¿Cómo vuelven los hijos a vivir en la casa en que crecieron, ahora convertida en un edificio? El estudio de arquitectura Nómena partió de ese vínculo atávico para trazar un proyecto donde los límites entre exteriores e interiores se vuelven difusos y los espacios se expanden para mezclarse, como las relaciones. Después, el aporte de la diseñadora de interiores Daniela Chlimper consiguió el balance entre la estético y el sentido práctico, entre la frialdad y la calidez.

Por Gonzalo Galarza Cerf / Fotos de Renzo Rebagliati

Edificio Chabriez Nomena Chlimper

En una esquina apacible, entre árboles frondosos y una tupida vegetación, se asoma, sobrio y discreto, un edificio de tres pisos. Esta zona residencial de San Isidro atestiguó la transformación de una de sus casas de dos pisos en un edificio de baja densidad para volver a reunir a la familia. El proyecto Chabriez, ubicado en un cruce de calles que los arquitectos de Nómena supieron potenciar, parte de ese vínculo para trazar un diseño con ambientes que se expanden, mezclan e integran para generar la sensación de comunidad.

Edificio Chabriez Nomena Chlimper

“Hay una idea que subyace, y tiene que ver con la intención de que los hijos regresen a vivir al lugar donde siempre estuvieron juntos, y sigan compartiendo espacios comunes y de encuentro, a la vez que cada uno mantenga su autonomía”, explican Boro Fleischman, Jorge Sánchez, Diego Franco y Héctor Loli, de Nómena.

Edificio Chabriez Nomena Chlimper

La singularidad del proyecto radicó en que es un edificio para cuatro familias: había que conciliar las distintas intenciones de los propietarios y engranar cuatro proyectos en uno. A diferencia de un proyecto inmobiliario, en este caso sabían cómo iba ser el flujo exacto de personas hoy, aunque mañana eso podría cambiar al sumarse parejas e hijos. Premisas que se tuvieron en cuenta a la hora de diseñar. El resultado es, salvo la unidad ubicada en el semisótano, tres departamentos de doscientos ochenta metros cuadrados –uno por piso– con gran iluminación y ventilación directa a través del exterior.

Edificio Chabriez Nomena Chlimper

Menos barreras

La tipología del lote en esquina les resultó ideal para trazar una distribución binuclear: separar las áreas social y privada entre las dos calles. Así, priorizaron el silencio y las mejores vistas para los tres pisos más el semisótano. Además, esa altura les permitió, por regulación, plantear una escalera abierta sin mayores restricciones de seguridad y evacuación. “Esto cambió radicalmente la manera de trabajar ese espacio y fue parte fundamental de la propuesta”, sostienen los arquitectos, quienes afirman que les posibilitó otra forma de abordar la privacidad. “Propusimos medidas de control visual y aislamiento más laxas, para tener más espacios para compartir y menos barreras de convivencia”.

Edificio Chabriez Nomena Chlimper

La escalera del edificio termina funcionando para cada departamento, cuando se abren las mamparas, como una extensión de la zona social. En realidad, todas las que delimitan el interior del exterior se deslizan para tomar posesión de esos espacios. “Quisimos que los departamentos sean flexibles, para poder expandir o contraer esos límites según las necesidades”, añaden los responsables de Nómena.

Edificio Chabriez Nomena Chlimper

Límites difusos

Esa es la clave de este proyecto, donde los límites entre los interiores y exteriores se tornan más difusos o menos definidos. Hay la pretensión de acercar la vegetación externa al interior, de crear espacios iluminados y abiertos, apenas delimitados por las mamparas y sus marcos, para dar una sensación de libertad y movimiento. Como en la mayoría de sus proyectos, los arquitectos recurrieron a una paleta reducida de materiales: concreto expuesto, ladrillo constructivo pintado de negro, y vegetación. “En ningún caso el ladrillo es utilizado para ocultar ‘imperfecciones’ de la estructura. Todo lo contrario”, agregan.

Edificio Chabriez Nomena Chlimper

La vegetación, a cargo de la paisajista Titi Laurie, nace mayormente de la azotea para cubrir el edificio y brinda privacidad al área de la piscina y las parrillas. “Con el paso del tiempo, la vegetación se irá apropiando del edificio en una dinámica bastante ‘brutal’, de poco mantenimiento”, revelan.

Edificio Chabriez Nomena Chlimper

Balance interior

Daniela Chlimper se encargó del interiorismo de los cuatro departamentos, incluido el suyo. En él, buscó consensuar lo estético con lo práctico, como se aprecia en el área social. “Con un piso frío, la madera del mobiliario destaca en su mejor versión. Y la vista a las copas de los árboles contribuyó positivamente”, explica.

Aquí eligió un porcelanato blanco crudo de gran formato y diseñó un mueble de televisión que abarca la pared, con detalles que brindan un toque orgánico al ambiente. Y, sobre todo, respetó el concepto de transparencia planteado por Nómena: “La escalera forma parte del departamento a pesar de que es un área común. Tenerla a la vista genera una sensación de hogar”.

Edificio Chabriez Nomena Chlimper

Se trata de un hogar contemporáneo y cálido, con amplios espacios de almacenamiento, con una cocina integrada y moderna. A diferencia de los otros departamentos, Chlimper dejó intacta la mampara de la cocina para conservar la vista y circulación hacia la terraza. “Las amplias ventanas generan una sensación de frescura y orden”, sostiene.

Desde que supo que las mamparas tendrían marcos negros, la diseñadora de interiores visualizó rieles para generar iluminación indirecta. También colocó tomacorrientes en el piso para usar lámparas de mesa. “Es una luz que no te echa ni intimida, sino que te invita a quedarte”, afirma. A querer volver a casa.

Edificio Chabriez Nomena Chlimper

Artículo publicado en la revista CASAS #281