Ante las nuevas formas de interacción social que impondrá la “nueva normalidad”, más orientadas a potenciar relaciones humanas en espacios abiertos y al aire libre, ¿qué rol deberían cumplir los parques zonales en la política de espacios públicos de nuestra capital? ¿Cómo estos grandes espacios verdes pueden aliviar los problemas asociados al alarmante déficit de espacios públicos abiertos y áreas verdes en Lima? Cuatro expertos reflexionan sobre los parques zonales y su importancia como herramienta clave en la creación de ciudadanía en los distritos más vulnerables de la ciudad.

Por Edmir Espinoza / Ilustración de Erick Baltodano

Parque zonal

Foto de Agencia Andina

El nuevo escenario que ha planteado la pandemia de COVID-19 está redefiniendo la forma en que concebimos nuestras ciudades, nuestros hogares y nuestras propias dinámicas sociales. ¿Cuáles deberían ser las nuevas prioridades del urbanismo y cuál el rumbo que debería tomar la construcción de las metrópolis? Aunque todavía no hay respuestas claras ni hipótesis refrendadas, existe consenso internacional en que en la “nueva normalidad” cobrarán valor los espacios públicos y recreativos abiertos, así como las áreas verdes y las masas de agua.

Sin embargo, no todas las ciudades están preparadas para atender las nuevas dinámicas y necesidades de sus habitantes, y nuestra capital es un claro ejemplo. Más allá del alarmante déficit de espacios públicos abiertos y áreas verdes, del poco suelo público disponible en el tejido urbano de la ciudad, y de la escasez de recursos para zonas de recreación pública, la mayor problemática de los parques y espacios públicos parece ser su distribución geográfica. Y es precisamente atendiendo a este punto de dolor que los parques zonales –hoy rebautizados como “clubes zonales”– deberían asumir el rol de ser los grandes espacios públicos de las diversas y diferentes “Limas” de nuestra capital.

Parques zonales

Foto de Serpar

Lima, un páramo de cemento

Que el acceso a los espacios públicos y áreas verdes está íntimamente ligado a las desigualdades económicas es una obviedad conocida por todos. Pero vale la pena refrendarlo. Recientemente, el Observatorio de Lima de la Universidad del Pacífico publicó un “Breve análisis de las áreas verdes y la accesibilidad de nuestras ciudades durante el COVID-19”, en el que reveló que los nueve distritos con más densidad de áreas verdes atienden a apenas el 7% de la población, mientras que los nueve distritos con menos áreas verdes concentran al 18% de los limeños. Ya en 2014, las cifras del Plan Metropolitano de Desarrollo Urbano de Lima y Callao al 2035 (PLAM 2035) mostraban las enormes brechas de accesibilidad a áreas verdes: un 8,2% de la población vivía en distritos que concentraban un 27% del total de áreas verdes en Lima, mientras otro 34% de los limeños residía en distritos que acumulaban menos del 15% de las áreas verdes totales. La desigualdad vista en cifras.

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Para el arquitecto Peter Seinfeld, socio de Masunostudio y ganador del concurso público organizado por Serpar para diseñar el centro cultural y polideportivo del Parque Zonal Sinchi Roca, los parques zonales buscan suplir esta carencia de áreas verdes en ciertos distritos de la periferia de la ciudad. “Son espacios muy extensos pensados en aquella población que no tiene acceso a otros lugares de esparcimiento. Y tienen (siempre han tenido) una afluencia importante”, explica Seinfeld, quien es partidario de aprovechar esta gran convocatoria para dotarlos de otros servicios ciudadanos. “Si ya hay un montón de gente que usa estos parques, démosles más infraestructura cultural. ¿Por qué no? Hagamos unos lindos centros culturales gratuitos que la gente pueda usar y que brinden la oportunidad a niños y grandes de aprender y descubrir nuevas cosas. Un parque debería ser eso y mucho más”, comenta Seinfeld.

