La casa de Lucy, una damnificada del terremoto de Pisco en 2007, es un ejemplo de que con poco se puede hacer mucho. Con este proyecto, que se podría implementar en todo el país, un equipo liderado por la arquitecta Cynthia Seinfeld acaba de ganar el Premio Arquitectura y Ciudad, otorgado por Capeco, en la categoría de Vivienda Unifamiliar.

Por Laura Gonzales Sánchez / Fotos de Juan Solano

Seinfeld

Una casa que gasta poca energía, cuyos materiales son económicos y de la zona. Que va creciendo a medida que lo hacen las necesidades y posibilidades de la familia. Que tiene un diseño que contempla un espacio para la producción familiar, como el huerto, y un área destinada a las actividades comerciales, gracias al cual podría recibirse algún tipo de renta. Y que, además, prioriza la recuperación del espacio público al fomentar las interrelaciones personales en un lugar donde los vecinos interactúan poco. Esta casa existe, y es la casa de Lucy.

Ella es uno de los miles de damnificados que dejó el terremoto del 15 de agosto de 2007. Tiene un ángel guardián, su empleador, que decidió, como muestra de gratitud por el tiempo trabajado, devolverle la tranquilidad de vivir nuevamente junto a los suyos, porque el desastre los había dispersado y no tenían un lugar apropiado donde vivir. La memoria de la casa perdida fue una de las consideraciones importantes para los artífices del proyecto. De ninguna manera podía perderse la relación con el riachuelo que pasa por la parte posterior del terreno. Así, a través de las celosías, se “atravesaron” visualmente y con profundidad tanto los ambientes interiores como los exteriores.

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Otro tema que se debía resolver era el de la materialidad. Por ejemplo, había que borrar del imaginario de la propietaria la idea de que se tenía que usar materiales similares, en tanto que creía que cuantos más acabados hubiera, sería mejor. Entonces se puso en acción el rol orientador del equipo liderado por Cynthia Seinfeld, conformado por la arquitecta Michelle Prutschi y el ingeniero Erich Saettone para el proyecto bioclimático. Tras algunos intercambios al respecto, se concluyó que los exteriores y los interiores deberían ser los más expuestos, y los ladrillos calzaban como anillo al dedo. Las paredes no se tarrajearon, y, para evitar la entrada de insectos, se emporraron. Tampoco se pintaron los exteriores.

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“Después de definir la parte de la ‘envoltura’, nos abocamos a decidir el tipo de piso. El tema debía ser resuelto sin necesidad de comprar material. Todo en el interior es de cemento pulido. Y en el exterior este cemento se convierte en un cemento frotachado con una serie de piedras de la zona estampadas en el piso, lo cual lograba una mayor densidad”, explica Seinfeld.

Simultáneamente, era vital utilizar un material que fuese trabajado en la zona, porque abarataba costos, sería de fácil mantenimiento y, fundamentalmente, sumaría otro componente social al proyecto: la mano de obra local. Todos los techos de los patios y los cerramientos verticales, que se convierten por completo en cerramientos translúcidos, son de caña.

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Derribar los mitos

Lucy estaba convencida de que los cerramientos translúcidos transgrederían su privacidad porque “la iban a ver desde afuera”, y que este espacio de transición entre el interior y el exterior restaría metros cuadrados a la casa. “Le explicamos que en ambos casos no estaba en lo cierto”, señala Seinfeld. “Primero porque, cuando hay actividad y se percibe que los habitantes se mantienen pendientes de lo que pasa fuera, es mucho más seguro que tener un muro. Segundo, si tienes la posibilidad de realizar ciertas actividades, como colocar unas mesas o salir a vender, ¿qué áreas estarías perdiendo? Por el contrario, le darías actividad a tres cuadras (las que nos conducen a Lunahuaná), que tienen viviendas a un lado y a otro, pero donde el único contacto que existe entre los vecinos es un simple saludo”.

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Otra de las propuestas de Seinfeld fue incorporar en el proyecto el vacío, es decir, el patio, un elemento tan propio de la vivienda costera que aprovecha la generosidad del clima. Esto era un caldo de cultivo perfecto para uno de los conceptos más importantes de la propuesta, que era articular en su totalidad el interior con el exterior. Para ello, se diseñaron patios divididos e intercalados dentro de los volúmenes, una sucesión de “lleno-vacío”, con la idea de borrar los límites y extender la vivienda hacia el exterior, y así amenguar las inclemencias del clima y tejer relaciones afectivas.

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Los ambientes diseñados fueron dos dormitorios, dos baños, una lavandería que se convierte en cocina y una escalera para “hacerlos crecer”. La casa de Lucy se encuentra en la primera fase de una autoconstrucción con asistencia técnica dirigida, algo que se puede implementar de la misma manera en cualquier parte del país, con las adaptaciones respectivas para empatar con el clima y las necesidades de los usuarios. La segunda fase contempla ambientes que permitan ingresos económicos a la familia. Por el momento, la propietaria los ha obviado en aras de disfrutar de los espacios con los que cuenta.

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Energías limpias

Emplazada en Cañete, en una zona con bajadas de tensión y apagones, la casa cuenta con un sol permanente y vientos que llegan desde el sur. “El asoleamiento es suficiente durante el año para garantizar el uso de paneles solares que abastecen todos los focos de la casa”, explica Michelle Prutschi, experta en energías renovables. “En paralelo, construimos unas turbinas eólicas con aros de bicicleta y tubos de PVC que cargan un celular, porque en realidad la energía que se obtiene del viento es menor a la del sol. Y fabricamos una terma solar gracias a una donación de botellas de vidrio unidas con tubos de cobres. Es importante recalcar que estas energías van paralelas al sistema de la calle y a los servicios públicos, porque si un día no hay sol, los paneles no cargan”. Todas estas investigaciones, cuenta la arquitecta, fueron realizadas en conjunto con los alumnos de la Universidad de Lima, cuyo Instituto de Investigación Científica (IDIC) financió el desarrollo de la implementación bioclimática.

La casa de Lucy acaba de ganar, nada más y nada menos, que el Premio Arquitectura y Ciudad en la categoría Vivienda Unifamiliar. Un paso más para consolidar el modelo creado por Seinfeld, Prutschi y Saettone, perfectamente replicable tanto en viviendas unifamiliares como en conjuntos de viviendas. Un ideal que podría transformar la calidad de vida de toda una comunidad.

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Artículo publicado en la revista CASAS 273