Dos volúmenes de vidrio que llevan la naturaleza al interior de la casa. Una piscina techada e integrada al área social para disfrutar en cualquier temporada. En esta casa de Pachacámac, Reynaldo Ledgard propone una nueva forma de disfrutar el campo.

Por Tatiana Palla / Fotos de Gonzalo Cáceres Dancuart

Ledgard

Si tuviéramos que entender esta residencia campestre como un cuerpo, su piscina sería –sin duda– el corazón. El deseo de los propietarios de tener una alberca techada, sin que por ello perdiera su capacidad de convertirse en el eje de la vida social del área abierta de la casa, marcó el punto de partida del proyecto.

Para comenzar, Reynaldo Ledgard estaba trabajando en terreno conocido. El lote en el cual desarrolló la casa forma parte de un condominio que diseñó hace cerca de una década. Este retorno inesperado a un espacio que conocía bien, más el pedido capital de los propietarios, dio nacimiento a un proyecto que aprovechó el escalonado natural del terreno para plantear dos cuerpos de vidrio orientados a la espectacular vista que ofrece el condominio al valle de Pachacámac. El primero, para la piscina; el segundo, para la sala y comedor.

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“La orientación de la casa es importante. Está en la zona más alta del terreno y abre hacia el nordeste para mirar todo el valle. Eso explica por qué se planteó una casa tan abierta en sus áreas sociales, usando dos cajas de vidrio articuladas entre sí y con el área social de la terraza”, explica Ledgard.

La primera caja, ubicada en un nivel más bajo respecto al resto de la casa, no solo está pensada para el disfrute familiar sino también para hacer ejercicio: los carriles de natación en la base de la piscina dejan claro su uso principal. A la piscina se puede acceder desde el interior de la casa y también desde la terraza, a la que se integra a través de una amplia mampara. En su último tramo se empalma con la segunda caja de vidrio, ubicada en un nivel más alto y destinada a la sala comedor. En el interior, ambos espacios se integran mediante una celosía de madera para mantener la independencia de ambos bloques sin por ello perder la continuidad.

Ledgard

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Mezcla de estilos

Las cajas de vidrio, estructuradas con vigas de acero pintado, han sabido empatar elementos tradicionalmente relacionados con casas de campo (madera, piedra y piso de terraza) con grandes piezas de concreto armado, propios de un estilo sumamente contemporáneo. “Las vigas metálicas aligeran la estructura de los dos primeros bloques de la casa. De haber planteado columnas tradicionales, hubieran generado una estructura muy pesada a nivel visual”, dice Ledgard. En el área de la piscina se usa una pared de concreto expuesto que da un aire contemporáneo al espacio, a la vez que oculta el área de estacionamiento que se ubica en la parte posterior. Los techos, marcados por celdas de acero, están recubiertos por listones de madera tanto en el área de piscina como en la sala comedor.

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La terraza también aprovecha el desnivel del terreno para separarse en dos niveles: aquella que se empalma con la piscina, y otra delante de la sala comedor que alberga no solo la parrilla, sino también el cuerpo de la chimenea de concreto expuesto. “Quería que la chimenea no se convirtiera en una pared que corte la caja de vidrio. Para que tenga un carácter autónomo, la traté como un volumen externo que solo se conecta con el área del fuego”, explica Ledgard.

El tercer cuerpo de la casa, que alberga la cocina y las cuatro habitaciones, se trabajó con albañilería tradicional para dar la privacidad necesaria al espacio familiar. Al centro de este bloque se ubica un estar que funciona como área de circulación para acceder a las habitaciones, y que además sirve como sala íntima, espacio de trabajo y zona de televisión. La ventilación e iluminación natural provienen de cuatro teatinas que despuntan en el techo. Un contraste ideal y necesario respecto a las áreas abiertas de la casa. 

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Artículo publicado en la revista CASAS #256