Parques zonales

Foto de Agencia Andina

El inicio de los parques

La historia de los parques zonales se remonta al Plan de Desarrollo Metropolitano de Lima Callao 1967-1980, y a un intento de solucionar las deficiencias equipamentales y de áreas verdes de las nuevas urbanizaciones formales e informales en la ciudad. En octubre de 1969 se promulga el estudio de “Áreas recreacionales para Lima metropolitana”, en el que se destinan más de 21 mil hectáreas a la construcción de tres parques metropolitanos y veintiún parques zonales para los habitantes de los sectores periféricos de la ciudad.

Pero entrada la década de los ochenta comenzaron los problemas. César Becerra, socio de 51-1 Arquitectos y director de la Asociación de Estudios de Arquitectura, explica cómo en 1981 el Servicio de Parques de Lima (Serpar) perdió el protagonismo político que solía tener. “Pasó de ser un organismo autónomo a nivel nacional a estar adscrito a la Municipalidad Metropolitana de Lima. Ahí fue cuando los problemas empezaron, porque muchos de los parques pasaron a ser manejados por los diferentes municipios. Y claro, eso fue un desastre, porque los gobiernos locales no tenían, en muchos casos, los recursos para poder mantener estos espacios”, refiere Becerra.

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Para el arquitecto y profesor universitario, es urgente redefinir el papel de Serpar y dotarlo de herramientas que le permitan funcionar de forma eficiente, y de alguna forma solventar los problemas del sistema de parques de barrio en la ciudad. “Necesitamos a un Serpar que convoque a los mejores profesionales, y que estos diseñen planes y miradas a largo plazo, que no estén a merced del populismo y particulares gustos de las autoridades. Personalmente, soñaría con un Serpar que funcione como el Banco Central de Reserva. Que sea un ente realmente autónomo y no político”, explica Becerra.

Sinchi Roca

El proyecto de remodelación integral del club zonal Sinchi Roca, de Masunoestudio, contemplaba la construcción de una biblioteca, un centro cultural y un polideportivo, así como un sistema de riego tecnificado. Sin embargo, nunca se llevó a cabo.

Nuevo rumbo

A pesar de las serias trabas que impiden una política real de promoción de espacios públicos abiertos para la población que vive en las periferias de la ciudad, Anna Zucchetti, bióloga y una de las técnicas encargadas de desarrollar los anteproyectos de ciudades autosostenibles del PLAM 2035 para Lima y Callao, cree que existen grandes oportunidades para mejorar las habilitaciones de espacios públicos accesibles y democráticos. “Cuando hicimos el PLAM 2035, identificamos más de quinientas hectáreas de zonas de recreación pública listas para habilitar. Es un montón de suelo que está disponible para brindar a la ciudadanía una serie de servicios recreacionales y culturales”, comenta Zucchetti.

La también expresidenta del directorio de Parques de Lima cree que la promulgación de la nueva Ley de Desarrollo Urbano Sostenible puede ayudar en la promoción de los parques zonales. “Yo confío en que esta nueva ley permita no solo definir nuevos estándares y ser más ambiciosos con la calidad y la cantidad de espacios abiertos que necesitamos en las ciudades del Perú, sino también generar instrumentos y reglas de juego de gestión del suelo que hagan posible que podamos alcanzar estos nuevos estándares para la calidad del hábitat humano, y también por el tema de la adaptación al cambio de clima, que inevitablemente traerá más olas de calor y de frío. En este contexto, toda esta infraestructura natural que conforman los espacios abiertos de la ciudad puede ayudar en la regulación del clima”, dice Zucchetti.

Erick Baltodano

Ilustración de Erick Baltodano

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Hoy los parques zonales se han convertido en clubes. Continúan enrejados y amurallados, con grandes áreas en total abandono, y su ingreso sigue supeditado al pago de un monto determinado y variable, según cada parque. En este escenario, la masiva convocatoria de público a estos espacios no debería ser una razón para dejar las cosas como están, sino una oportunidad para generar ciudadanía. Para sociabilizar el concepto amplio de espacio público, un lugar donde se generan las dinámicas sociales que nos permiten ser no solo seres individuales y aislados del resto, sino también ciudadanos con anhelos y objetivos comunes.

Artículo publicado en la revista CASAS #290