Diseñada por Óscar González Moix y Alejandro Esposito, esta casa en La Jolla se baña de luces, sombras y movimiento a medida que transcurre el día. Las atmósferas delimitan los momentos de paz de los días ajetreados en la ciudad.

Por Laura Gonzales Sánchez / Fotos de Ramiro del Carpio

González Moix

“Quien domina la luz, domina los ambientes y las sensaciones”, dijo alguien. Esta casa se alinea perfectamente con esta frase, en tanto que el diseño de su iluminación no solo le otorga un valor añadido, sino que determina su calidad espacial tanto de día como de noche. Sus vistas nocturnas se presentan como escenas lumínicas, gracias a que emana una luz artificial que, al “traspasar el umbral”, crea líneas verticales y figuras que definen el haz. Durante el día, la luminosidad se atrapa desde el exterior hacia el interior, y provoca un efecto de luz filtrada. Temperaturas, proyecciones y movimientos que activan una atmósfera de paz, tranquilidad, pausa.

González Moix

Todo el efecto de la luz está definido por la masa. “Ambos, luz y masa, son el énfasis principal del proyecto. Es algo provocado, buscado y experimentado en esta obra. Tanto la luz como la masa dependen la una de la otra para sobrevivir”, dice Óscar González Moix, autor del proyecto junto a Alejandro Esposito.

González Moix

Llenos y vacíos

La piel de hormigón, vista en todo su exterior, es la masa. En un ritmo de llenos (1,5 m) y vacíos (0,5 m), la construcción emerge del terreno bajo la forma de grandes bloques que van unificando los laterales y los dos niveles de la casa. En realidad, estos bloques o piezas de hormigón, materialidad que consigue unidad discursiva y formal, son estructuras funcionales en el proyecto, porque en el interior hacen las veces de clósets, espacios para los lavaderos de los baños, estantes, muebles de apoyo en la sala comedor y jardineras en la terraza. Son parte fundamental en el programa diseñado para que el primer nivel albergue los dormitorios de hijos y visitas, la zona de servicios y cocheras, y una sala familiar.

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González Moix

En el segundo nivel se encuentran la cocina, el baño de servicio, el dormitorio principal con vista hacia la calle y frente al mar, la zona social, la terraza y la piscina. Esta área se vuelve muy importante para los propietarios: una pareja de esposos e hijos adolescentes con diversos intereses, pero básicamente con una vida familiar y social intensa. “La zona social es el espacio de encuentro, y se organiza como una gran plataforma, un podio frente al mar que ofrece diversos escenarios y transiciones, desde el interior de la cocina, la sala comedor, la terraza techada y la terraza desnuda, hasta culminar con el espejo de agua”, señala González Moix. “Es el espacio donde mejor puede apreciarse el concepto de la casa, en el cual las pieles estructurales interiores develan sus usos a medida que la recorremos hacia el horizonte, pasando por clósets, muebles, estantes, parrilla y  jardineras”.

González Moix

Materia dialogante

En cuanto a la materialidad, el interior se define con el mismo hormigón visto. Todos los muebles, puertas, enchapes de pared, escaleras y celosías interiores se resuelven con madera huayruro.

González Moix

“El concepto de materialidad de nuestra obra refleja nobleza en sus materiales y acabados, manteniendo sus texturas, tonos y colores naturales fieles a su esencia. Podemos sintetizar que usamos un conjunto de materiales expuestos que dialogan muy bien con el entorno y soportan el paso del tiempo con una arquitectura que pertenece al lugar. Una arquitectura contemporánea que definimos como noble arquitectura”, finaliza González Moix.

Artículo publicado en la revista CASAS #266