proyectos de bajo costo pero eficaces, que permitió a la ciudad regenerarse y resolver muchos problemas sociales de la urbe.

Lima

2. Transporte y movilidad

Para Laurie, esta visión de intervenciones estratégicas se sostiene en la poca capacidad gubernamental de articular esfuerzos. Por ello, es optimista con los avances de la iniciativa que busca implementar una Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU). “Creo en la ATU, porque es una forma de despolitizar el tema y comenzar a unificar criterios y esfuerzos en un trabajo coordinado que, a todas luces, las municipalidades no han podido asumir”.

De la misma idea es el arquitecto José García Calderón, ex coordinador técnico del PLAM hacia 2035. “Los metros solo van a cubrir un 20% de los viajes de transporte masivo”, dice. Claramente no es una solución. “Necesitamos ir al fondo de los problemas y no solo a sus efectos. Y esto pasa por la reforma del transporte urbano estratégica”.

El sociólogo Julio Calderón Cockburn tampoco cree que la implementación de un metro, nuevas líneas del Metropolitano y nuevos corredores configuren una solución. “No hay un sistema. Lo que hay son obras aisladas que no atacan a la informalidad del transporte. Necesitamos proyectos a gran escala, y en ese sentido es positivo el intercambio vial norte que va desde Ate, Comas, Callao, y llega hasta el aeropuerto. Esperemos que este año se concrete y, junto a otros proyectos, podamos pensar en un verdadero sistema”.

3. Espacio público y seguridad

Ortiz de Zevallos considera que la creación del espacio público es vital como disparador del desarrollo de una ciudad, y al respecto defiende la implementación de dos proyectos específicos: la recuperación de la Costa Verde y el río Rímac. “En el proyecto del litoral hay puentes peatonales preparados, listos y contratados, que no se ponen. Es lamentable, sobre todo porque el proyecto estaba encaminado y fue detenido sin ningún criterio lógico. También se detuvo el proyecto del río, que pretendía convertirlo en un foco de encuentro y ciudadanía, y que activaría el Centro. Que ahora el río sea un botadero de basura es inexplicable y triste”.

Julio Calderón Cockburn anota también la importancia del espacio público en una ciudad que en las últimas dos décadas ha tenido un crecimiento vertical desmedido, lo que ha vuelto a Lima en una urbe densa y compacta. “Está comprobado que en ciudades densas sin espacios públicos se desarrolla el vandalismo y la delincuencia. No solo está el litoral, existen zonas de umbral en las periferias de la ciudad y en recodos de los cerros que se pueden usar para el deporte y la cultura, y no se usan. Hablamos de la habilitación de espacios públicos como una forma de atender la problemática de seguridad, más allá de las estrategias de prevención y la represión. A más espacios públicos, menos delincuencia”.

Al respecto, Luis Rodríguez propone un nuevo modelo de distribución de impuestos distritales. “Es increíble que San Isidro y Miraflores terminen con intervenciones en el espacio público, con parques y adoquinados del primer mundo, y en el mismo momento y en la misma ciudad, cuarenta minutos al este, la gente no tiene una vereda o una escalera. Debemos de preguntarnos si queremos continuar administrando la ciudad acentuando las diferencias, o deberíamos tener un sistema de distribución que promueva una ciudad más equilibrada, en donde por lo menos todos los ciudadanos podamos disfrutar de un espacio público”.

Lima

4. Juegos Panamericanos

Hace cuatro años, la elección de Lima como sede de los Juegos Panamericanos 2019 fue considerada una oportunidad de oro para atender las múltiples problemáticas de la ciudad. Hoy, en cambio, la organización de los Juegos se vislumbra más como una situación que salvar antes que una oportunidad. Para el arquitecto Aldo Facho, no se hizo la tarea. “Se debieron identificar los lugares donde la incorporación de los proyectos podía generar mayor bienestar en el marco de un plan, y desarrollar acciones para la regeneración urbana, el mejoramiento del transporte público y la generación de espacios públicos. Lamentablemente, ya no hay tiempo, y lo que toca ahora es aprovechar la exposición internacional de los Juegos, y proyectar obras de corto plazo como el Centro Histórico, la Costa Verde, el río Rímac y Pachacámac”.

José García Calderón coincide en que la organización de los Juegos es una oportunidad perdida. “Normalmente en estos eventos se tiene una estrategia: en el caso de Barcelona la idea fue remozar la ciudad, y en Río se buscó reducir la inseguridad y atender el tema de la movilidad. En Lima pareciera que no hay detrás una gran idea. Y eso frustra cualquier intento de aprovechar un evento como este en beneficio de la ciudad”.

Como sus riquezas, los problemas de Lima son insondables. Los expertos consultados coinciden en la necesidad de generar un debate público que aborde tanto la problemática de viviendas en riesgo no mitigables –más de 250 mil limeños necesitan ser urgentemente reubicados– como el combate del tráfico de tierras y las invasiones. Tareas pendientes para una ciudad laberíntica.

Artículo publicado en la revista CASAS #253