Es catalán, pero también un referente indispensable en el interiorismo chileno. En tiempos de propuestas cada vez más homogéneas, su estudio apuesta por espacios personalizados y una estética contemporánea que rehúye las tendencias. El hotel santiaguino que presentamos a continuación es un nuevo ejemplo de este manifiesto.

Por Gloria Ziegler / Fotos de Ana María López

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El interiorismo es como el diseño de modas. De un lado, están quienes creen que su secreto reside en las tendencias y en algún detalle exótico. Del otro, aquellos que entienden el espacio como una pieza de alta costura, con sus lógicas propias y una elegancia capaz de perdurar en el tiempo. Jorge Fuentes está entre estos últimos. Y esa premisa encierra una de las claves de su éxito: en seis años, el interiorista catalán ha conseguido renovar la escena chilena con más de veinte proyectos residenciales, tres hoteles y dos restaurantes. Las revistas especializadas hablan de él como un referente. Y su estudio ya planea una expansión hacia el Perú. Sin embargo, esta no es la historia de una estrella nueva. En 2012, cuando llegó a Sudamérica, su estilo cálido y sobrio ya era tan conocido como su versatilidad.

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Aunque su acercamiento al interiorismo estuvo marcado por el azar –tomó un curso cuando ya se preparaba para estudiar Arquitectura–, pronto tuvo claro que ahí se definiría su futuro. Por eso, cambió de carrera en un santiamén y, después de graduarse en la escuela Diac-Eiade, abrió su primer estudio en Barcelona. Tenía veintitrés años, y el éxito sería tal que, nueve años después, abriría otro en Madrid. “Al principio, la mayoría eran proyectos residenciales, que es algo que siempre me ha gustado. Pero, poco a poco, fueron saliendo cosas más grandes”, cuenta. Así, llegó a idear algunos de los restaurantes más elogiados del World Trade Center de Barcelona, las salas VIP del aeropuerto de la ciudad y un penthouse –en ese momento, el mejor cotizado de toda España– con influencias gaudinianas, por encargo de un millonario inglés. “Creo que ahí se demostró la adaptación que podía ofrecer a diversos estilos, un savoir-faire”, dice

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Años más tarde, cuando la crisis económica empezaba a preocupar al sector, Fuentes recibió una propuesta inesperada: querían que liderara el interiorismo de un nuevo hotel en Las Condes, uno de los distritos más exclusivos de Santiago de Chile. “Era quedarme allá de brazos cruzados o venir a hacer otras cosas”, recuerda. La idea, entonces, era mudarse durante una temporada. Pero su trabajo, en una escena que recién comenzaba a despegar, no pasaría desapercibido.

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Un nuevo ícono para Santiago

En un momento en que el interiorismo parece cada vez más globalizado –y homogéneo–, Estudio Jorge Fuentes apuesta por ambientes elegantes y personalizados. “Me nutro de todo lo que pasa, pero, a la hora de trabajar, no sigo las modas de decoración de manera estricta. Lo más importante es el espacio, y con los años creo que he logrado construir un estilo contemporáneo pero duradero”, dice.

Icon, uno de los hoteles que ha conceptualizado en el distrito de Las Condes, articula esa premisa con la funcionalidad. Este edificio, ideado por el estudio A4 Arquitectos, tiene un atrio central de forma triangular, que funciona como nexo entre las veintitrés plantas y la terraza, y está coronado por una gran claraboya. “Era un proyecto donde la arquitectura debía lucirse tanto como el interiorismo. Y, para eso, necesitábamos un discurso coherente en cuanto a los materiales, sin grandes estridencias”, explica.

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En el lobby, la propuesta tomó como referencia las líneas rectas del edificio, e incluyó revestimientos de mármol y madera. El mostrador, una de las piezas más importantes, fue realizado con una piedra retroiluminada tallada a láser, y los sofás tienen formas orgánicas, para contrarrestar la sensación de dureza. El punto de color, aquí, está marcado por dos lámparas de cristales de Murano en color rosa ártico, y un conjunto de jarrones gigantes con la misma gama cromática.

Un piso más abajo, donde se encuentra el restaurante Bazzar, los tonos bronce y miel toman fuerza, junto a acentos de azul petróleo, conseguidos gracias a unos elegantes pufs. Y, en el tercer subsuelo, el spa consigue una estética zen, sin caer en clichés: “No quería nada oriental, porque lo encontraba como una historia muy repetitiva. Entonces, optamos por una ambientación oscura con puntos de luz muy precisos, mobiliario de ratán y unos bancos construidos con troncos del sur de Chile”, cuenta.

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En el extremo superior del edifico, las áreas comunes se caracterizan por un estilo minimalista, y las habitaciones adquieren una paleta de colores más sobria. Queríamos que se sientan como un espacio cálido. Funcional y cómodo, pero a la vez elegante”. La planta noble, por otro lado, incluye una suite presidencial con panelados de madera, papeles murales de Armani Casa y detalles de cobre –un emblema chileno–, con mobiliario italiano, holandés y español. Y, por último, la terraza se muestra como un espacio versátil, conseguido a partir de mobiliarios blancos y textiles color taupe, junto a un deck de madera. “La idea, finalmente, era generar un estilo contemporáneo bien cosmopolita, pero sin caer en modas”, concluye Fuentes. 

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Fotos: cortesía de Estudio Jorge Fuentes

Artículo publicado en la revista CASAS #259